﻿{"id":1233,"date":"2010-09-24T09:32:42","date_gmt":"2010-09-24T15:32:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=1233"},"modified":"2012-12-05T16:23:08","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:08","slug":"de-ferias-y-libros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2010\/09\/24\/de-ferias-y-libros\/","title":{"rendered":"De ferias y libros"},"content":{"rendered":"<p><strong>Eduardo Mendoza<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<h3><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"http:\/\/uads.reduaz.mx\/imagenes\/libros2.jpg\" alt=\"\" width=\"293\" height=\"443\" \/>La lectura requiere recogimiento, pero al libro le va la marcha. Una  feria es un lugar donde se celebra el libro, al autor y al lector.<\/h3>\n<p>No hay pregunta m\u00e1s absurda, ni por cierto m\u00e1s repetida, que la del  libro que uno se llevar\u00eda a una isla desierta. Es absurda por varios  conceptos. Primero, porque se basa en la hip\u00f3tesis, harto endeble, de  que el barco en el que uno viaja dispone de una biblioteca borgiana, y  de que al producirse el naufragio uno tendr\u00e1 tiempo y ganas de decidir y  encontrar el libro que desea llevar consigo, y fuerzas para llegar con  \u00e9l a la playa sin que se moje. Salvo que sea tan pesimista que ya lo  lleve en el equipaje. Esto desde el punto de vista pr\u00e1ctico. Desde el  punto de vista de la literatura, el absurdo a\u00fan es mayor, porque un solo  libro no pinta nada. Es como si a un general le ordenaran presentar  batalla con un solo soldado, aunque fuera el m\u00e1s aguerrido. Los libros,  como los soldados, funcionan no ya en n\u00famero, sino a mogoll\u00f3n. Leer  significa leer mucho y sobre todo haber le\u00eddo mucho y variado. Algunos  libros rematadamente malos ocupan un lugar importante en la formaci\u00f3n y  el coraz\u00f3n de cualquier lector. Un libro es una pieza encuadrada en un  g\u00e9nero, en una literatura, en una \u00e9poca. Y en un circuito comercial,  porque el comercio es la argamasa que mantiene unido el edificio social:  la comunicaci\u00f3n en forma s\u00f3lida.<\/p>\n<div>\n<div>\n<p>Un libro no es un juguete y la lectura no es una diversi\u00f3n. El que uno pueda divertirse leyendo es otro asunto<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>A la feria hay que ir como quien va al huerto a recoger los frutos de la tierra: algo fatigoso y primordial<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><!--more-->Seg\u00fan cuenta Fr\u00e9d\u00e9ric Barbier en su interesant\u00edsima <em>Historia del libro<\/em> (Alianza Editorial, 2005), la primera feria del libro sigui\u00f3 al invento  de la imprenta con tanta celeridad que es posible que en esa feria  hubiera un solo <em>stand<\/em> con un solo libro y un solo vendedor:  Gutenberg. Lo cierto es que alrededor de Gutenberg se mov\u00eda, al margen  de los impresores, una constelaci\u00f3n de personajes an\u00f3nimos pero  imprescindibles: los inversores, los intermediarios que adquir\u00edan y  suministraban el papel y el plomo, dos art\u00edculos raros y caros en  aquella \u00e9poca, contables, los encargados de organizar el trabajo en el  taller, los agentes comerciales en busca de mercados potenciales y los  distribuidores del libro, por no hablar de las autoridades civiles y  eclesi\u00e1sticas que vigilaban el contenido de cada libro. La feria del  libro de Francfort se empez\u00f3 a celebrar a mediados del siglo XV, y  consta que algunos libreros alemanes la frecuentaban a partir de 1460  para ofrecer los nuevos t\u00edtulos salidos de las imprentas. El primer <em>best seller,<\/em> siempre seg\u00fan Barbier, fueron las <em>Cr\u00f3nicas de Nuremberg,<\/em> de las que se hizo una edici\u00f3n de 1.800 ejemplares. Como se ve, la  lectura requiere recogimiento, pero al libro le va la marcha.<\/p>\n<p>Ahora  bien, una feria no es una fiesta, sino una organizaci\u00f3n m\u00e1s o menos  festiva del trabajo. El hecho de que a la ardua, tediosa y abominable  tarea de buscar y adquirir productos necesarios o superfluos lo llamemos  ir de compras y lo consideremos una forma de ocio no debe llamarnos a  enga\u00f1o. La econom\u00eda posindustrial consiste en una producci\u00f3n desmedida  que exige un consumo galopante incentivado por cualquier medio. Uno de  los objetivos de este est\u00edmulo es crear tal mareo en el consumidor que  \u00e9ste prefiera comprar sin saber lo que compra a tener que sopesar,  valorar y decidir en funci\u00f3n de sus necesidades y sus posibilidades.  Pero esto pertenece al terreno de la psicolog\u00eda, la sociolog\u00eda y, en  \u00faltimo t\u00e9rmino, de la moral, as\u00ed que m\u00e1s vale dejarlo para otro d\u00eda.<\/p>\n<p>Una  feria, como digo, no es un parque de atracciones, aunque lo parezca.  Una feria no es sitio para ni\u00f1os, que se cansan y se agobian, por m\u00e1s  que haya espacios especialmente destinados a entretenerlos con  actividades que a menudo les producen m\u00e1s angustia que placer, como  pintarles la cara de colorines. Esto no quiere decir que los ni\u00f1os no  deban acudir a las ferias, y en concreto a la feria del libro. Pero no  han de ir con esp\u00edritu de juerga. En contra de lo que propugnan la  pedagog\u00eda moderna y unos planes de estudio que habr\u00edan escandalizado a  Darwin, un libro no es un juguete y la lectura no es una diversi\u00f3n. El  que uno pueda divertirse leyendo, como el que un cirujano se divierta  operando, es otro asunto. A la feria hay que ir como quien va al huerto a  recoger los frutos de la tierra: algo fatigoso y primordial. S\u00f3lo as\u00ed  se le encuentra a la feria un sentido distinto del de comprar por  cat\u00e1logo.<\/p>\n<p>El que compra un libro, si lo hace de un modo consciente  y concienzudo, no s\u00f3lo pone los medios para la lectura, sino para la  constituci\u00f3n y desarrollo de su biblioteca. Lo que en la feria es  profusi\u00f3n y bullicio, en la biblioteca ha de ser sobriedad y rigor. Una  biblioteca no decora, salvo que sea la obra de un coleccionista. Los  libros suelen ser chillones, dise\u00f1ados para llamar la atenci\u00f3n del  pasante ocioso, y los lomos, que es lo que se ve en una biblioteca, no  tienen ninguna gracia y est\u00e1n hechos sin criterio: las letras van de  arriba abajo o de abajo arriba, a gusto de la editorial. Si se colocan  por orden alfab\u00e9tico de autores, como se suele hacer, el resultado es un  batiburrillo de colores y tama\u00f1os.<\/p>\n<p>No me extiendo m\u00e1s, aunque  podr\u00eda hacerlo. S\u00f3lo quer\u00eda aprovechar que es temporada de ferias del  libro\u00a0 para hacer unas reflexiones encaminadas a  esta conclusi\u00f3n: que una feria es un lugar donde se celebra el libro, al  autor y al lector, un acto de hermanamiento, una oportunidad para  adquirir informaci\u00f3n, formarse opiniones, entablar contactos personales;  y tambi\u00e9n es un homenaje al negocio de editar. Y una ocasi\u00f3n para  comprender que la lectura, que es la ra\u00edz de todo lo anterior, es un  acto individual y colectivo, y una empresa de la m\u00e1xima trascendencia  vital.<\/p>\n<p>Tomado de: <a href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/semana\/ferias\/libros\/elpepuculbab\/20080524elpbabese_3\/Tes\">http:\/\/www.elpais.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Mendoza La lectura requiere recogimiento, pero al libro le va la marcha. Una feria es un lugar donde se celebra el libro, al autor y al lector. No hay pregunta m\u00e1s absurda, ni por cierto m\u00e1s repetida, que la del libro que uno se llevar\u00eda a una isla desierta. Es absurda por varios conceptos. 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