﻿{"id":1316,"date":"2010-11-12T10:22:55","date_gmt":"2010-11-12T16:22:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=1316"},"modified":"2012-12-05T16:23:07","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:07","slug":"todos-los-libros-a-la-mano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2010\/11\/12\/todos-los-libros-a-la-mano-2\/","title":{"rendered":"Todos los libros a la mano"},"content":{"rendered":"<p>Gabriel Zaid<\/p>\n<p>En el principio fue la biblioteca de Alejandr\u00eda. En el presente es la  inmensa, y muy pol\u00e9mica, biblioteca Google. En este ensayo Gabriel Zaid  traza el arco que va de los rollos de papiro a los libros digitales y  descubre las dificultades materiales y legales que enfrenta hoy el  perdurable sue\u00f1o de construir una biblioteca total.<\/p>\n<p>Alejandro fund\u00f3 Alejandr\u00eda so\u00f1ando en una nueva Atenas, y su general  Tolomeo (que en el reparto del imperio se qued\u00f3 con Egipto) fund\u00f3 una  dinast\u00eda que continu\u00f3 ese sue\u00f1o. Los Tolomeos (que reinaron del 305 al  30 a. C., cuando muri\u00f3 Cleopatra sometida a Roma) crearon el Museo  (lugar de las musas): una especie de think tank donde alojaban  espl\u00e9ndidamente a poetas, artistas y sabios, con una gran biblioteca  adjunta, la famosa Biblioteca de Alejandr\u00eda. Se valieron para esto de  Demetrio de Falera, disc\u00edpulo de Arist\u00f3teles (como Alejandro); que se  inspir\u00f3 en la biblioteca del Liceo (al parecer, la primera biblioteca  concebida y organizada como tal, no un mont\u00f3n de libros). Se dice que  Cleopatra participaba con inteligencia en las tertulias del Museo.<\/p>\n<p>Para reunir todos los libros del mundo griego, los Tolomeos ten\u00edan  agentes viajeros que sal\u00edan a buscarlos y comprarlos. Adem\u00e1s, los barcos  que pasaban por Alejandr\u00eda eran abordados por inspectores para  confiscar los que tuvieran. Si la biblioteca los ten\u00eda, eran devueltos.  Si no, copiados tan cuidadosamente que, al entregar la copia en vez del  original, muchos pasajeros ni cuenta se daban (Mostafa El-Abbadi, La  antigua Biblioteca de Alejandr\u00eda. Vida y destino).<\/p>\n<p><!--more-->La biblioteca lleg\u00f3 a tener cientos de miles de vol\u00famenes (rollos) en  griego y otros idiomas. Fue la m\u00e1s importante del mundo antiguo, y la  cuna de la bibliograf\u00eda, la filolog\u00eda y la cr\u00edtica textual. Ah\u00ed se  cotejaron m\u00faltiples versiones de los poemas hom\u00e9ricos para llegar a la  mejor lecci\u00f3n de cada hex\u00e1metro. Consum\u00eda tanto papiro del Nilo que se  prohibi\u00f3 la exportaci\u00f3n, lo cual favoreci\u00f3 el desarrollo del pergamino  (la piel para escribir usada en P\u00e9rgamo, que tuvo una biblioteca  importante).<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"..\/wp-includes\/js\/tinymce\/plugins\/wordpress\/img\/trans.gif\" alt=\"\" \/>Los  libros copiados a mano en rollos de papiro eran caros, y m\u00e1s a\u00fan  copiados en pergamino. La impresi\u00f3n en papel desde el siglo xv baj\u00f3  tanto los costos que muchas personas pudieron tener libros en su casa.  Las bibliotecas personales y las tertulias de lectores animaron el  Renacimiento. Aldo Manucio public\u00f3 ediciones cuidadosas, bonitas y  baratas de los cl\u00e1sicos griegos y latinos con ayuda de Erasmo, que  celebr\u00f3 su empresa: La Imprenta Aldina supera a la Biblioteca de  Alejandr\u00eda porque pone los libros en las manos de todos, no s\u00f3lo en  manos de la corte (\u201cFestina lente\u201d).<\/p>\n<p>En 1974, la Universidad de Alejandr\u00eda propuso revivir la antigua  biblioteca, y el proyecto fue apoyado por la unesco y los pa\u00edses \u00e1rabes.  Fue inaugurada en 2002, y aunque ya tiene tantos vol\u00famenes como la  antigua, eso hoy representa menos del 1% de los libros que se han  escrito. Cosa simp\u00e1tica: en M\u00e9xico existe una Asociaci\u00f3n de Amigos de la  Biblioteca de Alejandr\u00eda (www.aabamexico.org.mx).<\/p>\n<p>Resulta notable que por los mismos a\u00f1os aparecieran tantos proyectos  afines: el Proyecto Gutenberg (1971, www.gutenberg.org), el Thesaurus  Linguae Graecae (1972, www.tlg.uci.edu), la nueva Biblioteca de  Alejandr\u00eda (1974, www.bibalex.org), el Proyecto Perseus (1987,  www.perseus.tufts.edu), Amazon (1994, www.amazon.com) y Google Books  (2004, www.google.com\/books). Tienen en com\u00fan el prop\u00f3sito de poner  todos los libros a la mano, electr\u00f3nicamente.<\/p>\n<p>Con diferencias: La Biblioteca de Alejandr\u00eda ofrece versiones  digitales, pero su meta es reunir todos los libros impresos de todos los  pa\u00edses. Amazon no es una biblioteca, sino una librer\u00eda que vende libros  impresos y digitales. El tlg se limita a los libros cl\u00e1sicos en griego;  y, como ya los tiene todos, ahora se propone incluir los de Bizancio y  posteriores. El Proyecto Perseus incluye papiros, cl\u00e1sicos griegos y  latinos as\u00ed como libros \u00e1rabes, germ\u00e1nicos, renacentistas y del siglo  xix norteamericano. El Proyecto Gutenberg no tiene l\u00edmites, aunque de  hecho predominan los libros en ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>Siguen apareciendo muchos otros proyectos (v\u00e9ase List of digital  library projects en la Wikipedia). El Instituto Cervantes  (www.cervantesvirtual.com) ofrece una buena colecci\u00f3n de cl\u00e1sicos  espa\u00f1oles e hispanoamericanos. Hace falta un proyecto que digitalice  todos los libros publicados en M\u00e9xico desde el siglo xvi hasta 1900. No  son tantos: quiz\u00e1 20.000. Servir\u00eda, entre muchas otras cosas, para  documentar los mexicanismos: su aparici\u00f3n y evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Jeff Bezos reinvent\u00f3 en Amazon la venta de libros por correo (que  siempre ha sido un negocio dif\u00edcil), y lo m\u00e1s dif\u00edcil de todo: el  esp\u00edritu de servicio de los buenos libreros. El problema de la venta por  correo es el costo de pepenar a los posibles compradores, hacerles  llegar informaci\u00f3n sobre los libros que pudieran interesarles, tramitar y  surtir sus pedidos. Si se divide el costo de todo el proceso entre el  n\u00famero de ejemplares vendidos, el costo por ejemplar puede ser  desproporcionado y hasta mayor que el precio de los libros.<\/p>\n<p>Gracias a la tecnolog\u00eda (usada con creatividad servicial), Amazon  redujo el costo de la informaci\u00f3n y de la transacci\u00f3n de compra y pago  (no tanto el costo de recibir libros de los editores, almacenarlos,  tomar los ejemplares correspondientes a un pedido, empaquetarlos y  llevarlos al correo). Y aprovech\u00f3 para ofrecer m\u00e1s informaci\u00f3n que  nunca: del editor, del autor y, sobre todo, de los lectores de cada  libro. Esto \u00faltimo es un m\u00e9rito de los voluntarios, en una tradici\u00f3n  participativa muy animada en los Estados Unidos. (En las filiales de  Amazon en otros pa\u00edses, la participaci\u00f3n es pobretona y el comprador  dispone de muy pocas opiniones de los lectores previos del libro que le  interesa.) Siempre se ha reconocido la importancia de la recomendaci\u00f3n  personal en la compra de libros, pero nadie hab\u00eda logrado incorporarla  con tanta eficacia en el punto de venta.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n invit\u00f3 a los editores a dar mucho m\u00e1s que las solapas: la  oportunidad de \u201chojear\u201d el libro electr\u00f3nicamente: ver la portada, leer  el material de presentaci\u00f3n, apreciar las ilustraciones y la tipograf\u00eda,  leer algunas p\u00e1ginas (especialmente la lista de cap\u00edtulos) y hasta  revisar si el texto incluye una palabra o frase significativa (con un  buscador). Esto \u00faltimo requiere tener el texto digitalizado, y abri\u00f3 la  posibilidad de vender el libro en formato electr\u00f3nico, con todos los  ahorros y ventajas de que el lector lo baje de inmediato, sin esperar a  que le llegue por correo un paquete costoso de imprimir, encuadernar,  almacenar, empacar y transportar. Amazon ofrece unos 300.000 t\u00edtulos  explorables (Search inside) y unos 100.000 descargables (ebooks) a la  computadora del comprador, o a su pantalla port\u00e1til (ebook reader), o a  su iPhone. Suena maravilloso y lo es, aunque los detallitos pr\u00e1cticos  dejan mucho que desear.<\/p>\n<p>Para competir con Amazon, la cadena de librer\u00edas Barnes and Noble  (www.barnesandnoble.com) desarroll\u00f3 un sistema parecido y dice tener en  venta 700.000 libros electr\u00f3nicos. A su vez Sony, que produce la  pantalla port\u00e1til m\u00e1s vendida (Sony Reader) hasta que apareci\u00f3 la de  Amazon (Kindle), se ha desquitado negociando con Google Books el acceso a  un mill\u00f3n de libros electr\u00f3nicos en su pantalla, de donde pueden  tambi\u00e9n pasarlos a su computadora (\/\/ebookstore.sony.com).<\/p>\n<p>Amazon perdi\u00f3 dinero durante los primeros siete a\u00f1os y, para evitar  la quiebra, fue ampliando el surtido de libros y extendiendo su oferta a  discos, videos, software y, finalmente, toda clase de mercanc\u00edas. Una  de esas extensiones fue ofrecer libros usados, no compr\u00e1ndolos y  concentr\u00e1ndolos en sus bodegas, sino actuando como intermediario de  miles de libreros de viejo que anuncian lo que tienen, surten  directamente al comprador y le cobran a Amazon, que a su vez cobra al  cliente y se queda con una comisi\u00f3n. Esto puso de golpe en circulaci\u00f3n,  no s\u00f3lo millones de libros usados (m\u00e1s baratos), sino m\u00e1s de un mill\u00f3n  de t\u00edtulos agotados (no siempre baratos). Tambi\u00e9n permiti\u00f3 que los  lectores vendieran libros de los cuales quisieran deshacerse, y que los  escritores distribuyeran sus propias ediciones de autor (ganando  regal\u00edas del 35%).<\/p>\n<p>Amazon dice tener m\u00e1s de cinco millones de libros en venta (diez  veces m\u00e1s, digamos, que la Biblioteca de Alejandr\u00eda). Una librer\u00eda que  tuviese la cent\u00e9sima parte (m\u00e1s de 50.000) tendr\u00eda un surtido notable.  Pero se trata de acervos y servicios distintos. La mayor parte del  cat\u00e1logo de Amazon interesa a muy pocas personas: libros para  especialistas, ediciones de autor, libros pasados de moda, publicaciones  estad\u00edsticas y obras semejantes (por ejemplo: el directorio telef\u00f3nico  del condado de Natchez, Mississippi, 1951). Lo que ofrece en venta es  como el acervo de las grandes bibliotecas universitarias o nacionales,  donde la mayor parte de los libros no son solicitados ni una vez al a\u00f1o  (Philip M. Morse, Demand for library materials. An exercise in  probability analysis). Por eso, precisamente, la oferta es un gran  servicio. Hace posible que un investigador desde un lugar remoto en  cualquier parte del mundo pueda localizar y recibir a vuelta de correo  un libro muy dif\u00edcil de conseguir o consultar sin hacer viajes costosos.  En cambio, el acervo de una buena librer\u00eda est\u00e1 orientado al lector que  vive relativamente cerca, que sale de paseo a ver libros f\u00edsicamente  (no virtualmente), que puede hablar con el librero (en vez de teclear) y  sentarse a ver el libro que le interesa, teni\u00e9ndolo entre las manos.<\/p>\n<p>Google es la manifestaci\u00f3n m\u00e1s obvia del extraordinario potencial de  los \u00edndices para el desarrollo cultural: multiplican el aprovechamiento  de los libros. As\u00ed como las redes carreteras, el\u00e9ctricas y telef\u00f3nicas  son la infraestructura f\u00edsica que permite la prosperidad de una multitud  de cosas, los \u00edndices (y las obras y servicios afines: reference books,  reference desks, linkotecas) son la infraestructura del desarrollo  cultural.<\/p>\n<p>Google es el cat\u00e1logo virtual de la Biblioteca de Babel. Es conocido  como buscador (Google Search). Pero tambi\u00e9n funciona como buscador el  \u00edndice de nombres y de temas que viene al final de los libros editados  civilizadamente (retrasando un poco la edici\u00f3n y aumentando un poco su  costo, a cambio del beneficio para la lectura, la relectura y la  investigaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Google es una m\u00e1quina de preparar \u00edndices al instante (defectuosos y  excesivos, pero r\u00e1pidos) de todos los textos disponibles en ese momento  en la red. No produce un \u00edndice de cada texto, sino al rev\u00e9s: produce  conexiones a los textos donde venga una palabra que se busque, por  ejemplo: anteojos. Fue desarrollado por dos j\u00f3venes estudiantes de  computaci\u00f3n, Larry Page y Sergey Brin, con el apoyo de inversionistas  que supieron ver el potencial de la idea desde un \u00e1ngulo comercial: los  \u00edndices de productos y servicios en venta, una especie de secci\u00f3n  amarilla virtual que no presenta m\u00e1s que los anuncios clasificados bajo  anteojos. Los anunciantes de anteojos pagan una peque\u00f1a cantidad cada  vez que alguien hace clic en su anuncio, y esto es suficiente para que  todas las b\u00fasquedas sean gratuitas, aunque no sean comerciales.<\/p>\n<p>A diferencia de Stewart Brand (The Whole Earth Catalog), Michael Hart  (Project Gutenberg) y Jimmy Wales (Wikipedia), que actuaron como  empresarios, pero no le dieron un giro comercial a su empresa, Jeff  Bezos, Larry Page y Sergey Brin se volvieron multimillonarios. Google se  cotiz\u00f3 en la bolsa casi de inmediato, y con las ganancias se lanz\u00f3 al  desarrollo de nuevas ideas, algunas notables como Google Images, Google  News y Google Maps. Adem\u00e1s, compraron una empresa af\u00edn: YouTube. Su  proyecto m\u00e1s controvertido ha sido Google Books.<\/p>\n<p>Google Books pretende poner en la red todos los libros del mundo.  Dice tener diez millones. Ha celebrado contratos con grandes bibliotecas  universitarias y avanza a una velocidad sorprendente, con calidad  aceptable. En vez de los copistas alejandrinos y medievales (que tambi\u00e9n  comet\u00edan errores de transcripci\u00f3n), pone m\u00e1quinas a escanear. Es de  suponerse que hay correctores profesionales que revisan el resultado,  porque los resultados no son tan malos como ser\u00eda de esperarse, y desde  luego son muy \u00fatiles. Incluso para los lectores que tienen el libro  impreso, que es preferible para sentarse a leer, pero no siempre para  buscar una palabra o frase.<\/p>\n<p>El programa de Google Books ha provocado celos (en cuanto rebasa en  cantidad todos los otros proyectos de poner libros en la red), cr\u00edticas  (por los problemas de calidad y la forma atropellada de proceder) y  hasta demandas judiciales (sobre la propiedad intelectual). Por lo que  hace a la cuesti\u00f3n legal, conviene distinguir tres casos.<\/p>\n<p>De los quiz\u00e1 60 millones de t\u00edtulos publicados desde el siglo xv, una  gran parte est\u00e1 en el dominio p\u00fablico: no requieren permiso para ser  copiados ni editados. Ponerlos en la red no crea problemas legales y es  de agradecerse, especialmente cuando hay un solo ejemplar disponible o  muy pocos en todo el planeta. M\u00e1s bien hay que lamentar el rescate  imposible de los millones que ya no est\u00e1n en una biblioteca p\u00fablica o  nunca estuvieron.<\/p>\n<p>En el otro extremo est\u00e1n los libros que siguen vendi\u00e9ndose impresos.  Es obvio que no se deben ofrecer en la red sin permiso de quienes tengan  los derechos; y que lo pr\u00e1ctico es negociar contratos parecidos a los  celebrados con editores subsidiarios (para colecciones de bolsillo,  traducciones, condensaciones, antolog\u00edas, promociones, etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>Unos 30.000 editores y autores con un fondo conjunto de unos dos  millones de t\u00edtulos han celebrado contratos con Google Books,  autorizando el acceso a sus libros en uno de cuatro niveles: ver todas  las p\u00e1ginas, ver hasta la quinta parte de las p\u00e1ginas, ver fragmentos,  ver \u00fanicamente el t\u00edtulo y el autor. Lo cual es bueno para los lectores y  tambi\u00e9n para vender, como saben los que dicen que el que no ense\u00f1a, no  vende.<\/p>\n<p>En medio quedan los libros que tienen propietario, pero no editor,  por cualquier raz\u00f3n. Aqu\u00ed el acuerdo tiene que ser con el autor o sus  herederos. Es de suponerse (puesto que tuvieron editor y ya no lo  tienen) que se trata de libros de poca demanda, con raras excepciones  (los libros que pudieran encontrar un nuevo p\u00fablico si los descubriera  un editor sagaz). Tambi\u00e9n es de suponerse que, en la mayor parte de los  casos, los autores prefieren que sus libros agotados est\u00e9n en la red a  que est\u00e9n inaccesibles, tambi\u00e9n con excepciones (los libros cuyos  autores prefieren que desaparezcan).<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n negociada por Google (bajo presi\u00f3n judicial) fue publicar  anuncios que dec\u00edan: Si no quieres que ponga tu libro en la red,  av\u00edsame antes del 5 de septiembre de 2009. Si no lo haces, supondr\u00e9 que  me autorizaste. Pero en cualquier momento puedes pedirme que retire el  libro y acatar\u00e9 tu decisi\u00f3n. Y si quieres que otros editen el libro o lo  pongan en la red, puedes hacerlo: no pido exclusividad.<\/p>\n<p>Lo ilegal y desagradable es que, por lo pronto, ya hab\u00eda puesto el  libro en la red y que la carga de la acci\u00f3n pase al due\u00f1o. Pero, en  t\u00e9rminos de inter\u00e9s social, no es razonable exigir que Google busque a  cada uno de los due\u00f1os y les pida permiso. Millones murieron, qui\u00e9n sabe  d\u00f3nde anden o no tienen inconveniente. Tampoco es razonable imponer la  carga de estudiar un contrato y firmarlo a los millones que no tienen  inconveniente.<\/p>\n<p>Hay dos cuestiones m\u00e1s: el lucro y el monopolio. Es normal que las  ediciones sean lucrativas y que el autor conceda al editor la  exclusividad completa o limitada a una lengua, un pa\u00eds y cierto n\u00famero  de a\u00f1os. Este monopolio es deseable. La mayor parte de los libros que se  publican son un mal negocio para el autor y para el editor. La  situaci\u00f3n empeorar\u00eda si hubiese dos o m\u00e1s editores leg\u00edtimos (ya no se  diga piratas) en la misma lengua, en el mismo pa\u00eds y al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Pero eso no quita que Amazon y Google, aunque empezaron como  microempresas, son ahora gigantes que pueden abusar de su tama\u00f1o.  Ejemplo reciente: Amazon vende Kindle, una pantalla port\u00e1til conectada a  su centro de servicio; y, aprovechando el acceso, suprimi\u00f3 dos libros  (\u00a1de Orwell, para mayor simbolismo Big Brother!), aunque bonific\u00e1ndolos,  con el esc\u00e1ndalo que es de suponerse. Bezos reconoci\u00f3 de inmediato que  fue una arbitrariedad est\u00fapida y asegur\u00f3 que nunca volver\u00e1 a suceder. Es  intolerable que una librer\u00eda se meta a la casa de un cliente para  desvenderle un libro y llev\u00e1rselo, aunque le devuelva el dinero.<\/p>\n<p>Google empez\u00f3 como un servicio gratuito y sigue si\u00e9ndolo, pero hizo  su fortuna con los anuncios clasificados. Es posible que Google Books  siga el mismo camino (los anuncios clasificados), pero se reserva el  derecho de cobrar al usuario lo que ahora es gratuito, ya sea vendiendo  suscripciones (digamos, anuales) a quienes quieran consultar su  biblioteca electr\u00f3nica o vendiendo copias electr\u00f3nicas de los libros.  Propone pagar a los titulares de derechos una regal\u00eda del 63% de lo que  cobre, pagada a una instituci\u00f3n no lucrativa (Book Rights Registry) que  registre los derechos y administre los pagos, a la cual entregar\u00eda por  lo pronto 125 millones de d\u00f3lares. Los juicios contin\u00faan en los  tribunales.<\/p>\n<p>Es posible que las grandes bibliotecas nacionales le hagan la  competencia con servicios gratuitos y mejor calidad, empezando por la  Biblioteca del Congreso en Washington. O que se sumen al proyecto a  cambio de intervenir y condicionarlo. La situaci\u00f3n tiene cierto parecido  con la provocada por Craig Venter, cuando se lanz\u00f3 atropelladamente (y  con \u00e9xito sorprendente) a competir con las instituciones no lucrativas  que le llevaban a\u00f1os de ventaja en la descripci\u00f3n del genoma humano.  Tambi\u00e9n recuerda la ambici\u00f3n admirable, pero atropelladora, de los  Tolomeos en Egipto.<\/p>\n<p>Tomado de: <a href=\"http:\/\/www.letraslibres.com\/index.php?art=14449\">http:\/\/www.letraslibres.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Zaid En el principio fue la biblioteca de Alejandr\u00eda. En el presente es la inmensa, y muy pol\u00e9mica, biblioteca Google. En este ensayo Gabriel Zaid traza el arco que va de los rollos de papiro a los libros digitales y descubre las dificultades materiales y legales que enfrenta hoy el perdurable sue\u00f1o de construir [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1304,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-1316","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-articulos-relacionados-con-la-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1316","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1304"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1316"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1316\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1316"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1316"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1316"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}