﻿{"id":1336,"date":"2011-01-17T10:53:53","date_gmt":"2011-01-17T16:53:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=1336"},"modified":"2012-12-05T16:23:06","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:06","slug":"la-huella-de-los-libros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2011\/01\/17\/la-huella-de-los-libros\/","title":{"rendered":"La huella de los libros"},"content":{"rendered":"<p>Por Leila Guerriero<\/p>\n<div>\n<p>Hay escritores que atesoran y acumulan libros, mientras  otros les dejan de prestar atenci\u00f3n una vez le\u00eddos. La formaci\u00f3n de las  bibliotecas particulares crea man\u00edas. Una serie de autores responde a la  pregunta sobre el apego que se puede tener por ellos<\/p>\n<\/div>\n<p>Dos estantes de madera barata, amurados a la pared a los pies  de la cama de la habitaci\u00f3n de un ni\u00f1o que, cuando sea grande, ser\u00e1  escritor. En los estantes, algunos c\u00f3mics, libros de Mark Twain, de  Bradbury, poes\u00eda.<\/p>\n<div>\n<div>\n<p>La biblioteca como el rastro de una excentricidad, de una obsesi\u00f3n, como resguardo contra el olvido<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Cinco estantes de madera barata, amurados a la pared a los pies de la  cama de la habitaci\u00f3n de un adolescente que, cuando sea grande, ser\u00e1  escritor. A los c\u00f3mics, a los libros de Mark Twain y de Bradbury, se han  sumado Julio Cort\u00e1zar, J. D. Salinger, Henry Miller, Mario Vargas  Llosa, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez.<\/p>\n<p>Seis estantes de madera barata,  amurados a la pared a los pies de la cama de la habitaci\u00f3n de un piso de  soltero de un var\u00f3n joven que empieza a ser escritor. En los estantes  hay dos hileras de libros m\u00e1s varias pilas sobre la mesa de noche m\u00e1s  cinco pilas a los pies de la cama. Los c\u00f3mics, Mark Twain y Ray Bradbury  se mezclan ahora con Paul Auster, Dostoievski, Henry James, Scott  Fitzgerald, Flaubert, Nabokov, Barthes, Faulkner.<\/p>\n<p><!--more-->Diez estantes de  madera de roble a los pies de la cama de una habitaci\u00f3n matrimonial de  un hombre que es escritor; varios estantes de madera de color blanco en  el pasillo que comunica la habitaci\u00f3n con el ba\u00f1o; unos pocos estantes  de madera de nogal en una hornacina originalmente construida para ser un  exhibidor de vajilla; una estructura de madera indescifrable que cubre  dos de las paredes del estudio y, finalmente, la bestia demencial, la  nave madre: la biblioteca de piso a techo que recorre las paredes de la  sala. Y en todas partes -en la habitaci\u00f3n, en el pasillo, en la  hornacina, en el estudio, en la sala- la org\u00eda de lomos: ensayo,  literatura norteamericana, francesa, espa\u00f1ola, latinoamericana, libros  propios, cl\u00e1sicos, poes\u00eda, diez ediciones distintas -tapas duras,  bolsillo, diversos idiomas- de <em>Suave es la noche,<\/em> de <em>El mundo seg\u00fan Garp,<\/em> de <em>Madame Bovary.<\/em> Y, en todas partes, la bestia m\u00faltiple se relame y se declara en  triunfo porque, adem\u00e1s, el escritor es joven y eso quiere decir que \u00e9ste  es s\u00f3lo el comienzo. Y es un gran comienzo.<\/p>\n<p>&#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211;<\/p>\n<p>-Tengo una relaci\u00f3n alimentaria con mis libros -dice el escritor chileno Rafael Gumucio, autor de <em>La deuda<\/em> (Mondadori)-. Quiero devorarlos, consumirlos y luego, como un pollo  rostizado que se enfr\u00eda en la mesa, los abandono, los olvido, los dejo  ir.<\/p>\n<p>-Conservar los libros es conservar las huellas de mis lecturas -dice el escritor argentino Mart\u00edn Kohan, autor de <em>Cuentas pendientes<\/em> (Anagrama)-. No son objetos fetiche, no los atesoro ni los venero; los retengo para poder volver sobre mi trabajo.<\/p>\n<p>-Atesoro libros pero, parad\u00f3jicamente, no estoy apegado a ellos -dice el escritor colombiano H\u00e9ctor Abad Faciolince, autor de <em>El olvido que seremos<\/em> (Seix Barral)-. No los maltrato, pero no me importa demasiado perder  algunos. Tengo con ellos una relaci\u00f3n \u00edntima y distante al mismo tiempo:  no son parientes (no soy aprensivo con ellos), son amigos.<\/p>\n<p>-Somos  muy felices juntos. Y seguimos creciendo. En la salud y en la  enfermedad y hasta que la muerte nos separe -dice Rodrigo Fres\u00e1n,  escritor argentino autor de <em>El fondo del cielo<\/em> (Mondadori).<\/p>\n<p>-Me he mudado muchas veces -dice el escritor peruano Santiago Roncagliolo, autor de <em>Tan cerca de la vida<\/em> (Alfaguara)- y en cada una de ellas he regalado mis libros. Siempre he  cre\u00eddo que mi vida deber\u00eda pesar menos de 32 kilos, que es el equipaje  que me traje del Per\u00fa a Espa\u00f1a. Todo lo dem\u00e1s es innecesario y te  mantiene atado al pasado.<\/p>\n<p>-Tengo con ellos una relaci\u00f3n de  necesidad (no puedo estar lejos de los libros), de culto (creo en la  superioridad del libro), de complicidad (conf\u00edo en los libros m\u00e1s que en  la mayor\u00eda de las personas, las artes, las tecnolog\u00edas) -dice el  escritor argentino Alan Pauls, autor de <em>Historia del pelo<\/em> (Anagrama)-. No veo en mi biblioteca ning\u00fan alarde, ninguna suntuosidad,  ni siquiera el brillo de un capital acumulado. Mi biblioteca es mi  comunidad: ah\u00ed est\u00e1n mis interlocutores m\u00e1s amigos y m\u00e1s radicales; ah\u00ed  est\u00e1n los que me sostienen, me discuten, me forman, me seducen, me  inspiran, me mejoran.<\/p>\n<p>La biblioteca no como una colecci\u00f3n de  libros -jam\u00e1s como una colecci\u00f3n de libros- sino como una huella. Como  una forma de tener o no tener, de aferrarse o dejar ir. Una  autobiograf\u00eda. Un mapa del pasado y un intento de dibujar, sobre las  aguas indescifrables de lo que vendr\u00e1, un gesto seguro porque, como se  sabe, salvo error o inundaci\u00f3n o incendio o naufragio, los libros  siempre -siempre- estar\u00e1n all\u00ed. A veces por suerte. A veces no tanto.<\/p>\n<p>Articulo completo en: <a href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/portada\/huella\/libros\/elpepuculbab\/20110108elpbabpor_3\/Tes\">http:\/\/www.elpais.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Leila Guerriero Hay escritores que atesoran y acumulan libros, mientras otros les dejan de prestar atenci\u00f3n una vez le\u00eddos. La formaci\u00f3n de las bibliotecas particulares crea man\u00edas. 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