﻿{"id":1463,"date":"2011-05-06T08:57:55","date_gmt":"2011-05-06T14:57:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=1463"},"modified":"2012-12-05T16:23:02","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:02","slug":"no-pienso-en-el-lector-al-escribir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2011\/05\/06\/no-pienso-en-el-lector-al-escribir\/","title":{"rendered":"No pienso en el lector al escribir, entrevista Juan Gelman"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Por Pablo Ordaz<\/p>\n<p>&#8216;El emperrado coraz\u00f3n amora&#8217; es su vuelta a la poes\u00eda  cuatro a\u00f1os despu\u00e9s. El Cervantes re\u00fane 140 nuevas piezas sobre \u00abseguir  en la brecha a los 80 a\u00f1os\u00bb y queda como la gran voz de las letras  argentinas tras la muerte de Sabato<\/p>\n<\/div>\n<p>Una entrevista con Juan Gelman pierde mucho en un peri\u00f3dico.  Quedan sobre el papel las palabras del poeta, nacido en Buenos Aires en  1930, pero en la transcripci\u00f3n se van desperdiciando su voz curtida por  el tabaco, su acento argentino defendido frente a 1.000 exilios y una  sonrisa socarrona y hospitalaria. Por si fuera poco, a uno siempre le  pareci\u00f3 un contrasentido que un poeta -y en este caso no un poeta  cualquiera- publique un libro con 140 poemas forjados a martillo y  cincel y enseguida llegue un periodista y le pida que explique con  urgencia qu\u00e9 ha querido contar. El premio Cervantes sonr\u00ede, enciende un  primer pitillo en su departamento de la ciudad de M\u00e9xico, y se dispone a  hablar de <em>El emperrado coraz\u00f3n amora <\/em>(Tusquets), un libro que llega cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de <em>Mundar<\/em> (Visor) y que termin\u00f3 de escribir en noviembre pasado.<\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<div>\n<div>\n<p><strong>\u00abAdmiro a T. S. Eliot y a Octavio Paz por su capacidad cr\u00edtica; yo me abstengo\u00bb<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>\u00abLo que me sali\u00f3 intenta evitar toda narraci\u00f3n, excepto la de las palabras\u00bb<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>\u00abAl releer mis poemas me parecen de otros y me lleno de insatisfacci\u00f3n\u00bb<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><strong>Pregunta.<\/strong> \u00bfSe puede explicar un libro de poemas?<\/p>\n<p><strong>Respuesta.<\/strong> Mire, pasan varias cosas, la primera es que uno no escribe lo que  quiere sino lo que puede. La segunda es que cada lector reescribe el  libro. Y la tercera es que me resulta muy dif\u00edcil hablar de lo que hago.  Yo admiro a gente como T. S. Eliot, o incluso Octavio Paz, que han  tenido mucha capacidad cr\u00edtica. Yo me abstengo. Tal vez para conservar  una virginidad que ya no tengo. Siempre me acuerdo de una an\u00e9cdota que  me cont\u00f3 mi madre, que era ucrania. La de la ara\u00f1ita que en un bosque  espera a que llegue el ciempi\u00e9s. Y, cuando llega, le pregunta c\u00f3mo hace  para caminar, si primero 50 y luego otros 50, si 20 y 20&#8230; Y el  ciempi\u00e9s se detuvo a pensar y no camin\u00f3 nunca m\u00e1s. Sin embargo, creo que  visto a meses ya de haberlo terminado, me parece que lo que me sali\u00f3  fue algo que intenta evitar toda narraci\u00f3n, excepto la de las palabras y  la m\u00fasica. Es lo m\u00e1s aproximado que puedo decir sobre el libro.<\/p>\n<p><strong><!--more-->P. <\/strong>Y tal vez que no son poemas f\u00e1ciles&#8230;<\/p>\n<p><strong>R.<\/strong> S\u00ed, yo creo que no son f\u00e1ciles. Pero voy a confesarle algo: yo no  pienso en el lector cuando escribo. Yo creo que es el mejor modo de  respetarlo. Hay que dar lo mejor de s\u00ed, o lo que uno cree que es lo  mejor de s\u00ed. De modo que ah\u00ed est\u00e1&#8230;.<\/p>\n<p><strong>P. <\/strong>Empecemos entonces por el t\u00edtulo: <em>El emperrado coraz\u00f3n amora.<\/em><\/p>\n<p><strong>R. <\/strong>Pertenece a un libro que escrib\u00ed en los a\u00f1os sesenta y que se llama <em>C\u00f3lera Buey.<\/em> El t\u00edtulo pertenece a uno de los poemas de ese libro. El libro anterior  tambi\u00e9n lleva un t\u00edtulo de uno de aquellos versos. Yo creo que resume o  sintetiza lo que ocurre cuando a los 80 a\u00f1os y despu\u00e9s de varias vidas y  otras cuestiones, desilusiones, esperanzas, resulta que uno sigue en la  brecha&#8230;<\/p>\n<p><strong>P.<\/strong> Por una decisi\u00f3n de seguir&#8230;<\/p>\n<p><strong>R. <\/strong>Bueno, lo decide este [toc\u00e1ndose el coraz\u00f3n y sonriendo], yo no tengo nada que ver.<\/p>\n<p><strong>P. <\/strong>Entonces, primero puso el t\u00edtulo y despu\u00e9s&#8230;<\/p>\n<p><strong>R.<\/strong> No, no&#8230; Eso ser\u00eda premeditaci\u00f3n y alevos\u00eda. En poes\u00eda eso no ocurre.  Voy escribiendo porque no puedo evitarlo. Y llega un momento en que me  parece que se apag\u00f3 la llama o est\u00e1 por apagarse y ah\u00ed es cuando hay que  parar.<\/p>\n<p><strong>P.<\/strong> A la hora de ponerse a escribir, qu\u00e9 diferencia  hay entre el poeta que quer\u00eda ser, darse a conocer, abrirse camino, y el  que ya es, el que ha sido reconocido con los galardones m\u00e1ximos, con la  seguridad en s\u00ed mismo&#8230;<\/p>\n<p><strong>R. <\/strong>Mire, ojal\u00e1 tuviera seguridad  en m\u00ed mismo. Porque cuando se vuelve una obsesi\u00f3n, que creo que es lo  que produce la necesidad de escribir, a lo \u00fanico a lo que uno se puede  agarrar es a lo que se escribi\u00f3 ya, pero eso no sirve. Un poeta no vive  para escribir, escribe para vivir. Por tanto, no hay seguridad, es la  misma inseguridad de siempre.<\/p>\n<p><strong>P. <\/strong>\u00bfRelee sus poemas?<\/p>\n<p><strong>R.<\/strong> No. Solo cuando tengo que hacer una lectura por ah\u00ed, los elijo. Pero evito cuidadosamente releerlos.<\/p>\n<p><strong>P.<\/strong> \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p><strong>R.<\/strong> Mire, en primer lugar porque me parecen de otros. Y en segundo lugar  porque encuentro insatisfacciones permanentes. Tal vez por eso el  motorcito sigue encendido. Para ver si alguna vez uno puede acostarse  con la se\u00f1ora [con la poes\u00eda, con la inspiraci\u00f3n], pero&#8230; mientras  tanto&#8230;<\/p>\n<p><strong>P.<\/strong> O sea, que el combustible tambi\u00e9n es de alguna manera la insatisfacci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p><strong>R.<\/strong> S\u00ed, s\u00ed, tambi\u00e9n. No es el origen, pero&#8230;<\/p>\n<p><strong>P. <\/strong>\u00bfCu\u00e1l es el origen?<\/p>\n<p><strong>R.<\/strong> C\u00f3mo le digo, para m\u00ed es la obsesi\u00f3n. Yo entiendo que la cosa va a  venir porque tengo una especie de ruidito ac\u00e1, me pongo de mal humor y  aguanto todo lo que puedo para que no sea una falsa alarma, hasta que ya  no puedo m\u00e1s y escribo.<\/p>\n<p><strong>P. <\/strong>Y ha investigado, por as\u00ed decirlo, en el origen de esa obsesi\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p><strong>R. <\/strong>Este&#8230; Mire&#8230;, quiero ser un ciempi\u00e9s que camina.<\/p>\n<p><a name=\"despiece1\"><\/a><\/p>\n<h3>&#8216;Vinos&#8217;<\/h3>\n<div>\n<p>El vino malo recuerda a la lengua<\/p>\n<p>la rigurosidad de la locura,<\/p>\n<p>o pensar en el cisne<\/p>\n<p>salvado del diluvio, la pasi\u00f3n<\/p>\n<p>por las distancias entre<\/p>\n<p>la hora y su hora, palomares<\/p>\n<p>donde aterrizan vientos, vidas,<\/p>\n<p>el horno donde se<\/p>\n<p>queman preguntas.<\/p>\n<p>\u00bfAd\u00f3nde fuiste, pie descalzo?<\/p>\n<p>En los nervios del cosmos asoman<\/p>\n<p>lunas secretas de Tenochtil\u00e1n.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n lo olvida, qui\u00e9n olvida sus<\/p>\n<p>espejos simples de la tierra?<\/p>\n<p>La memoria tiene dos ojos, uno<\/p>\n<p>perdido en copias de la sangre, otro abierto<\/p>\n<p>a calles que el abajo les tiembla.<\/p>\n<p>La sombra del pasado se ata<\/p>\n<p>al pasado que no sucedi\u00f3.<\/p>\n<p><strong>Poema incluido<\/strong> en el libro <em>El emperrado coraz\u00f3n amora<\/em> (Tusquets).<\/p>\n<p>Tomado de: <a href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/cultura\/pienso\/lector\/escribir\/elpepicul\/20110503elpepicul_1\/Tes\">http:\/\/www.elpais.com<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Pablo Ordaz &#8216;El emperrado coraz\u00f3n amora&#8217; es su vuelta a la poes\u00eda cuatro a\u00f1os despu\u00e9s. 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