﻿{"id":1556,"date":"2011-08-17T09:23:01","date_gmt":"2011-08-17T15:23:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=1556"},"modified":"2012-12-05T16:22:44","modified_gmt":"2012-12-05T22:22:44","slug":"mas-informacion-menos-conocimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2011\/08\/17\/mas-informacion-menos-conocimiento\/","title":{"rendered":"M\u00e1s informaci\u00f3n, menos conocimiento"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Por Mario Vargas Llosa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"http:\/\/4.bp.blogspot.com\/-Ulk8Ms0JTwY\/TjWmsnkW6zI\/AAAAAAAACdU\/ORiZDNEITo8\/s320\/Mas%2Binformacion%2Bmenos%2Bconocimiento%2Bvargas%2BLLosa%2BFernando%2BVicente.jpg\" alt=\"\" width=\"211\" height=\"271\" \/>PIEDRA DE TOQUE. La imparable robotizaci\u00f3n humana por Internet  cambiar\u00e1 la vida cultural y hasta c\u00f3mo opera nuestro cerebro. Cuanto m\u00e1s  inteligente sea nuestro ordenador, m\u00e1s tontos seremos nosotros<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Nicholas Carr estudi\u00f3 Literatura en Dartmouth College y en la  Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz  lector de buenos libros. Luego, como le ocurri\u00f3 a toda su generaci\u00f3n,  descubri\u00f3 el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revoluci\u00f3n  inform\u00e1tica de nuestro tiempo, y no s\u00f3lo dedic\u00f3 buena parte de su vida a  valerse de todos los servicios <em>online<\/em> y a navegar ma\u00f1ana y tarde  por la Red; adem\u00e1s, se hizo un profesional y un experto en las nuevas  tecnolog\u00edas de la comunicaci\u00f3n sobre las que ha escrito extensamente en  prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.<\/p>\n<div style=\"text-align: justify\">\n<div>\n<p>Los alumnos han perdido el h\u00e1bito de leer para contentarse con un mariposeo cognitivo<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify\"><!--more-->Un buen d\u00eda descubri\u00f3 que hab\u00eda dejado de ser un <em>buen<\/em> lector,  y, casi casi, un lector. Su concentraci\u00f3n se disipaba luego de una o dos  p\u00e1ginas de un libro, y, sobre todo si aquello que le\u00eda era complejo y  demandaba mucha atenci\u00f3n y reflexi\u00f3n, surg\u00eda en su mente algo as\u00ed como  un rec\u00f3ndito rechazo a continuar con aquel empe\u00f1o intelectual. As\u00ed lo  cuenta: \u00abPierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qu\u00e9 otra cosa  hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro  descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que sol\u00eda venir  naturalmente se ha convertido en un esfuerzo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Preocupado, tom\u00f3  una decisi\u00f3n radical. A finales de 2007, \u00e9l y su esposa abandonaron sus  ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una caba\u00f1a  de las monta\u00f1as de Colorado, donde no hab\u00eda telefon\u00eda m\u00f3vil y el  Internet llegaba tarde, mal y nunca. All\u00ed, a lo largo de dos a\u00f1os,  escribi\u00f3 el pol\u00e9mico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en ingl\u00e9s <em>The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains<\/em> y, en espa\u00f1ol, <em>Superficiales: \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 haciendo Internet con nuestras mentes?<\/em> (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tir\u00f3n, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Carr  no es un renegado de la inform\u00e1tica, no se ha vuelto un ludita  contempor\u00e1neo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho  menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportaci\u00f3n que servicios  como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la informaci\u00f3n y a  la comunicaci\u00f3n, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una  inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los  beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigaci\u00f3n  cient\u00edfica y al desarrollo econ\u00f3mico de las naciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero todo  esto tiene un precio y, en \u00faltima instancia, significar\u00e1 una  transformaci\u00f3n tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de  operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta  por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generaliz\u00f3 la lectura de  libros, hasta entonces confinada en una minor\u00eda insignificante de  cl\u00e9rigos, intelectuales y arist\u00f3cratas. El libro de Carr es una  reivindicaci\u00f3n de las teor\u00edas del ahora olvidado Marshall MacLuhan, a  quien nadie hizo mucho caso cuando, hace m\u00e1s de medio siglo, asegur\u00f3 que  los medios no son nunca meros veh\u00edculos de un contenido, que ejercen  una solapada influencia sobre \u00e9ste, y que, a largo plazo, modifican  nuestra manera de pensar y de actuar. MacLuhan se refer\u00eda sobre todo a  la televisi\u00f3n, pero la argumentaci\u00f3n del libro de Carr, y los abundantes  experimentos y testimonios que cita en su apoyo, indican que semejante  tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del  Internet.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los defensores recalcitrantes del <em>software<\/em> alegan que se trata de una herramienta y que est\u00e1 al servicio de quien  la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen  corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efect\u00faen en el campo de  acci\u00f3n en el que los beneficios de aquella tecnolog\u00eda son indiscutibles:  \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en  pocos segundos, haciendo un peque\u00f1o clic con el rat\u00f3n, un internauta  recabe una informaci\u00f3n que hace pocos a\u00f1os le exig\u00eda semanas o meses de  consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero tambi\u00e9n hay pruebas  concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de  ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a  su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los m\u00fasculos que  dejan de usarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No es verdad que el Internet sea s\u00f3lo una  herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongaci\u00f3n de nuestro  propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, tambi\u00e9n, de una manera  discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse  y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema  hace por \u00e9l y, a veces, mejor que \u00e9l. No es una met\u00e1fora po\u00e9tica decir  que la \u00abinteligencia artificial\u00bb que est\u00e1 a su servicio, soborna y  sensualiza a nuestros \u00f3rganos pensantes, los que se van volviendo, de  manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en  sus esclavos. \u00bfPara qu\u00e9 mantener fresca y activa la memoria si toda ella  est\u00e1 almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado \u00abla  mejor y m\u00e1s grande biblioteca del mundo\u00bb? \u00bfY para qu\u00e9 aguzar la atenci\u00f3n  si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a  m\u00ed, resucitados por esas diligentes m\u00e1quinas?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No es extra\u00f1o, por  eso, que algunos fan\u00e1ticos de la Web, como el profesor Joe O&#8217;Shea,  fil\u00f3sofo de la Universidad de Florida, afirme: \u00abSentarse y leer un libro  de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que  puedo tener toda la informaci\u00f3n que quiera con mayor rapidez a trav\u00e9s  de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet,  los libros son superfluos\u00bb. Lo atroz de esta frase no es la afirmaci\u00f3n  final, sino que el fil\u00f3sofo de marras crea que uno lee libros s\u00f3lo para  \u00abinformarse\u00bb. Es uno de los estragos que puede causar la adicci\u00f3n  fren\u00e9tica a la pantallita. De ah\u00ed, la pat\u00e9tica confesi\u00f3n de la doctora  Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: \u00abYa  no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer <em>Guerra y Paz<\/em> o <em>El Quijote.<\/em> Acostumbrados a picotear informaci\u00f3n en sus computadoras, sin tener  necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentraci\u00f3n, han ido  perdiendo el h\u00e1bito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido  condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los  acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia a\u00f1adidos y  complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra  el tipo de atenci\u00f3n, reflexi\u00f3n, paciencia y prolongado abandono a  aquello que se lee, y que es la \u00fanica manera de leer, gozando, la gran  literatura. Pero no creo que sea s\u00f3lo la literatura a la que el Internet  vuelve superflua: toda obra de creaci\u00f3n gratuita, no subordinada a la  utilizaci\u00f3n pragm\u00e1tica, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura  que propicia la Web. Sin duda que \u00e9sta almacenar\u00e1 con facilidad a  Proust, Homero, Popper y Plat\u00f3n, pero dif\u00edcilmente sus obras tendr\u00e1n  muchos lectores. \u00bfPara qu\u00e9 tomarse el trabajo de leerlas si en Google  puedo encontrar s\u00edntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron  en esos farragosos librotes que le\u00edan los lectores prehist\u00f3ricos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La  revoluci\u00f3n de la informaci\u00f3n est\u00e1 lejos de haber concluido. Por el  contrario, en este dominio cada d\u00eda surgen nuevas posibilidades, logros,  y lo imposible retrocede velozmente. \u00bfDebemos alegrarnos? Si el g\u00e9nero  de cultura que est\u00e1 reemplazando a la antigua nos parece un progreso,  sin duda s\u00ed. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello  que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro  y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus  experimentos: que confiar a los ordenadores la soluci\u00f3n de todos los  problemas cognitivos reduce \u00abla capacidad de nuestros cerebros para  construir estructuras estables de conocimientos\u00bb. En otras palabras:  cuanto m\u00e1s inteligente sea nuestro ordenador, m\u00e1s tontos seremos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tal  vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre  siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo  carezco de los conocimientos neurol\u00f3gicos y de inform\u00e1tica para juzgar  hasta qu\u00e9 punto son confiables las pruebas y experimentos cient\u00edficos  que describe en su libro. Pero \u00e9ste me da la impresi\u00f3n de ser riguroso y  sensato, un llamado de atenci\u00f3n que -para qu\u00e9 enga\u00f1arnos- no ser\u00e1  escuchado. Lo que significa, si \u00e9l tiene raz\u00f3n, que la robotizaci\u00f3n de  una humanidad organizada en funci\u00f3n de la \u00abinteligencia artificial\u00bb es  imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un  accidente o una acci\u00f3n terrorista, nos regrese a las cavernas. Habr\u00eda  que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos  mejor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tomado de: <a href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/opinion\/informacion\/conocimiento\/elpepiopi\/20110731elpepiopi_11\/Tes\">http:\/\/www.elpais.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mario Vargas Llosa PIEDRA DE TOQUE. La imparable robotizaci\u00f3n humana por Internet cambiar\u00e1 la vida cultural y hasta c\u00f3mo opera nuestro cerebro. 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