﻿{"id":1563,"date":"2011-08-17T09:33:10","date_gmt":"2011-08-17T15:33:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=1563"},"modified":"2012-12-05T16:22:43","modified_gmt":"2012-12-05T22:22:43","slug":"el-espejo-y-la-mascara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2011\/08\/17\/el-espejo-y-la-mascara\/","title":{"rendered":"El espejo y la m\u00e1scara"},"content":{"rendered":"<p>Por Jorge Luis Borges<\/p>\n<p>Librada la batalla de Clontarf, en la que fue humillado el noruego, el Alto Rey habl\u00f3 con el poeta y le dijo:<\/p>\n<p>\u2014Las proezas m\u00e1s claras pierden su lustre si no se las amoneda en palabras. Quiero que cantes mi victoria y mi loa. Yo ser\u00e9 Eneas; t\u00fa ser\u00e1s mi Virgilio. \u00bfTe crees capaz de acometer esa empresa, que nos har\u00e1 inmortales a los dos?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, Rey \u2014dijo el poeta\u2014. Yo soy el Ollan. Durante doce inviernos he cursado las disciplinas de la m\u00e9trica. S\u00e9 de memoria las trescientas sesenta f\u00e1bulas que son la base de la verdadera poes\u00eda. Los ciclos de Ulster y de Munster est\u00e1n en las cuerdas de mi arpa. Las leyes me autorizan a prodigar las voces m\u00e1s arcaicas del idioma y las m\u00e1s complejas met\u00e1foras. Domino la escritura secreta que defiende nuestro arte del indiscreto examen del vulgo. Puedo celebrar los amores, los abigeatos, las navegaciones, las guerras. Conozco los linajes mitol\u00f3gicos de todas las casas reales de<\/p>\n<p><!--more-->Irlanda. Poseo las virtudes de las hierbas, la astrolog\u00eda judiciaria, las matem\u00e1ticas y el derecho can\u00f3nico. He derrotado en p\u00fablico certamen a mis rivales. Me he adiestrado en la s\u00e1tira, que causa enfermedades de la piel, incluso la lepra. S\u00e9 manejar la espada, como lo prob\u00e9 en tu batalla. S\u00f3lo una cosa ignoro: la de agradecer el don que me haces.<\/p>\n<p>El Rey, a quien lo fatigaban f\u00e1cilmente los discursos largos y ajenos, le dijo con alivio:<\/p>\n<p>\u2014S\u00e9 harto bien esas cosas. Acaban de decirme que el ruise\u00f1or ya cant\u00f3 en Inglaterra.<\/p>\n<p>Cuando pasen las lluvias y las nieves, cuando regrese el ruise\u00f1or de sus tierras del Sur, recitar\u00e1s tu loa ante la corte y ante el Colegio de Poetas. Te dejo un a\u00f1o entero. Limar\u00e1s cada letra y cada palabra. La recompensa, ya lo sabes, no ser\u00e1 indigna de mi real costumbre ni de tus inspiradas vigilias.<\/p>\n<p>\u2014Rey, la mejor recompensa es ver tu rostro \u2014dijo el poeta, que era tambi\u00e9n un cortesano.<\/p>\n<p>Hizo sus reverencias y se fue, ya entreviendo alg\u00fan verso.<\/p>\n<p>Cumplido el plazo, que fue de epidemias y rebeliones, present\u00f3 el paneg\u00edrico. Lo declam\u00f3 con lenta seguridad, sin una ojeada al manuscrito. El Rey lo iba aprobando con la cabeza. Todos imitaban su gesto, hasta los que agolpados en las puertas, no descifraban una palabra. Al fin el Rey habl\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Acepto tu labor. Es otra victoria. Has atribuido a cada vocablo su genuina acepci\u00f3n y<\/p>\n<p>a cada nombre sustantivo el ep\u00edteto que le dieron los primeros poetas. No hay en toda la una sola imagen que no hayan usado los cl\u00e1sicos. La guerra es el hermoso tejido de hombres y el agua de la espada es la sangre. El mar tiene su dios y las nubes predicen el porvenir. Has manejado con destreza la rima, la aliteraci\u00f3n, la asonancia, las cantidades, los artificios de la docta ret\u00f3rica, la sabia alteraci\u00f3n de los metros. Si se perdiera toda la literatura de Irlanda \u2014<em>omen absit\u2014 <\/em>podr\u00eda reconstruirse sin p\u00e9rdida con tu cl\u00e1sica oda.<\/p>\n<p>Treinta escribas la van a transcribir dos veces.<\/p>\n<p>Hubo un silencio y prosigui\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Todo est\u00e1 bien y sin embargo nada ha pasado. En los pulsos no corre m\u00e1s a prisa la sangre. Las manos no han buscado los arcos. Nadie ha palidecido. Nadie profiri\u00f3 un grito de batalla, nadie opuso el pecho a los vikings. Dentro del t\u00e9rmino de un a\u00f1o aplaudiremos otra loa, poeta. Como signo de nuestra aprobaci\u00f3n, toma este espejo que es de plata.<\/p>\n<p>\u2014Doy gracias y comprendo \u2014dijo el poeta.<\/p>\n<p>Las estrellas del cielo retomaron su claro derrotero. Otra vez cant\u00f3 el ruise\u00f1or en las selvas sajonas y el poeta retorn\u00f3 con su c\u00f3dice, menos largo que el anterior. No lo repiti\u00f3 de memoria; lo ley\u00f3 con visible inseguridad, omitiendo ciertos pasajes, como si \u00e9l mismo no los entendiera del todo o no quisiera profanarlos. La p\u00e1gina era extra\u00f1a. No era una descripci\u00f3n de la batalla, era la batalla. En su desorden b\u00e9lico se agitaban el<\/p>\n<p>Dios que es Tres y es Uno, los n\u00famenes paganos de Irlanda y los que guerrear\u00edan, centenares de a\u00f1os despu\u00e9s, en el principio de la Edda Mayor. La forma no era menos curiosa. Un sustantivo singular pod\u00eda regir un verbo plural. Las preposiciones eran ajenas a las normas comunes. La aspereza alternaba con la dulzura. Las met\u00e1foras eran arbitrarias o as\u00ed lo parec\u00edan.<\/p>\n<p>El Rey cambi\u00f3 unas pocas palabras con los hombres de letras que lo rodeaban y habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>\u2014De tu primera loa pude afirmar que era un feliz resumen de cuanto se ha cantado en<\/p>\n<p>Irlanda. \u00c9sta supera todo lo anterior y tambi\u00e9n lo aniquila. Suspende, maravilla y deslumbra. No la merecer\u00e1n los ignaros, pero s\u00ed los doctos, los menos. Un cofre de marfil ser\u00e1 la custodia del \u00fanico ejemplar. De la pluma que ha producido obra tan eminente podemos esperar todav\u00eda una obra m\u00e1s alta.<\/p>\n<p>Agreg\u00f3 con una sonrisa:<\/p>\n<p>\u2014Somos figuras de una f\u00e1bula y es justo recordar que en las f\u00e1bulas prima el n\u00famero tres.<\/p>\n<p>El poeta se atrevi\u00f3 a murmurar:<\/p>\n<p>\u2014Los tres dones del hechicero, las tr\u00edadas y la indudable Trinidad.<\/p>\n<p>El Rey prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Como prenda de nuestra aprobaci\u00f3n, toma esta m\u00e1scara de oro.<\/p>\n<p>\u2014Doy gracias y he entendido \u2014dijo el poeta.<\/p>\n<p>El aniversario volvi\u00f3. Los centinelas del palacio advirtieron que el poeta no tra\u00eda un manuscrito. No sin estupor el Rey lo mir\u00f3; casi era otro. Algo, que no era el tiempo, hab\u00eda surcado y transformado sus rasgos. Los ojos parec\u00edan mirar muy lejos o haber quedado ciegos. El poeta le rog\u00f3 que hablara unas palabras con \u00e9l. Los esclavos despejaron la c\u00e1mara.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo has ejecutado la oda? \u2014pregunt\u00f3 el Rey.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014dijo tristemente el poeta\u2014. Ojal\u00e1 Cristo Nuestro Se\u00f1or me lo hubiera prohibido.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPuedes repetirla?<\/p>\n<p>\u2014No me atrevo.<\/p>\n<p>\u2014Yo te doy el valor que te hace falta \u2014declar\u00f3 el Rey.<\/p>\n<p>El poeta dijo el poema. Era una sola l\u00ednea.<\/p>\n<p>Sin animarse a pronunciarla en voz alta, el poeta y su Rey la paladearon, como si fuera una plegaria secreta o una blasfemia. El Rey no estaba menos maravillado y menos maltrecho que el otro. Ambos se miraron, muy p\u00e1lidos.<\/p>\n<p>\u2014En los a\u00f1os de mi juventud \u2014dijo el Rey\u2014 navegu\u00e9 hacia el ocaso. En una isla vi lebreles de plata que daban muerte a jabal\u00edes de oro. En otra nos alimentamos con la fragancia de las manzanas m\u00e1gicas. En otra vi murallas de fuego. En la m\u00e1s lejana de todas un r\u00edo abovedado y pendiente surcaba el cielo y por sus aguas iban peces y barcos.<\/p>\n<p>\u00c9stas son maravillas, pero no se comparan con tu poema, que de alg\u00fan modo las encierra. \u00bfQu\u00e9 hechicer\u00eda te lo dio?<\/p>\n<p>\u2014En el alba \u2014dijo el poeta\u2014 me record\u00e9 diciendo unas palabras que al principio no comprend\u00ed. Esas palabras son un poema. Sent\u00ed que hab\u00eda cometido un pecado, quiz\u00e1 el que no perdona el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>\u2014El que ahora compartimos los dos \u2014el Rey musit\u00f3\u2014. El de haber conocido la<\/p>\n<p>Belleza, que es un don vedado a los hombres. Ahora nos toca expiarlo. Te di un espejo y una m\u00e1scara de oro; he aqu\u00ed el tercer regalo que ser\u00e1 el \u00faltimo.<\/p>\n<p>Le puso en la diestra una daga.<\/p>\n<p>Del poeta sabemos que se dio muerte al salir del palacio; del Rey, que es un mendigo que recorre los caminos de Irlanda, que fue su reino, y que no ha repetido nunca el poema.<\/p>\n<p>Tomado de<a href=\"http:\/\/estudiosbiblicos.zzl.org\/libros\/Jorge%20Luis%20Borges%20-%20El%20libro%20de%20arena.pdf\">:http:\/\/estudiosbiblicos.zzl.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jorge Luis Borges Librada la batalla de Clontarf, en la que fue humillado el noruego, el Alto Rey habl\u00f3 con el poeta y le dijo: \u2014Las proezas m\u00e1s claras pierden su lustre si no se las amoneda en palabras. Quiero que cantes mi victoria y mi loa. Yo ser\u00e9 Eneas; t\u00fa ser\u00e1s mi Virgilio. 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