﻿{"id":1704,"date":"2012-01-26T10:22:06","date_gmt":"2012-01-26T16:22:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=1704"},"modified":"2012-12-05T16:22:40","modified_gmt":"2012-12-05T22:22:40","slug":"la-edad-madura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2012\/01\/26\/la-edad-madura\/","title":{"rendered":"La edad madura"},"content":{"rendered":"<p>Henry James<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda de abril era templado y luminoso, y el pobre Dencombe, feliz en la presunci\u00f3n de que sus energ\u00edas se recuperaban, estaba parado en el jard\u00edn del hotel, comparando los atractivos de diversos paseos tranquilos, con una parsimonia en la cual, empero, todav\u00eda se echaba de ver cierta laxitud. Le gustaba la sensaci\u00f3n de Sur, en la medida en que se la pudiera tener en el Norte; le gustaban los acantilados arenosos y los pinos arracimados, incluso le gustaba el mar incoloro. \u201cBournemouth es el lugar ideal para su salud\u201d hab\u00eda sonado a simple anuncio, pero ahora \u00e9l se hab\u00eda reconciliado con lo prosaico. El amigable cartero rural, al cruzar por el jard\u00edn, acababa de entregarle un paquetito, que \u00e9l se llev\u00f3 consigo dejando el hotel a mano derecha y encamin\u00e1ndose con andar circunspecto hasta un oportuno banco que ya conoc\u00eda, en un recoveco bien abrigado en la ladera del acantilado. Daba al Sur, a las coloreadas paredes de la Isla de Wight, y por detr\u00e1s estaba guarecido por el oblicuo declive de la pendiente. Se sinti\u00f3 bastante cansado cuando lo alcanz\u00f3, y por un momento se not\u00f3 defraudado; estaba mejor, desde luego, pero, despu\u00e9s de todo, \u00bfmejor que qu\u00e9? Nunca volver\u00eda, como en uno o dos grandes momentos del ayer, a sentirse superior a s\u00ed mismo. Lo que de infinito pueda tener la vida hab\u00eda desaparecido para \u00e9l, y lo que le quedaba de la dosis otorgada era un vasito marcado como lo est\u00e1 un term\u00f3metro por el farmac\u00e9utico. Se qued\u00f3 sentado con la vista clavada en el mar, que parec\u00eda todo superficie y cabrilleo, harto m\u00e1s superficial que el esp\u00edritu del hombre. El abismo de las ilusiones humanas, \u00e9se s\u00ed que era la aut\u00e9ntica profundidad sin mareas. Sosten\u00eda el paquete, que a todas luces era de libros, en las rodillas, sin abrirlo, alegr\u00e1ndose, tras el ocaso de tantas esperanzas (su enfermedad lo hab\u00eda hecho ser consciente de su edad), de saber que estaba ah\u00ed, pero dando por hecho que ya jam\u00e1s podr\u00eda haber una repetici\u00f3n completa del placer, tan caro a la experiencia juvenil, de verse a s\u00ed mismo \u201creci\u00e9n impreso\u201d. Dencombe, que ten\u00eda una reputaci\u00f3n, hab\u00eda publicado demasiadas veces y sab\u00eda de antemano demasiado bien c\u00f3mo lucir\u00eda.<\/p>\n<p><!--more-->Ese aplazamiento tuvo como vaga causa adicional, al cabo de un rato, a un grupo de tres personas -dos mujeres y un joven- a quienes, m\u00e1s abajo que \u00e9l, se ve\u00eda avanzar errabundos, juntos y al parecer callados, a lo largo de la arena de la playa. El joven ten\u00eda la cabeza inclinada hacia un libro y de vez en cuando se quedaba parado por el hechizo que sobre \u00e9l ejerc\u00eda ese volumen que, como percib\u00eda Dencombe incluso a esa distancia, ten\u00eda una cubierta chillonamente roja. Entonces, sus compa\u00f1eras, un poco por delante, lo esperaban a que las alcanzara, hurgando en la arena con sus sombrillas y mirando alrededor el cielo y el mar, paladinamente conscientes de la belleza del d\u00eda. A aquellas cosas el joven del libro se mostraba ajeno a\u00fan m\u00e1s paladinamente; retras\u00e1ndose, fascinado, absorto, era motivo de envidia para un observador a quien se le hab\u00eda mar chitado toda candidez de su relaci\u00f3n con la literatura. Una de las mujeres era voluminosa y entrada en a\u00f1os; la otra exhib\u00eda la delgadez de una contrastante juventud y de una situaci\u00f3n social seguramente inferior. La mujer voluminosa transportaba la imaginaci\u00f3n de Dencombe hacia la \u00e9poca de la crinolina; ten\u00eda un sombrero en forma de champi\u00f1\u00f3n, adornado con un velo azul, y la portadora del mismo, en su agresiva imponencia, parec\u00eda aferrarse a una moda desvanecida y aun a una causa perdida. Al cabo su compa\u00f1era sac\u00f3 de entre los pliegues de un mant\u00f3n una cojeante silla port\u00e1til, que despleg\u00f3 r\u00e1pidamente y de la cual tom\u00f3 posesi\u00f3n la mujer voluminosa. Este acto, junto con algo en los movimientos de la una y de la otra, instant\u00e1neamente caracteriz\u00f3 a las ejecutantes -\u00e9stas actuaban para recreo de Dencombe- como matrona opulenta y como humilde se\u00f1orita de compa\u00f1\u00eda. Por lo dem\u00e1s, \u00bfde qu\u00e9 serv\u00eda ser un novelista probado si no se era capaz de establecer las relaciones personales existentes entre tales figuras? Como por ejemplo: la imaginativa teor\u00eda de que el joven era hijo de la matrona opulenta, y de que la humilde se\u00f1orita de compa\u00f1\u00eda, hija de cl\u00e9rigo o de funcionario, abrigaba una secreta pasi\u00f3n por \u00e9l. \u00bfNo era visible eso por el modo como \u00e9sta \u00faltima se hab\u00eda deslizado furtivamente detr\u00e1s de su benefactora para volver la vista hacia donde \u00e9l se hab\u00eda permitido quedarse completamente quieto en tanto su madre se sentaba a descansar? Ese libro era una novela; ten\u00eda la llamativa tapa de las ediciones econ\u00f3micas, y \u00e9l, mientras el romanticismo de la vida quedaba desde\u00f1ado a su lado, se perd\u00eda en el romanticismo de la biblioteca circulante. Maquinalmente se traslad\u00f3 a donde era m\u00e1s blanda la arena, y se dej\u00f3 caer en ella para acabar el cap\u00edtulo a sus anchas. La humilde se\u00f1orita de compa\u00f1\u00eda, desalentada por la inaccesibilidad masculina, erraba, con la cabeza martirizadamente gacha, en otra direcci\u00f3n, y la se\u00f1ora descomunal, contemplando las olas, ofrec\u00eda una borrosa semejanza con una m\u00e1quina voladora ca\u00edda en pedazos.<\/p>\n<p>Cuando empez\u00f3 a desinteresarlo este espect\u00e1culo, Dencombe se acord\u00f3 de que ten\u00eda, a fin de cuentas, otro pasatiempo aguard\u00e1ndolo. Aunque tanta celeridad fuera infrecuente por parte de su editor, \u00e9l ya pod\u00eda extraer del envoltorio su obra \u201cm\u00e1s reciente\u201d, quiz\u00e1 su obra \u00faltima y final. La cubierta de La edad madura era certeramente llamativa, el aroma de las rozagantes p\u00e1ginas era el mism\u00edsimo olor de la beatitud; pero, de momento, \u00e9l no pas\u00f3 de ah\u00ed, habi\u00e9ndose percatado de una rara alienaci\u00f3n. Se le hab\u00eda olvidado de qu\u00e9 trataba su propio libro. El \u00faltimo ataque de su vieja dolencia, de la cual hab\u00eda venido ilusamente a protegerse a Bournemouth, \u00bfhab\u00eda quiz\u00e1 interpuesto un vac\u00edo absoluto respecto de lo que hab\u00eda precedido al mismo? Hab\u00eda finalizado la correcci\u00f3n de galeradas antes de salir de Londres, pero la posterior quincena en cama hab\u00eda pasado una esponja sobre los matices. No habr\u00eda podido salmodiarse a s\u00ed propio una sola de sus frases, ni pod\u00eda dirigirse a ninguna determinada p\u00e1gina con curiosidad o seguridad. Se le hab\u00eda ido su tema, qued\u00e1ndole apenas una conjetura. Lanz\u00f3 un sordo gemido al respirar el fr\u00edo de su vac\u00edo absoluto: \u00e9ste parec\u00eda tan desesperadamente representar la culminaci\u00f3n de un siniestro proceso. Las l\u00e1grimas visitaron sus apacibles ojos: algo precioso se hab\u00eda evaporado. Tal hab\u00eda sido la congoja m\u00e1s punzante de unos cuantos a\u00f1os a esta parte: la sensaci\u00f3n de la mengua del tiempo, de la reducci\u00f3n de las oportunidades; y lo que ahora notaba no era tanto que estuviera escap\u00e1ndosele su \u00faltima oportunidad, cuanto que ya se le hab\u00eda escapado del todo. Aunque hab\u00eda hecho todo lo que pod\u00eda, a\u00fan no hab\u00eda hecho lo que quer\u00eda. \u00c9se era el desgarro: que, virtualmente, su carrera hab\u00eda llegado a su t\u00e9rmino: era tan violento como una mano brutal en la garganta. Se levant\u00f3 nerviosamente de su asiento, cual criatura invadida por el pavor; luego, en su debilidad, torn\u00f3 a arrellanarse y abri\u00f3 tembloroso la novela. Era un solo volumen: \u00e9l prefer\u00eda los vol\u00famenes \u00fanicos, aspirando a una concisi\u00f3n exquisita. Se puso a leer, y poco a poco, en esa ocupaci\u00f3n, fue sinti\u00e9ndose tranquilizado y serenado. Todo principi\u00f3 a volver a su mente, pero volv\u00eda con asombro; volv\u00eda, sobre todo, con una belleza elevada y radiante. Ley\u00f3 su propia prosa, pas\u00f3 sus propias p\u00e1ginas, y, sentado all\u00ed, con el sol de primavera en sus hojas, sinti\u00f3 una peculiar e intensa emoci\u00f3n. Su carrera se hab\u00eda terminado, sin duda, pero, al menos, se hab\u00eda terminado con aquello.<\/p>\n<p>Durante su enfermedad hab\u00eda olvidado el trabajo del a\u00f1o pasado&#8230; pero lo que m\u00e1s hab\u00eda olvidado era que fuese tan extraordinariamente bueno. Volvi\u00f3 a zambullirse en su narraci\u00f3n, y fue arrastrado a sus profundidades, como por mano de una sirena, hasta donde flotan extra\u00f1os temas silenciosos en el tenue mundo sumergido de la ficci\u00f3n, la gran cisterna esmaltada del arte. Reconoci\u00f3 su tema y se rindi\u00f3 a su propio talento. Seguramente su propio talento nunca se hab\u00eda mostrado tan acendrado como en aquella ocasi\u00f3n. Sus ineptitudes segu\u00edan all\u00ed, pero lo que tambi\u00e9n segu\u00eda all\u00ed, para su percepci\u00f3n, aunque probablemente, \u00a1ay!, para la de nadie m\u00e1s, era la ma\u00f1a con que en la mayor\u00eda de los casos las hab\u00eda remontado. En el sorprendido goce de esa su destreza, entrevi\u00f3 un posible indulto. De seguro que su fuerza a\u00fan no estaba agotada; en ella todav\u00eda quedaba vida y servicio. No le hab\u00eda venido f\u00e1cilmente, hab\u00eda llegado de modo tard\u00edo y esquivo. Era hija del tiempo, nutrida por la dilaci\u00f3n; \u00e9l hab\u00eda luchado y sufrido por ella, realizando incontables sacrificios, y ahora que la misma hab\u00eda madurado de veras, \u00bfiba a cesar de producir, iba a declararse brutalmente derrotada? Para Dencombe hubo una infinita satisfacci\u00f3n en sentir, como jam\u00e1s anteriormente, que la pertinacia vincit omnia. El resultado producido en su librito era, sin saber muy bien c\u00f3mo, un resultado que hab\u00eda rebasado sus prop\u00f3sitos conscientes; no parec\u00eda sino que \u00e9l hubiera plantado su genio, se hubiera fiado de su m\u00e9todo, y ellos hubieran crecido y florecido con esta bonanza. No obstante, aunque el logro hab\u00eda sido genuino, el proceso hab\u00eda sido bastante trabajoso. Lo que tan intensamente ve\u00eda hoy, lo que sent\u00eda como un cuchillo clavado en sus entra\u00f1as, era que s\u00f3lo ahora, en el tramo final, hab\u00eda llegado a la plena posesi\u00f3n de su capacidad. Su desarrollo hab\u00eda sido anormalmente lento, casi grotescamente paulatino. La experiencia lo hab\u00eda estorbado y retardado y, durante luengos per\u00edodos, \u00e9l no hab\u00eda hecho sino buscar el camino a tientas. Se le hab\u00eda ido demasiada parte de su vida en producir demasiado poco de su arte. Por fin el arte hab\u00eda llegado, pero hab\u00eda llegado detr\u00e1s de todo lo dem\u00e1s. A ese ritmo, una sola existencia era demasiado corta: s\u00f3lo lo bastante larga para reunir material, de tal guisa que, para fructificar, para hacer uso de ese material, era menester una segunda existencia, una pr\u00f3rroga. Por esa pr\u00f3rroga fue por lo que suspir\u00f3 el pobre Dencombe. Hojeando las \u00faltimas p\u00e1ginas de su libro se doli\u00f3:<\/p>\n<div>\n<table cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\" align=\"left\">\n<tbody>\n<tr>\n<td align=\"left\" valign=\"top\"><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/div>\n<p>-\u00a1Ah, qui\u00e9n tuviera otra oportunidad! \u00a1Ah, qu\u00e9 no dar\u00eda yo por una ocasi\u00f3n mejor!<\/p>\n<p>Tomado de:<a href=\"http:\/\/www.ciudadseva.com\/textos\/cuentos\/ing\/james\/edad.htm\">http:\/\/www.ciudadseva.com\/textos\/cuentos\/ing\/james\/edad.htm<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Henry James Aquel d\u00eda de abril era templado y luminoso, y el pobre Dencombe, feliz en la presunci\u00f3n de que sus energ\u00edas se recuperaban, estaba parado en el jard\u00edn del hotel, comparando los atractivos de diversos paseos tranquilos, con una parsimonia en la cual, empero, todav\u00eda se echaba de ver cierta laxitud. 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