﻿{"id":2432,"date":"2015-02-07T19:57:10","date_gmt":"2015-02-08T01:57:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=2432"},"modified":"2015-02-23T23:01:58","modified_gmt":"2015-02-24T05:01:58","slug":"las-cosas-bellas-son-dificiles-la-muerte-en-venecia-de-thomas-mann","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2015\/02\/07\/las-cosas-bellas-son-dificiles-la-muerte-en-venecia-de-thomas-mann\/","title":{"rendered":"Las cosas bellas son dif\u00edciles: La muerte en Venecia, de Thomas Mann"},"content":{"rendered":"<p>Por <strong>Antonio L\u00f3pez**<\/strong><\/p>\n<p>Explicar la belleza es por lo regular, caminar por un territorio inexplicable. Vaya paradoja.<\/p>\n<p>Lo sublime, lo excelso, lo que nos conduce a un nivel espiritual; a eso podr\u00eda llam\u00e1rsele belleza y aun as\u00ed, estar\u00edamos lejos de definirla.<a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/files\/2015\/02\/IMG_20150207_184825.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-2433\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/files\/2015\/02\/IMG_20150207_184825-225x300.jpg\" alt=\"IMG_20150207_184825\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/files\/2015\/02\/IMG_20150207_184825-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/files\/2015\/02\/IMG_20150207_184825-769x1024.jpg 769w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Thomas Mann (1875-1955), escritor alem\u00e1n nacido en una cuna de intelectuales, public\u00f3 esta historia en 1912, sobre un artista de edad madura llamado Gustav von Aschenbach, quien ya consumado por el trabajo de su vida, decide abandonar todo y despegar hacia lugares desconocidos. Su decisi\u00f3n, o m\u00e1s bien, necesidad de liberarse, lo conduce a Venecia, ciudad italiana hundida en el esplendor.<\/p>\n<p>Inquieto a su llegada, explora el hotel donde se hospeda, cre\u00e1ndose una rutina tan mon\u00f3tona como satisfactoria. De la playa va a las calles, y de ah\u00ed a su habitaci\u00f3n, descubriendo un poco de tranquilidad en cada recoveco. No est\u00e1 seguro de lo que busca, hasta que cierta ma\u00f1ana se encuentra con un hu\u00e9sped muy especial. Un joven cuya imagen cobra fuerza impronunciable ante sus ojos. Es su piel y su cabello, su mirada y actitud lo que evoca luz y pureza. El chico, de quien poco sabe, se llama Tadrio, o al menos eso ha escuchado.<\/p>\n<p>Al pasar los d\u00edas, el hombre comienza acerc\u00e1rsele, aunque no demasiado, pues es suficiente con s\u00f3lo mirarlo, saboreando cada detalle que se le impregna. Si es amor o deseo, habr\u00e1 espacio para debatirlo, aunque primordialmente es su <em>belleza <\/em>la que le consterna.<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s, surge una alerta de peste en la ciudad, y Aschenbach debe decidir si irse y cortar de tajo este encuentro fant\u00e1stico, o permanecer a riesgo propio.<\/p>\n<p>Mann se abandon\u00f3 totalmente al momento de describir sus sentimientos, poniendo en versos claros aquello que es dif\u00edcil entender. La sensualidad que despierta en Aschenbach, por otra parte, no rinde cuentas en ning\u00fan momento a la concepci\u00f3n de g\u00e9nero, si hay algo que le incomode en todo caso, es sentirse indigno de la belleza de Tadrio, incapaz de retenerla mas que en sus recuerdos, al contemplar su propio cuerpo avejentado y poco atractivo.<\/p>\n<p>Como su t\u00edtulo lo sugiere, hay mucho de tragedia griega en la historia, pues el h\u00e9roe emprende un viaje largo para encontrarse con un destino incierto.<\/p>\n<p><em>La muerte en Venecia<\/em> es una obra que merece toda nuestra atenci\u00f3n, obviamente por su belleza inherente, pero adem\u00e1s por el \u00edmpetu que est\u00e1 reflejado no s\u00f3lo en el personaje, sino en todos nosotros, de querer alcanzarla.<\/p>\n<p><strong>Mann, T. (1912) La muerte en Venecia. M\u00e9xico. Editorial de la Universidad Veracruzana.<\/strong><\/p>\n<p><strong>**<\/strong>Alumno de segundo semestre de la Especialidad en Promoci\u00f3n de la Lectura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Antonio L\u00f3pez** Explicar la belleza es por lo regular, caminar por un territorio inexplicable. Vaya paradoja. Lo sublime, lo excelso, lo que nos conduce a un nivel espiritual; a eso podr\u00eda llam\u00e1rsele belleza y aun as\u00ed, estar\u00edamos lejos de definirla. 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