﻿{"id":34,"date":"2008-02-20T11:20:34","date_gmt":"2008-02-20T17:20:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=34"},"modified":"2012-12-05T16:23:44","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:44","slug":"has-leido-un-buen-libro-ultimamente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2008\/02\/20\/has-leido-un-buen-libro-ultimamente\/","title":{"rendered":"\u00bfHas le\u00eddo un buen libro \u00faltimamente?"},"content":{"rendered":"<p>Todos somos un lector \u00fanico, uno en medio de otros que comparten nuestra misteriosa devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0Alberto Manguel<\/p>\n<p>En el tren, dos muchachas, inmersa cada una en su libro, como si el mundo exterior no existiese, como si cada una se hallase encerrada en la consabida torre de marfil. Inclino la cabeza para alcanzar a leer los t\u00edtulos. Una est\u00e1 leyendo Pot-Bouille de Zola, la otra Lenta biograf\u00eda de Sergio Chejfec. La primera suspira, cierra su volumen, y le dice a su compa\u00f1era: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nto me gustar\u00eda leer un buen libro!\u00bb. La segunda cierra a su vez el suyo y pregunta: \u00abEl que est\u00e1s leyendo \u00bfno es bueno?\u00bb. \u00abEs bueno, pero no bueno para m\u00ed \u00bfme entiendes?\u00bb. Su compa\u00f1era la mira perpleja. \u00abPara m\u00ed\u00bb, le responde, \u00abtodo libro que me gusta es bueno. Los otros los dejo de lado\u00bb.<\/p>\n<p>Libros buenos y libros malos: todo lector lee en un bosque de libros calificados de antemano. Por aqu\u00ed han pasado batallones de Linneos clasificando rigurosamente cada esp\u00e9cimen de sobresaliente sin reservas, de excelencia moderada, de muy bueno, bueno o regular, de malo con reservas, muy malo, abominable. Seg\u00fan el contexto (diletante, universitario, period\u00edstico, de tertulia o comercial) las etiquetas cambian. Buenos son aquellos cl\u00e1sicos, en su mayor parte hoy disfrutados por un pu\u00f1ado de exc\u00e9ntricos arque\u00f3logos, cuyos nombres conocemos epid\u00e9rmicamente. Buenos son los libros premiados en arreglos prenupciales, que sin sorpresa alguna ascienden las gradas de ese ef\u00edmero Parnaso que son las listas de best sellers. Buenos son (\u00e9sta es la definici\u00f3n que busco) las obras que, secretamente, cada lector elige para s\u00ed, como esa que busca la lectora de Zola, so\u00f1ando con un encuentro er\u00f3tico que no querr\u00e1 seguramente compartir con nadie m\u00e1s.<\/p>\n<p><!--more-->\u00a0<\/p>\n<p>La bondad de un cl\u00e1sico reside en su calidad de palimpsesto: mientras m\u00e1s capas de lectura acumula, mejor es, porque mejor, m\u00e1s interesante, m\u00e1s complejo va pareci\u00e9ndole a las sucesivas generaciones que no se resignan a olvidarlo. Cada lector avisado encuentra en \u00e9l aspectos nuevos, vetas no exploradas, sentidos ins\u00f3litos, pero tambi\u00e9n una suerte de familiaridad, una sensaci\u00f3n de reencuentro. Un cl\u00e1sico nos abre puertas inesperadas sobre vistas ya conocidas, paisajes de infancia: leemos en \u00e9l lo que de alguna manera ya estaba en nosotros. La lectora de Zola habr\u00e1 quiz\u00e1s sentido ese \u00abescalofr\u00edo del reconocimiento\u00bb (como lo llamaba Henry James) al encontrarse con ese pasaje en el que el padre de la joven Marie declara no haberle autorizado a su hija la lectura de novelas, salvo el Andr\u00e9 de George Sand, \u00abobra sin peligro, hecha de imaginaci\u00f3n, y que enaltece el alma\u00bb, y se habr\u00e1 permitido una sonrisa como lectora no ya de Zola, sino de Rosa Montero. Y luego, inesperadamente, habr\u00e1 recordado en el final de Rebeli\u00f3n en la granja de Orwell al llegar a la \u00faltima frase de Pot-Bouille, \u00abc&#8217;est cochon et compagnie\u00bb, que resume las 400 p\u00e1ginas del libro y las extiende hacia el futuro.<\/p>\n<p>Su compa\u00f1era, la lectora de Chejfec, admitir\u00eda sin duda esa calidad de palimpsesto, pero quiz\u00e1s agregar\u00eda que, por sobre todo, un cl\u00e1sico es un libro que alaba la pobreza esencial de la materia que lo constituye. Es decir, para ella, un cl\u00e1sico libro que glorifica la maravillosa impotencia del lenguaje que lo escribe. Justamente porque las palabras de las que est\u00e1 hecho no alcanzan nunca a decir lo que la intuici\u00f3n vislumbra, la imaginaci\u00f3n cree concebir, la mente est\u00e1 a punto de comprender, ciertos libros, valerosamente armados, conscientes de sus limitaciones y orgullosos de sus faltas, se prestan, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, a un siempre in\u00e9dito intento de lectura. Precisamente porque en literatura no logra decirse todo (o s\u00f3lo logra decirse muy poco) el lector puede llenar los entrelineados y silencios con batallones de significados y muchedumbres de interpretaciones. \u00abS\u00f3lo palabras son las que yo pongo aqu\u00ed, y \u00fanicamente eso\u00bb, dice el narrador de Chejfec, y el lector sabe que miente. Entre \u00abs\u00f3lo palabras\u00bb y \u00ab\u00fanicamente eso\u00bb est\u00e1 toda la literatura escrita y por escribir.<\/p>\n<p>Mis lectoras viajeras, claro, podr\u00edan ser otras. En lugar de Zola y Chejfec podr\u00edan haber estado leyendo La bodega de Noah Gordon y El guardi\u00e1n de la flor de loto de Andr\u00e9s Pascual. En ese caso, su b\u00fasqueda de lo bueno no necesitar\u00eda extenderse al \u00e1mbito hermen\u00e9utico o ling\u00fc\u00edstico: podr\u00eda limitarse al de las estad\u00edsticas. Una r\u00e1pida consulta de las listas de m\u00e1s vendidos les confirmar\u00eda que los libros que han elegido son efectivamente buenos en un sentido cuantitativo: tienen el voto de la mayor\u00eda o, al menos, han sido promocionados con mayor energ\u00eda por sus editores, o han sido preparados seg\u00fan f\u00f3rmulas alimenticias que pueden llamarse buenas porque alivian el apetito y endulzan el paladar, pero no nutren ni fortalecen. El 10 de diciembre \u00faltimo, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, reuni\u00f3 al sindicato nacional de la edici\u00f3n francesa para proponerles autorizar la publicidad comercial de libros en la televisi\u00f3n, cosa que, por supuesto, s\u00f3lo las grandes editoriales se podr\u00edan costear -y aun ellas s\u00f3lo para sus best sellers-. Sarkozy resumi\u00f3 as\u00ed sus argumentos: \u00abLes dir\u00e9 qu\u00e9 cosa es un buen libro: un buen libro es un libro que se vende bien\u00bb. A lo cual Ralph Waldo Emerson ya hab\u00eda contestado hace casi siglo y medio: \u00abLa gente no merece libros buenos, si es que le deleita tanto los malos\u00bb.<\/p>\n<p>Me doy cuenta ahora de que las dos definiciones previas de libros buenos -libros que el trascurrir de los siglos deja en nuestras bibliotecas y que all\u00ed permanecen, y libros que se agolpan en las tiendas gracias a un vendaval medi\u00e1tico, y que desaparecen casi inmediatamente- adolecen de un destino num\u00e9rico. Son porque muchos han querido que sean para la eternidad, o para un verano. La tercera definici\u00f3n que propongo es m\u00e1s severa, menos popular, m\u00e1s discriminatoria. Sin referirnos a la autoridad y juicios de los lectores que nos han precedido, y haciendo o\u00eddos sordos a las voces que anuncian un cuarto de hora de fama para alg\u00fan t\u00edtulo nuevo, a veces, a solas con un libro, descubrimos que ha sido escrito para nosotros.<\/p>\n<p>Con azoramiento, con regocijo, con gratitud, leemos de pronto en cierto p\u00e1rrafo, en cierta l\u00ednea, la confesi\u00f3n de nuestros secretos m\u00e1s guardados, de nuestros deseos m\u00e1s ocultos, de nuestras intuiciones m\u00e1s indecibles. All\u00ed, entre las cubiertas de ese volumen que el azar (por as\u00ed llamar a ese bibliotecario sagaz y perseverante) ha puesto en nuestras manos, estamos nosotros, singularmente, retratados en letras de fuego. Cl\u00e1sico, best seller, volumen desconocido hallado por casualidad, olvidado compa\u00f1ero de infancia o amigo de un amigo que pens\u00f3 que nos gustar\u00eda leerlo, el libro bueno, el buen libro, en el sentido m\u00e1s profundo que podemos dar al t\u00e9rmino, es aquel que es bueno para ese lector \u00fanico que todos somos, en medio de otros lectores \u00fanicos que comparten nuestra misteriosa devoci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Tomado de El pa\u00eds 16\/02\/2008<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos somos un lector \u00fanico, uno en medio de otros que comparten nuestra misteriosa devoci\u00f3n. \u00a0Alberto Manguel En el tren, dos muchachas, inmersa cada una en su libro, como si el mundo exterior no existiese, como si cada una se hallase encerrada en la consabida torre de marfil. 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