﻿{"id":43,"date":"2008-06-19T13:30:45","date_gmt":"2008-06-19T19:30:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=43"},"modified":"2012-12-05T16:23:43","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:43","slug":"el-telefono-es-muy-frio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2008\/06\/19\/el-telefono-es-muy-frio\/","title":{"rendered":"El tel\u00e9fono es muy fr\u00edo"},"content":{"rendered":"<p><em>Por Juan Villoro<\/em><\/p>\n<p>El principal medio de comunicaci\u00f3n de los mexicanos es la comida. El correo, el fax, internet y la telefon\u00eda se consideran recursos preparatorios para llegar al guiso humeante. Eso s\u00ed, cuando la reuni\u00f3n dura menos de dos horas se declara inexistente.<\/p>\n<p>La comida r\u00e1pida nos sume en la m\u00e1s aguda depresi\u00f3n. Comer de prisa es una derrota social. Pero hay algo que nos parece peor: comer a solas. Nos resistimos a ser los \u00fanicos inquilinos de una mesa y caer en la condici\u00f3n de los descastados que son vistos por los otros con cara de misericordia: \u00ab\u00a1a su edad y sin nadie que lo acompa\u00f1e!\u00bb<\/p>\n<p>Recuerdo la tarde dram\u00e1tica en que un conocido remoto se acerc\u00f3 a la mesa donde com\u00eda con varios amigos y confes\u00f3 como si hubiera contra\u00eddo una sospechosa enfermedad en Polinesia: \u00abme dejaron plantado\u00bb. Sus ojos ped\u00edan rescate y le dimos asilo. La reuni\u00f3n fue un desastre: el entenado profesaba una cosmogon\u00eda ajena a la tribu que part\u00eda el queso en la mesa.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Aunque todo mexicano est\u00e1 dispuesto a ser hospitalario hasta la ignominia, en casos como el que acabo de describir uno queda p\u00e9simo con los amigos: \u00abA ver cu\u00e1ndo nos presentas a otro cuate\u00bb, dicen las mismas personas que lo recibieron como Cascos Azules de la ONU cuando no conoc\u00edan las horrorosas cosas que pensaba.<\/p>\n<p>El extranjero es para nosotros la regi\u00f3n infausta donde un hombre almuerza a solas y parece muy contento. Para ponernos a salvo de esa extravagancia, somos sociables hasta el desastre.<\/p>\n<p>Aunque la convivencia forzada es una molesta forma de la pluralidad, la ejercemos para refutar a Sartre, el sufrido mis\u00e1ntropo que dijo: \u00abEl infierno son los otros\u00bb. En esta parte del planeta, el averno se llama soledad.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 sucede cuando una comunidad estructurada en torno a los efectos de 300 chiles llega al siglo XXI? Si en Estados Unidos los Padres Fundadores aclararon que la felicidad se basa en el libre ejercicio de los bienes, en M\u00e9xico, donde los mensajes son m\u00e1s oscuros, la felicidad se basa en que el hombre coma en compa\u00f1\u00eda, y que lo haga despacio y sentado (o al menos en cuclillas).<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n asist\u00ed a un coctel donde un eminente jurista mexicano se ofendi\u00f3 cuando le acercaron una charola con canap\u00e9s: \u00ab\u00a1Yo no estudi\u00e9 para comer de pie!\u00bb, exclam\u00f3. Como esto ocurr\u00eda en Par\u00eds, pocos entendieron que expresaba a cabalidad una ley de nuestra jurisprudencia gastron\u00f3mica. \u00ab\u00bfQui\u00e9n es este hist\u00e9rico?\u00bb, me pregunt\u00f3 un franc\u00e9s no iniciado en la antropolog\u00eda nacional.<\/p>\n<p>Pasemos ahora a un tema posmoderno: la velocidad de las costumbres. Tenemos guisos deliciosos, como el estofado de Juchit\u00e1n o la cochinita pibil, cuyas recetas comienzan tres d\u00edas antes de que se sirva la comida; consideramos que la buena educaci\u00f3n lleva a probar al menos dos veces de todo (el que no repite, ofende), y estamos convencidos de que el primero que se pone de pie es un pat\u00e1n. \u00bfC\u00f3mo conciliar esto con una \u00e9poca donde hay horarios de oficina?<\/p>\n<p>El asunto nos lleva al contraste que tanto le interesa a los soci\u00f3logos entre comunidad y sociedad. Nuestro ritmo gregario se opone a las exigencias del trato c\u00edvico. La comida no ha dejado de ser para nosotros un uso tribal, donde el patriarca tiene privilegios de cuchara y los afectos s\u00f3lo se consideran aut\u00e9nticos si duran lo mismo que la digesti\u00f3n. Se trata, a no dudarlo, de una comuni\u00f3n con tintes religiosos. El problema es que esta entra\u00f1able costumbre se origin\u00f3 cuando la unidad de medida del tiempo era el mestizaje y se mantiene intacta en una \u00e9poca de v\u00e9rtigo.<\/p>\n<p>Hay muchos modos de ser mexicano, pero todos ellos comparten la creencia de que el que come r\u00e1pido y a solas es un infeliz.<\/p>\n<p>Para remediar la contradicci\u00f3n entre la necesidad de rendir y la urgencia superior de platicar entre tostada y tostada, nos hemos convencido de que la comida es una forma de la eficacia. La \u00fanica manera de llegar a un acuerdo -ya sea afectivo o profesional- consiste en compartir la mesa del tequila al pluscaf\u00e9. Las llamadas y los mails son meras tentativas para acercarse al momento en que un plato de gusanos de maguey significa que empezamos a coincidir.<\/p>\n<p>El horario perfecto para acordar algo por medio del pipi\u00e1n son las tres de la tarde, pero la vida moderna tiene demasiadas exigencias y siempre quedan asuntos pendientes. Esto extiende las funciones c\u00edvicas de la gastronom\u00eda a la cena y el desayuno. Me detengo en este \u00faltimo h\u00e1bito, que supongo tomado de la Revoluci\u00f3n mexicana, cuando hab\u00eda que madrugar para comer huevos con machaca y luego tomar Zacatecas (s\u00f3lo volv\u00edan a probar bocado quienes segu\u00edan vivos por la noche).<br \/>\nLlego a una pregunta decisiva: \u00bfpuede la indigesti\u00f3n coexistir con el rendimiento? Respondo como quien lanza otra tortilla al comal: por supuesto que s\u00ed. Nuestros platillos representan un intrincado sistema de signos; no se trata de masticarlos y nada m\u00e1s, sino de tramitarlos con sabroso esmero. Si nuestra comida no fuera compleja dif\u00edcilmente le conceder\u00edamos importancia: todo ritual depende de exigencias. \u00bfQu\u00e9 m\u00e9rito social tiene comer papaya?<\/p>\n<p>Cuando alguien dice \u00abvoy a un desayuno de trabajo\u00bb se refiere menos a los socios que encontrar\u00e1 en la mesa que a la abnegada faena de comer crepas de huitlacoche o tacos de chilorio.<\/p>\n<p>Hay pa\u00edses ex\u00f3ticos donde la comida se considera una necesidad o un placer. En M\u00e9xico es un acto de jurisprudencia. S\u00f3lo sabemos que alguien nos contrata o que alguien nos quiere de verdad si lo dice mientras un bocado nos arde en la boca.<\/p>\n<p>Dos colegas que se detestan nunca se relacionar\u00e1n mejor que cuando se pasan la cesta de las tortillas en la mesa. Por si quedara duda de cu\u00e1l es nuestro principal medio de comunicaci\u00f3n, en as bocinas de los restaurantes suele aparecer una canci\u00f3n que dice: \u00abEl tel\u00e9fono es muy fr\u00edo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p><em>Tomado de Peri\u00f3dico Reforma<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Juan Villoro El principal medio de comunicaci\u00f3n de los mexicanos es la comida. El correo, el fax, internet y la telefon\u00eda se consideran recursos preparatorios para llegar al guiso humeante. Eso s\u00ed, cuando la reuni\u00f3n dura menos de dos horas se declara inexistente. La comida r\u00e1pida nos sume en la m\u00e1s aguda depresi\u00f3n. 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