﻿{"id":468,"date":"2009-02-18T09:15:00","date_gmt":"2009-02-18T15:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=468"},"modified":"2012-12-05T16:23:37","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:37","slug":"hitler-lector","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2009\/02\/18\/hitler-lector\/","title":{"rendered":"Un lector llamado Adolf Hitler"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-family: Arial\"><span style=\"font-size: small\">Jacinto Anton<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-family: Arial\"><span style=\"font-size: small\">\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/lectores\/images\/hitler.jpg\" alt=\"\" width=\"346\" height=\"192\" \/><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-family: Arial\"><span style=\"font-size: small\">Hitler quemaba libros, pero tambi\u00e9n los le\u00eda. Que hiciera ambas cosas -adem\u00e1s de desatar la II Guerra Mundial y ordenar el exterminio de los jud\u00edos- lo convierte en un lector muy especial. Su relaci\u00f3n con los libros, incluso con los que no quemaba, no era amable. Hitler, incapaz de relaciones profundas y sinceras de amor o amistad -hasta las que sent\u00eda por Eva Braun y por su perra alsaciana <em>Blondie<\/em> eran afectos envenenados, y valga la palabra-, tampoco iba a tener ese cari\u00f1o por los libros, que es el sello de los bibli\u00f3filos decentes.<\/span><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><span style=\"font-size: small\"><!--more--><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\"><span style=\"font-size: small\">Igual que hac\u00eda con los pa\u00edses, las instituciones y las personas, Hitler depredaba los libros. \u00c9sa era su forma de leerlos: como invadir Polonia. \u00c9l mismo explic\u00f3 su m\u00e9todo de lectura abusivo y oportunista en <em>Mein Kampf.<\/em> \u00abLeer no es un fin en s\u00ed mismo, sino un medio para un fin\u00bb. Se trataba, dijo, de rellenar un mosaico previamente dibujado con las \u00abpiedrecitas\u00bb que le proporcionaban los libros.<\/p>\n<p>La lectura no le serv\u00eda, en general, sino para llevar agua al molino de sus ideas y para confirmar opiniones que ya ten\u00eda. Era una pr\u00e1ctica puramente instrumental -\u00abtomo de los libros lo que necesito\u00bb, dijo-. No le\u00eda nunca por placer. Y el caso es que era un lector compulsivo, que le\u00eda mucho, vamos. \u00abLos libros eran su mundo\u00bb, escribi\u00f3 su amigo de juventud August Kubizek. El joven Hitler lleg\u00f3 a Viena pobre como una rata pero con cuatro cajas llenas de libros. Luego, en su \u00e9poca de agitaci\u00f3n pol\u00edtica, cuando no estaba pronunciando discursos o haraganeando por las cervecer\u00edas de M\u00fanich en malas compa\u00f1\u00edas (!), se pasaba el tiempo leyendo. \u00abClaro que leer mucho no significa leer bien. Sus lecturas fueron asistem\u00e1ticas\u00bb, subraya Ian Kershaw en su monumental biograf\u00eda <em>(Hitler,<\/em> Pen\u00ednsula). \u00abLeer no era algo que hiciese para ilustrarse o para aprender, sino para confirmar prejuicios\u00bb. Kershaw pone en duda, adem\u00e1s, que Hitler leyera lo que hay que leer. Parece que de los cl\u00e1sicos y de la buena literatura consumi\u00f3 m\u00e1s bien poquito. No le gustaba la novela. En cambio, se pirraba por el subg\u00e9nero antisemita (lo que no nos sorprende), tipo <em>El jud\u00edo internacional <\/em>de Henry Ford o <em>La amoralidad en el Talmud;<\/em> le gustaban mucho las enciclopedias y los almanaques, de los que pod\u00eda extraer, para impresionar, mucha informaci\u00f3n en poco tiempo, y los libros de ocultismo. Se ha se\u00f1alado entre sus libros, y no es broma, <em>El arte de convertirse en orador en pocas horas.<\/em><\/p>\n<p>Ten\u00eda debilidad, quiz\u00e1 su \u00fanico rasgo sincero como lector aparte del gusto por los relatos del explorador Sven Hedin, por las novelas del Oeste de Karl May. Pero incluso \u00e9stas las utilizaba para dar la brasa a sus generales. Les pon\u00eda como ejemplo de habilidad t\u00e1ctica al h\u00e9roe apache de May, lo que ha de ser desconcertante cuando mandas una divisi\u00f3n P\u00e1nzer en el C\u00e1ucaso. Menos simp\u00e1tico es que conservara un manual de 1931 sobre el gas venenoso, con un cap\u00edtulo dedicado a los efectos del \u00e1cido pr\u00fasico, comercializado como Zyklon B&#8230;<\/p>\n<p>Se ha escrito mucho sobre la biblioteca de Hitler, de unos 16.000 vol\u00famenes (de hecho tuvo varias, localizadas en diferentes sitios), su composici\u00f3n, las obras que en realidad ley\u00f3 (muchos libros de su \u00e9poca de canciller y <em>f\u00fchrer<\/em> permanecieron sin abrir) y las que contribuyeron a afirmar sus (malas) ideas. Ahora un libro apasionante, <em>Hitler&#8217;s private library, the books that shaped his life (La biblioteca privada de Hitler, los libros que moldearon su vida;<\/em> Nueva York, 2008), de Timothy W. Ryback, rastrea con habilidad detectivesca y pulso literario en el ecl\u00e9ctico fondo bibliogr\u00e1fico del l\u00edder nazi las obras que pudieron ser decisivas, por su significaci\u00f3n emocional o intelectual, en la vida del Hitler lector.<\/p>\n<p>Ryback ilumina al tiempo la relaci\u00f3n del personaje con los libros y el destino de su biblioteca (1.200 se conservan en la Biblioteca del Congreso en Washington, otro fondo est\u00e1 en la Brown University en Providence; un conjunto anda perdido por Rusia). El autor, que se ha sumergido f\u00edsicamente en libros le\u00eddos y hasta subrayados y anotados por el propio Hitler -una experiencia inquietante: en uno encontr\u00f3 incluso un pelo de bigote-, explica que \u00e9ste le\u00eda vorazmente, a veces un libro por noche (a Eva Braun le ca\u00edan broncas cuando interrump\u00eda, aunque fuera en <em>d\u00e9shabill\u00e9;<\/em> por cierto, parece que hab\u00eda poca pornograf\u00eda en la biblioteca de Hitler, aunque se menciona un libro sobre el teatro espa\u00f1ol \u00abcon dibujos y fotograf\u00edas obscenos\u00bb). Pero su lectura era superficial y azarosa, en buena parte para alimentar sus m\u00edtines, diatribas y peroratas.<\/p>\n<p>En su retiro alpino del Berghof ten\u00eda las obras completas de Shakespeare y parece que no ley\u00f3 s\u00f3lo <em>El mercader de Venecia,<\/em> pues hac\u00eda citas de <em>Hamlet<\/em> y, sobre todo, de <em>Julio C\u00e9sar<\/em> -\u00abNos volveremos a ver en Philipos\u00bb, espetaba bravuc\u00f3n a sus rivales pol\u00edticos-.<\/p>\n<p><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\"><span style=\"font-size: small\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"http:\/\/www.elpais.com\/recorte\/20090216elpepicul_1\/XLCO\/Ies\/20090216elpepicul_1.jpg\" alt=\"\" width=\"295\" height=\"304\" \/><\/span><\/span>La aventura de Ryback entre los libros de Hitler arranca con las lecturas de \u00e9ste en las trincheras durante la guerra del 14 y acaba con el misterio del volumen que ten\u00eda en la mesita de su habitaci\u00f3n en el <em>F\u00fchrerbunker<\/em> de Berl\u00edn cuando se suicid\u00f3: se conserva una foto, pero no se distingue el t\u00edtulo. Entre las obras que sabemos que le acompa\u00f1aron en sus \u00faltimos momentos figuran una historia de la esv\u00e1stica, un ensayo sobre <em>Parsifal<\/em> y otro sobre las profec\u00edas de Nostradamus. El recorrido de Ryback por los libros significativos de Hitler incluye una traducci\u00f3n de <em>Peer Gynt<\/em> regalada y dedicada por su siniestro mentor Dietrich Eckart, y Feuer und Blut de J\u00fcnger, dedicado en 1926 por el propio autor \u00abal <em>f\u00fchrer<\/em> nacional Adolf Hitler\u00bb -vaya, vaya, Ernst-, y en el que Hitler, que quer\u00eda escribir sus propias experiencias de combatiente en la I Guerra Mundial, subray\u00f3 pormenorizadamente pasajes sobre la guerra y los efectos de la matanza en el esp\u00edritu. Pese a lo que hac\u00eda creer, Hitler ley\u00f3 poco a Nietzsche, a Schopenhauer -cuyo nombre escrib\u00eda mal- o a Fitchte. Lo que Ryback encuentra en el canon hitleriano -los ladrillos fundamentales de su pensamiento <em>filos\u00f3fico-<\/em> es una serie de repulsivas obras racistas y unos libros de ocultismo y seudociencia (como <em>Magia: historia, teor\u00eda y pr\u00e1ctica,<\/em> de Ernst Schretel, que Hitler subray\u00f3 profusamente). En cuanto a los libros militares, Ryback destaca una biograf\u00eda de Schlieffen, el genio prusiano (es curioso que Hitler subrayase las consideraciones del t\u00e1ctico sobre los peligros para Alemania de luchar en dos frentes), un pr\u00e1ctico manual de identificaci\u00f3n de tanques y varias obras sobre Federico el Grande, especialmente la biograf\u00eda de Carlyle.<\/p>\n<p>Hitler, por supuesto, no s\u00f3lo fue lector, sino tambi\u00e9n autor. Un cap\u00edtulo del libro de Ryback est\u00e1 dedicado al <em>Mein Kampf,<\/em> que inicialmente ten\u00eda un t\u00edtulo con mucho menos <em>punch:<\/em> <em>Cuatro a\u00f1os y medio de batalla contra las mentiras, la estupidez y la cobard\u00eda;<\/em> dif\u00edcil de recordar cuando vas a encargarlo, sobre todo si eres de las SA&#8230;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\">\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt\"><span style=\"font-family: Arial\"><span style=\"font-size: small\">Tomado de: \u201cEl pa\u00eds\u201d 16\/02\/2009<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jacinto Anton \u00a0 Hitler quemaba libros, pero tambi\u00e9n los le\u00eda. 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