﻿{"id":492,"date":"2009-03-10T11:31:06","date_gmt":"2009-03-10T17:31:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=492"},"modified":"2012-12-05T16:23:37","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:37","slug":"historia-libro-bolsillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2009\/03\/10\/historia-libro-bolsillo\/","title":{"rendered":"Lecturas liliputienses"},"content":{"rendered":"<div><span lang=\"ES-MX\"><span style=\"font-size: small;font-family: Calibri\"><span lang=\"ES-MX\"><span><span><strong>Alberto Manguel<\/strong> (Buenos Aires, 1948)<\/span><\/span><\/span><\/span><\/span><\/div>\n<div><span lang=\"ES-MX\"><span style=\"font-size: small;font-family: Calibri\"><span lang=\"ES-MX\"><span><span><br \/>\n<\/span><\/span><\/span><\/span><\/span><\/div>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\"><span style=\"font-size: 12pt;font-family: Arial\" lang=\"ES-MX\"><a href=\"http:\/\/media.elsiglodetorreon.com.mx\/i\/2008\/02\/49682.jpeg\"><\/a><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignleft\" src=\"http:\/\/media.elsiglodetorreon.com.mx\/i\/2008\/02\/49682.jpeg\" alt=\"\" width=\"203\" height=\"288\" \/>Dos caracter\u00edsticas esenciales definen el libro de bolsillo: su d\u00f3cil tama\u00f1o y su voluntad n\u00f3mada. Es por eso que el santo patr\u00f3n de los libros de bolsillo es (o deber\u00eda ser) un tal Lemuel Gulliver, viajero infatigable y minucioso cronista del min\u00fasculo reino de Liliput. Discreto, m\u00f3vil, manuable, modesto, el libro de bolsillo es, de toda la biblioteca, el que m\u00e1s se pliega a la voluntad del lector. Porque es port\u00e1til, no exige que se lea en un lugar determinado, como los elefantinos vol\u00famenes de una enciclopedia; porque es barato, no provoca en el lector que quiere garabatear en sus m\u00e1rgenes el sentimiento de l\u00e8se majest\u00e9 que causan sus m\u00e1s aristocr\u00e1ticos hermanos de tapa dura; porque es peque\u00f1o, no desde\u00f1a el bolso ni, obviamente, el bolsillo, y se deja llevar a la cama como el m\u00e1s d\u00f3cil de los enamorados.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\"><span style=\"font-size: 12pt;font-family: Arial\" lang=\"ES-MX\"><!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\"><span style=\"font-size: 12pt;font-family: Arial\" lang=\"ES-MX\">A pesar de su modestia, su nacimiento es prestigioso. Siglos despu\u00e9s de que la tableta de arcilla cediese paso al rollo, los primeros cristianos, temiendo ser vistos con un texto sagrado prohibido, plegaron el papiro o pergamino de manera que pudiese ser ocultado bajo la ropa. As\u00ed fueron creados los primeros libros de bolsillo, para proteger, dicen ciertos historiadores, la palabra del nuevo dios. Otros prefieren pensar que fue Julio C\u00e9sar quien enviaba plegadas en forma de librito sus cartas personales, inventando as\u00ed los primeros tascabili. Sea como fuera, el libro de bolsillo precede al libro de tama\u00f1o mayor como una suerte de modelo visionario, anticipando las gu\u00edas de tel\u00e9fono y los antifonarios. M\u00e1s tarde, cuando el c\u00f3dex reemplaz\u00f3 definitivamente al rollo, el prestigio del texto requiri\u00f3 tama\u00f1os cada vez m\u00e1s inmensos y, como de minimus non curat lex, las leyes y decretos oficiales de la Edad Media desde\u00f1aron el aspecto pr\u00e1ctico del libro de bolsillo y exigieron formatos descomunales e inc\u00f3modos. Las otras artes siguieron el ejemplo de las legales y el libro de bolsillo fue relegado al servilismo de algunos breviarios y libros de horas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\"><span style=\"font-size: 12pt;font-family: Arial\" lang=\"ES-MX\">Fue al poco tiempo de la invenci\u00f3n de la imprenta, que en Venecia el genial editor Aldo Manucio tuvo la idea de redimir el prestigio perdido del libro de bolsillo creando una colecci\u00f3n de cl\u00e1sicos exquisitamente elaborados. Su intenci\u00f3n fue la de poner en manos de todo lector, por m\u00e1s humilde que fuera, las obras maestras griegas y latinas. En parte tuvo \u00e9xito: en el Cat\u00e1logo de precios de las prostitutas de Venecia del a\u00f1o 1535 aparece una tal Lucrezia Squarcia entre cuyas virtudes se alaba la de haber le\u00eddo a Petrarca, Virgilio y \u00aba veces hasta a Homero\u00bb en las ediciones Aldinas de bolsillo. Sin embargo, los libros de Manucio resultaron tan bellos que los arist\u00f3cratas acabaron compr\u00e1ndolos para adornar sus bibliotecas; por eso hoy pueden hallarse numerosos ejemplares inmaculados, que no fueron nunca abiertos por sus supuestos lectores.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\"><span style=\"font-size: 12pt;font-family: Arial\" lang=\"ES-MX\">La popularidad de los libros de bolsillo baja y sube peri\u00f3dicamente y no siempre es bien acogida. Cuando en 1935 el editor ingl\u00e9s Allen Lane lanz\u00f3 los primeros Penguin Books, George Orwell (a quien ser\u00eda dif\u00edcil tachar de elitista) dijo que si bien, como lector, aplaud\u00eda el proyecto, como escritor le resultaba odioso \u00abporque esta oleada de reimpresiones baratas acabar\u00e1 con la biblioteca de pr\u00e9stamo (madre adoptiva del novelista) y frenar\u00e1 la producci\u00f3n de obras nuevas\u00bb. Orwell se equivoc\u00f3. El libro de bolsillo no acab\u00f3 con la biblioteca de pr\u00e9stamo (el culpable de su lenta agon\u00eda es, ya se sabe, la industria electr\u00f3nica) y, lejos de frenar la producci\u00f3n de obras nuevas, permiti\u00f3 que \u00e9stas se publicaran de manera m\u00e1s econ\u00f3mica, sin pasar obligatoriamente por la aristocracia de la tapa dura. Hoy los libros de bolsillo reinan supremos, tanto entre sus cong\u00e9neres de librer\u00eda como entre las morcillas y pantuflas del supermercado, ofreciendo al lector que busca un discreto compa\u00f1ero de ruta todo tipo de aventuras, desde los periplos m\u00e1s imb\u00e9ciles hasta los cl\u00e1sicos viajes del perspicaz Lemuel Gulliver.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\"><strong><span style=\"font-family: Arial\" lang=\"ES-MX\"><span style=\"font-size: small\">Tomado de:<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 10pt;line-height: normal;text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\" lang=\"ES-MX\"><span style=\"font-size: small\">Todos los hombres son mentirosos (RBA, 2008)<\/span><\/span><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) \u00a0 Dos caracter\u00edsticas esenciales definen el libro de bolsillo: su d\u00f3cil tama\u00f1o y su voluntad n\u00f3mada. 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