﻿{"id":59,"date":"2008-08-25T09:35:36","date_gmt":"2008-08-25T15:35:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=59"},"modified":"2012-12-05T16:23:42","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:42","slug":"el-viaje-del-elefante-fragmento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2008\/08\/25\/el-viaje-del-elefante-fragmento\/","title":{"rendered":"El viaje del elefante &#8211; Fragmento"},"content":{"rendered":"<p><em>Por Jos\u00e9 Saramago<\/em><\/p>\n<p>No sopla viento, sin embargo la niebla parece moverse en lentos torbellinos como si el propio b\u00f3reas en persona, la estuviera soplando desde el m\u00e1s rec\u00f3ndito norte y desde los hielos eternos. Lo que no est\u00e1 bien, lo confesamos, es que, en situaci\u00f3n tan delicada como \u00e9sta, alguien venga y se ponga a sacarle lustre a la prosa para a\u00f1adirle algunos reflejos po\u00e9ticos sin asomo de originalidad. A esta hora los compa\u00f1eros de la caravana ya han notado la falta del ausente, dos se han declarado voluntarios para retroceder y salvar al desdichado naufrago, y eso ser\u00eda muy de agradecer si no fuese por la fama de poltr\u00f3n que le quedar\u00eda para el resto de su vida, Imag\u00ednense, dir\u00eda la voz p\u00fablica, el tipo all\u00ed sentado, esperando que apareciese alguien a salvarlo, hay gente que no tiene ninguna verg\u00fcenza. Es verdad que estuvo sentado, pero ahora ya se ha puesto en pie y ha dado valientemente el primer paso, la pierna derecha primero, para exorcizar los maleficios del destino y de sus poderosos aliados, la suerte y la casualidad, la pierna izquierda de repente dubitativa, y no era caso para menos, pues el suelo ha dejado de verse, como si una nueva marea de niebla hubiese comenzado a subir. Al tercer paso ya no consigue ver ni siquiera sus propias manos extendidas hacia delante, como para proteger la nariz del choque contra una puerta inesperada. Fue entonces cuando se le present\u00f3 otra idea, la de que el camino tuviera curvas a un lado y a otro, y que el rumbo adoptado, una l\u00ednea que no s\u00f3lo quer\u00eda ser recta, una l\u00ednea que tambi\u00e9n quer\u00eda mantenerse constante en esa direcci\u00f3n, acabara conduci\u00e9ndolo a p\u00e1ramos donde la perdici\u00f3n de su ser, tanto la del alma como la del cuerpo, estar\u00eda asegurada, en el \u00faltimo caso con consecuencias inmediatas. Y todo esto, oh suerte malvada, sin un perro para enjugarle las l\u00e1grimas cuando el gran momento llegase. Todav\u00eda pens\u00f3 en volver atr\u00e1s, pedir abrigo en la aldea hasta que el banco de niebla se deshiciera por s\u00ed mismo, pero, perdido el sentido de orientaci\u00f3n, confundidos los puntos cardinales como si estuviese en un espacio exterior del que nada supiera, no encontr\u00f3 mejor respuesta que sentarse otra vez en el suelo y esperar que el destino, la casualidad, la suerte, cualquiera de ellos o todos juntos, trajeran a los abnegados voluntarios hasta el min\u00fasculo palmo de tierra en que se encontraba, como una isla en el mar oc\u00e9ano, sin comunicaciones. Con m\u00e1s propiedad, una aguja en un pajar.<\/p>\n<p><!--more-->Al cabo de tres minutos, dorm\u00eda. Extra\u00f1o animal es este bicho hombre, tan capaz de tremendos insomnios por culpa de insignificancias como de dormir a pierna suelta en v\u00edsperas de la batalla. As\u00ed sucedi\u00f3. Entr\u00f3 en el sue\u00f1o, y es de creer que todav\u00eda hoy estar\u00eda durmiendo si salom\u00f3n no hubiera soltado, de repente, en cualquier lugar de la niebla, un barrito atronador cuyos ecos podr\u00edan haber llegado hasta las distantes orillas del ganges. Aturdido por el brusco despertar, no consigui\u00f3 distinguir en qu\u00e9 direcci\u00f3n podr\u00eda estar el emisor sonoro que hab\u00eda decidido salvarlo de un congelamiento fatal, o peor a\u00fan, de ser devorado, porque esto es tierra de lobos, y un hombre solo y desarmado no tiene salvaci\u00f3n ante una jaur\u00eda o un simple ejemplar de la especie. La segunda llamada de salom\u00f3n fue m\u00e1s potente a\u00fan que la primera, comenz\u00f3 siendo una especie de gorgoteo sordo en los abismos de la garganta, como un redoble de tambores, a la que inmediatamente sucedi\u00f3 el clangor sincopado que forma el grito de este animal. El hombre ya va atravesando la bruma como un caballero disparando la carga, de lanza en ristre, mientras mentalmente implora, Otra vez, salom\u00f3n, por favor, otra vez. Y salom\u00f3n le respondi\u00f3, solt\u00f3 un nuevo barrito, menos fuerte, como de simple confirmaci\u00f3n, porque el naufrago que era ya dejaba de serlo, ya se va acercando, aqu\u00ed est\u00e1 el carro de intendencia de la caballer\u00eda, no se le<span>\u00a0 <\/span>pueden distinguir los pormenores porque las cosas y las personas son como borrones indistintos, otra idea se nos ocurre ahora, bastante m\u00e1s inc\u00f3moda, supongamos que esta niebla es de las que corroen las pieles, la de las personas, la de los caballos, la del propio elefante, pese a su grosor, que no hay tigre que le meta el diente, las nieblas no son todas iguales, un d\u00eda se gritar\u00e1, gas, y ay de aquel que no lleve en la cabeza una celada bien ajustada. A un soldado que pasa, llevando el caballo de las riendas, el naufrago le pregunta si los voluntarios ya han regresado de la misi\u00f3n de salvamento y rescate, y \u00e9ste respondi\u00f3 a la interpelaci\u00f3n con una mirada de desconfianza, como si tuviera delante a un provocador, que haberlos los hab\u00eda en abundancia en el siglo diecis\u00e9is, basta consultar los archivos de la inquisici\u00f3n, diciendo secamente, D\u00f3nde has ido a buscar esas fantas\u00edas, aqu\u00ed no ha habido ninguna petici\u00f3n de voluntarios, con una niebla as\u00ed la \u00fanica actitud sensata es la que adoptamos, mantenernos juntos hasta que se levantara por s\u00ed misma, adem\u00e1s, pedir voluntarios no es muy del estilo del comandante, en general se limita a apuntar t\u00fa, t\u00fa y t\u00fa, vosotros, adelante, marcha, el comandante dice que, h\u00e9roes, h\u00e9roes, o vamos a serlos todos, o nadie. Para hacer m\u00e1s evidente las ganas de acabar la conversaci\u00f3n, el soldado subi\u00f3 r\u00e1pidamente sobre el caballo, dijo hasta luego y desapareci\u00f3 en la niebla. No iba satisfecho consigo mismo. Hab\u00eda dado explicaciones que nadie le pidi\u00f3, realizado comentarios para los que no estaba autorizado. Sin embargo, le tranquilizaba el hecho de que el hombre, aunque no parec\u00eda tener el f\u00edsico adecuado, deber\u00eda pertenecer, otra posibilidad no cab\u00eda, que se sepa, al grupo de los que fueron contratados para ayudar a tirar y empujar los carros de bueyes en los pasos dif\u00edciles, gente de pocas hablas y, en principio, de escas\u00edsima imaginaci\u00f3n. En principio, d\u00edgase as\u00ed, porque al hombre perdido en la niebla imaginaci\u00f3n no parece haberle faltado, vista la ligereza con que sac\u00f3 de la nada, de lo no acontecido, los voluntarios que deber\u00edan haber acudido a salvarlo. Afortunadamente para su credibilidad p\u00fablica, el elefante es otra cosa. Grande, enorme, barrigudo, con una voz capaz de asustar a los menos timoratos y una trompa como no la tiene ning\u00fan otro animal de la creaci\u00f3n, el elefante nunca podr\u00eda ser producto de una imaginaci\u00f3n, por muy f\u00e9rtil y propensa al riesgo que fuese. El elefante, simplemente, o exist\u00eda, o no exist\u00eda. Es por tanto hora de visitarlo, hora de agradecerle la energ\u00eda con que us\u00f3 la salvadora trompeta que dios le dio, si ese sitio fuera el valle de josefat habr\u00edan resucitado los muertos, pero siendo s\u00f3lo lo que es, un pedazo bruto de tierra portuguesa ahogado por la niebla donde alguien, quien, estuvo apunto de morir de fr\u00edo y de abandono, diremos, para no perder del todo la trabajosa comparaci\u00f3n en que nos metimos, que hay resurrecciones tan bien administradas que llega a ser posible su ejecuci\u00f3n antes de que le sucedan al propio sujeto. Era como si el elefante hubiese pensado, Ese pobre diablo va a morir, voy a resucitarlo. Y aqu\u00ed tenemos al pobre diablo deshaci\u00e9ndose en agradecimientos, jurando gratitud para toda la vida, hasta que el cornaca se decidi\u00f3 a preguntarle, Qu\u00e9 es lo que el elefante ha hecho para que le est\u00e9s tan agradecido, De no ser por \u00e9l, yo habr\u00eda muerto de fr\u00edo o habr\u00eda sido devorado por los lobos, Y c\u00f3mo consigui\u00f3 eso, si no ha salido de aqu\u00ed desde que se despert\u00f3, No ha necesitado salir de aqu\u00ed, fue suficiente que soplara su trompeta, yo estaba perdido en la niebla y fue su voz la que me salv\u00f3, Si alguien puede hablar de las obras y de los hechos de salom\u00f3n, soy yo, que para eso soy su cornaca, por tanto no vengas con esas tretas de que has o\u00eddo un barrito, Un barrito, no, los barritos que estas orejas que la tierra ha de comerse fueron tres. El cornaca pens\u00f3, Este fulano est\u00e1 loco de atar, se le fue la cabeza con la fiebre de la niebla, eso es lo m\u00e1s seguro, de casos semejantes se ha o\u00eddo hablar, Despu\u00e9s, en voz alta, Para no quedarnos aqu\u00ed discutiendo barrito s\u00ed, barrito no, barrito quiz\u00e1s, preg\u00fantale a esos hombres que vienen por ah\u00ed si han o\u00eddo algo. A los hombres, tres bultos cuyos difusos contornos parec\u00edan oscilar y temblar a cada paso, daban inmediatas ganas de preguntarles, Ad\u00f3nde quer\u00e9is ir con semejante tiempo. Sabemos que no era \u00e9sta la pregunta que el man\u00edaco de los barritos les hac\u00eda en este momento, y sabemos la respuesta que le estaban dando. Lo que no sabemos es si alguna de estas cosas est\u00e1n relacionadas unas con otras, y cu\u00e1les, y c\u00f3mo. Lo cierto es que el sol, como una inmensa escoba luminosa, rompi\u00f3 de repente la niebla y la empuj\u00f3 a lo lejos. El paisaje se hizo visible en aquello que siempre hab\u00eda sido, piedras, \u00e1rboles, barrancos, monta\u00f1as. Los tres hombres ya no est\u00e1n aqu\u00ed. El cornaca abre la boca para hablar, pero vuelve a cerrarla. El man\u00edaco de los barritos comenz\u00f3 a perder consistencia y volumen, a encogerse, se hizo redondo, transparente como una pompa de jab\u00f3n, si es que los p\u00e9simos jabones que se fabricaban entonces eran capaces de formar esas maravillas cristalinas que alguien tuvo el genio de inventar, y de repente desapareci\u00f3 de la vista. Hizo plof y se esfum\u00f3. Hay onomatopeyas providenciales. Imag\u00ednense que ten\u00edamos que describir el proceso de evaporaci\u00f3n del sujeto con todos los pormenores. Ser\u00edan necesarias, por menos, diez p\u00e1ginas. Plof.<\/p>\n<p>Tomado de <a href=\"http:\/\/blog2.josesaramago.org\/indexspa.asp\" target=\"_blank\">blog2.josesaramago.org<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jos\u00e9 Saramago No sopla viento, sin embargo la niebla parece moverse en lentos torbellinos como si el propio b\u00f3reas en persona, la estuviera soplando desde el m\u00e1s rec\u00f3ndito norte y desde los hielos eternos. 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