﻿{"id":774,"date":"2009-10-14T09:00:14","date_gmt":"2009-10-14T15:00:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=774"},"modified":"2012-12-05T16:23:33","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:33","slug":"recuerdo-de-cortazar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2009\/10\/14\/recuerdo-de-cortazar\/","title":{"rendered":"Recuerdo de Cort\u00e1zar"},"content":{"rendered":"<p>Por Carlos Fuentes<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"float: right;border: 0px initial initial\" src=\"http:\/\/1.bp.blogspot.com\/_Zh43IGR4ibg\/R9sONboqaTI\/AAAAAAAAAI8\/-csXYjXHTDM\/s320\/cortazarOK.gif\" alt=\"\" width=\"320\" height=\"226\" \/><\/p>\n<p>Como sucede, lo conoc\u00ed antes de conocerlo. En 1955, editaba yo una Revista\u00a0Mexicana de Literatura con el escritor tapat\u00edo Emmanuel Carballo. All\u00ed se public\u00f3 por\u00a0primera vez en M\u00e9xico una ficci\u00f3n de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Mon\u00f3logo de Isabel\u00a0viendo llover en Macondo.<\/p>\n<p>Gracias, tambi\u00e9n, a nuestras amigas Emma Susana Separatti y Ana Mar\u00eda\u00a0Barrenechea, pudimos obtener la colaboraci\u00f3n de Julio Cort\u00e1zar.\u00a0\u201cLos buenos servicios\u201d y \u201cEl perseguidor\u201d aparecieron por primera vez en nuestra\u00a0revista renovadora, alerta, insistente, hasta un poco insolente. M\u00e1s tarde, casi como\u00a0parte de una conspiraci\u00f3n, Emma Susana me dej\u00f3 leer el manuscrito de una novela de\u00a0Cort\u00e1zar cuyo eje narrativo era la descomposici\u00f3n del cad\u00e1ver de una mujer enterrada\u00a0con m\u00e1ximos honores bajo el Obelisco de la avenida 9 de Julio, en Buenos Aires.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>En\u00a0ondas conc\u00e9ntricas, la peste, la locura y el misterio se extend\u00edan desde all\u00ed al resto de\u00a0la Rep\u00fablica Argentina.\u00a0Finalmente Julio no quiso publicar esta novela; temi\u00f3 que fuese juzgada como un\u00a0t\u00f3pico. Lo importante ahora es recordar que \u00e9l fue un hombre que siempre se reserv\u00f3\u00a0un misterio.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ntas p\u00e1ginas magistrales quem\u00f3, desfigur\u00f3, mand\u00f3 a un cesto o a un archivo\u00a0ciego?\u00a0Despu\u00e9s, sin conocernos a\u00fan, me mand\u00f3 la carta m\u00e1s estimulante que recib\u00ed al\u00a0publicar, en 1958, mi primera novela, \u201cLa regi\u00f3n m\u00e1s transparente\u201d. Mi carrera literaria\u00a0le debe a Julio ese impulso inicial, en el que la inteligencia y la exigencia, el rigor y la simpat\u00eda, se volv\u00edan inseparables y configuraban, ya, al ser humano que me escrib\u00eda de\u00a0usted y con el que yo ansiaba cortar el turr\u00f3n.\u00a0Su correspondencia era el hombre entero m\u00e1s ese misterio, esa adivinanza, ese deseo\u00a0de confirmar que, en efecto, el hombre era tan excelente como sus libros y \u00e9stos, tan\u00a0excelentes como el hombre que los escrib\u00eda.<\/p>\n<p>Por fin, en 1960, llegu\u00e9 a una placita parisina sombreada, llena de artesanos y caf\u00e9s,\u00a0no lejos del Metro A\u00e9reo. Entr\u00e9 por una cochera a un patio a\u00f1oso. Al fondo, una antigua\u00a0caballeriza se hab\u00eda convertido en un estudio alto y estrecho, de tres pisos y escaleras\u00a0que nos obligaban a bajar subiendo, seg\u00fan una f\u00f3rmula secreta de Cort\u00e1zar.<\/p>\n<p>Verlo por primera vez era una sorpresa. En mi memoria, entonces, s\u00f3lo hab\u00eda una foto\u00a0vieja, publicada en un n\u00famero de aniversario de la revista Sur. Un se\u00f1or viejo, con\u00a0gruesos lentes, cara delgada, el pelo sumamente aplacado por la gomina, vestido de\u00a0negro y con un aspecto prohibitivo, similar al del personaje de los dibujos llamado\u00a0F\u00falmine.<\/p>\n<p>El muchacho que sali\u00f3 a recibirme era seguramente el hijo de aquel sombr\u00edo\u00a0colaborador de Sur: un joven desmelenado, pecoso, lampi\u00f1o, desgarbado, con\u00a0pantalones de dril y camisa de manga corta, abierta en el cuello; un rostro, entonces,\u00a0de no m\u00e1s de veinte a\u00f1os, animado por una carcajada honda, una mirada verde,\u00a0inocente, de ojos infinitamente largos, separados y dos cejas sagaces, tejidas entre s\u00ed,\u00a0dispuestas a lanzarle una maldici\u00f3n cervantina a todo el que se atreviese a violar la\u00a0pureza de su mirada.<\/p>\n<p>-Pibe, quiero ver a tu pap\u00e1.<\/p>\n<p>-Soy yo.<\/p>\n<p>Estaba con \u00e9l una mujer brillante, menuda, sol\u00edcita, hechicera y hechizante, atenta a\u00a0todo lo que suced\u00eda en la casa, Aurora Bern\u00e1rdez.\u00a0Entre los dos, formaban una pareja de alquimistas verbales, magos, carpinteros y\u00a0escribas, de esos que durante la noche construyen cosas invisibles cuyo trabajo s\u00f3lo\u00a0se percibe al amanecer.<\/p>\n<p>Este era Cort\u00e1zar entonces, y Fernando Ben\u00edtez, que acompa\u00f1aba en la excursi\u00f3n a la\u00a0plaza del General Beuret, estuvo de acuerdo con mi descripci\u00f3n pero a\u00f1adi\u00f3 que ese\u00a0rostro de muchacho, cuando se re\u00eda, cuando se ensimismaba, cuando se acercaba o\u00a0alejaba demasiado (pues Julio era una marea, insensible como los movimientos de\u00a0plenitud y resaca de los mares que tanto persigui\u00f3), empezaba a llenarse de diminutas<\/p>\n<p>arrugas, redes del tiempo, avisos de una existencia anterior, paralela, o continuaci\u00f3n de\u00a0la suya.<\/p>\n<p>As\u00ed naci\u00f3 la leyenda de un Julio Cort\u00e1zar que era la versi\u00f3n risue\u00f1a de Dorian Gray. Lo\u00a0sab\u00eda todo. Era el latinoamericano en Europa que sab\u00eda algo m\u00e1s que los europeos. Y\u00a0ese algo m\u00e1s -el nuevo mundo americano- era lo que los propios europeos inventaron\u00a0pero no supieron imaginar :\u00a0el hombre tiene dos sue\u00f1os, hay m\u00e1s de un para\u00edso.<\/p>\n<p>Cort\u00e1zar lleg\u00f3 tarde a M\u00e9xico. Me dijo despu\u00e9s de su viaje, en 1975, que Oaxaca,\u00a0Monte Alb\u00e1n, Palenque, eran lugares metaf\u00edsicos donde conven\u00eda pasarse horas de\u00a0quietud, en silencio, aprovechando eso que Henry James llamaba \u00abuna visitaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El silencio se impon\u00eda; la contemplaci\u00f3n era la realidad. Otro d\u00eda, yo llegu\u00e9 a Palenque\u00a0pensando en Cort\u00e1zar. La presencia de mi amigo argentino en la selva de Chiapas se\u00a0transform\u00f3 en una visualizaci\u00f3n concreta de ese instante en que la naturaleza cede su\u00a0espacio a la cultura, pero la cultura est\u00e1 siendo recuperada, al mismo tiempo, por la\u00a0naturaleza.<\/p>\n<p>Miedo al desamparo, que puede ser una expulsi\u00f3n, pero tambi\u00e9n al refugio, que puede\u00a0ser una prisi\u00f3n. Imagino a Cort\u00e1zar en el filo de la navaja de una naturaleza y una\u00a0cultura contiguas pero separadas a\u00fan, invitando al espectador a unirse a la intemperie\u00a0de una o la protecci\u00f3n de la otra. Record\u00e9 una frase de Roger Caillois, amigo m\u00edo y de\u00a0Cort\u00e1zar: \u00abEl arte fant\u00e1stico es un duelo de dos miedos\u00bb.<\/p>\n<p>Por supuesto que Cort\u00e1zar hab\u00eda estado en M\u00e9xico antes de estar en M\u00e9xico. Hab\u00eda\u00a0estado en el M\u00e9xico del rostro humano del ajolote, mirando a su espectador id\u00e9ntico\u00a0desde el fondo de un acuario.\u00a0Hab\u00eda estado tambi\u00e9n en el M\u00e9xico so\u00f1ado por un hombre europeo sobre una mesa de\u00a0operaciones que se sue\u00f1a tendido sobre la piedra de sacrificios de una pir\u00e1mide azteca\u00a0s\u00f3lo porque, simult\u00e1neamente, un azteca est\u00e1 siendo sacrificado en la pir\u00e1mide y por\u00a0ello puede so\u00f1arse en el blanco mundo de un hospital que desconoce, a punto de ser\u00a0abierto por un bistur\u00ed.<\/p>\n<p>\u00abEl esp\u00edritu humano tiene miedo de s\u00ed mismo\u00bb, le\u00edmos con Cort\u00e1zar en Bataille : las\u00a0entradas y salidas del universo cortazariano, sus galer\u00edas comerciales que empiezan\u00a0en Par\u00eds y terminan en Buenos Aires; sus ciudades combinatorias de Viena, Mil\u00e1n,\u00a0Londres; sus tablones entre dos ventanas de un manicomio porte\u00f1o; sus largas casas\u00a0ocupadas implacable y minuciosamente por lo desconocido; sus escenarios teatrales\u00a0invadidos por el entusiasmo de los espectadores o por la soledad de uno solo de ellos,\u00a0John Howells, incorporado a otra historia que no es la suya.<\/p>\n<p>Para Cort\u00e1zar, la realidad era m\u00edtica en este sentido : estaba tambi\u00e9n en el otro rostro\u00a0de las cosas, el m\u00ednimo m\u00e1s all\u00e1 de los sentidos, la ubicaci\u00f3n invisible s\u00f3lo porque no\u00a0supimos alargar la mano a tiempo para tocar la presencia que contiene.\u00a0Por eso eran tan largos los ojos de Cort\u00e1zar: miraban la realidad paralela, a la vuelta de\u00a0la esquina; el vasto universo latente y sus pacientes tesoros, la contig\u00fcidad de los\u00a0seres, la inminencia de formas que esperan ser convocadas por una palabra, un trazo\u00a0de pincel, una melod\u00eda tarareada, un sue\u00f1o.<\/p>\n<p>El afuera y el adentro. Toda esta realidad en v\u00edsperas de manifestarse era la realidad\u00a0revolucionaria de Cort\u00e1zar. Sus posturas pol\u00edticas y su arte po\u00e9tico se configuraban en\u00a0una convicci\u00f3n, y \u00e9sta es que\u00a0la imaginaci\u00f3n, el arte, la forma est\u00e9tica, son revolucionarias, destruyen las\u00a0convenciones muertas, nos ense\u00f1an a mirar, pensar o sentir de nuevo.<\/p>\n<p>Cort\u00e1zar era un surrealista en su intento tenaz de mantener unidas lo que \u00e9l llamaba\u00a0\u00abLa revoluci\u00f3n de afuera y la revoluci\u00f3n de adentro\u00bb.<\/p>\n<p>Si a veces se equivoc\u00f3 en la b\u00fasqueda de esta fraternidad incansable, peor hubiera\u00a0sido que la abandonara. Como un nuevo Tom\u00e1s Moro en la ola de un renacimiento\u00a0oscuro que pod\u00eda conducirnos a la destrucci\u00f3n de la naturaleza o al triunfo de una\u00a0utop\u00eda macabra y sonriente, Cort\u00e1zar vivi\u00f3 un conflicto al que pocos escaparon en\u00a0nuestro tiempo: el conflicto entre el afuera y el adentro de todas las realidades,\u00a0incluyendo la pol\u00edtica. Coincidimos pol\u00edticamente en mucho, pero no en todo.\u00a0Nuestras diferencias, sin embargo, aumentaron nuestra amistad y nuestro mutuo\u00a0respeto, como debe ser en el trato inteligente entre amigos, que no admite \u00a0ambici\u00f3n,\u00a0intolerancia o mezquindad. No puede, realmente, haber amistad cuando estos defectos\u00a0arrebatan al que se dice nuestro amigo.<\/p>\n<p>Todo lo contrario suced\u00eda con Cort\u00e1zar: sus sin\u00f3nimos de la amistad se llamaban\u00a0modestia, imaginaci\u00f3n y generosidad. Este hombre era una alegr\u00eda porque su cultura\u00a0era alegre. Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y yo lo recordamos siempre agotando los\u00a0conocimientos sobre novela policiaca en un largo viaje de Par\u00eds a Praga en 1968, con\u00a0la buena intenci\u00f3n de salvar lo insalvable : la primavera del socialismo con rostro\u00a0humano. Sentados en el bar del tren, comiendo salchichas con mostaza y bebiendo\u00a0cerveza, oy\u00e9ndole recordar la progenie del misterio en los trenes, de Sherlock Holmes\u00a0a Agatha Christie a Graham Greene a Alfred Hitchcock&#8230; lo recuerdo.<\/p>\n<p>En los recovecos de la Mala Strana donde algunos conjuntos de j\u00f3venes checos\u00a0tocaban jazz y Cort\u00e1zar se lanzaba a la m\u00e1s extraordinaria recreaci\u00f3n de los grandes\u00a0momentos de Thelonius Monk, Charlie Parker o Louis Armstrong.<\/p>\n<p>Lo recuerdo: La mala pasada que me jugaron Gabo y Julio, invitados por Milan Kundera a o\u00edr un\u00a0concierto de m\u00fasica de Janacek, mientras yo era enviado con la representaci\u00f3n de mis\u00a0amigos a hablarles de Latinoam\u00e9rica a los obreros metal\u00fargicos y a los estudiantes\u00a0trotskistas.<\/p>\n<p>\u00abChe, Carlos, a ti no te cuesta hablar en p\u00fablico; hacelo por Latinoam\u00e9rica&#8230;\u00bb\u00a0Algo gan\u00e9, musicalmente. Descubr\u00ed que en las f\u00e1bricas checas, para aliviar el tedio\u00a0estajanovista de los trabajadores, los altavoces tocaban el d\u00eda entero un disco de Lola\u00a0Beltr\u00e1n cantando \u00abCucurrucuc\u00fa, paloma\u00bb.<\/p>\n<p>Lo recuerdo: \u00a0Lo recuerdo en nuestras caminatas por el Barrio Latino a caza de la pel\u00edcula que no\u00a0hab\u00edamos visto, es decir, la pel\u00edcula nueva o la pel\u00edcula antigua y vista diez veces que\u00a0Cort\u00e1zar iba a ver siempre por primera vez. Adoraba lo que ense\u00f1aba a mirar, lo que le\u00a0auxiliara a llenar los pozos claros de esa mirada de gato sagrado, desesperado por ver,\u00a0simplemente porque su mirada era muy grande. Antonioni o Bu\u00f1uel, Cuevas o\u00a0Alechinsky, Matta o Silva : Cort\u00e1zar como ciego a veces, apoyado en sus amigos\u00a0videntes, sus lazarillos art\u00edsticos.<\/p>\n<p>Lo recuerdo : la mirada inocente en espera del regalo visual incomparable. Lo llam\u00e9 un\u00a0d\u00eda el Bol\u00edvar de la novela latinoamericana. Nos liber\u00f3 liber\u00e1ndose, con un lenguaje\u00a0nuevo, airoso, capaz de todas las aventuras : Rayuela es uno de los grandes\u00a0manifiestos de la modernidad latinoamericana, en ella vemos todas nuestras grandezas\u00a0y todas nuestras miserias, nuestras deudas y nuestras oportunidades, a trav\u00e9s de una\u00a0construcci\u00f3n verbal libre, inacabada, que no cesa de convocar a los lectores que\u00a0necesita para seguir viviendo y no terminar jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Porque la obra de Julio Cort\u00e1zar es una vibrante pregunta sobre el papel posible de la\u00a0novela por venir: di\u00e1logo pr\u00f3digo, no s\u00f3lo de personajes, sino de lenguas, de fuerzas\u00a0sociales, de g\u00e9neros, de tiempos hist\u00f3ricos que, de otra manera, jam\u00e1s se dar\u00edan la\u00a0mano, m\u00e1s que en una novela.<\/p>\n<p>Di\u00e1logo de humores, a\u00f1adir\u00eda yo, pues sin el sentido del humor no es posible entender\u00a0a Julio Cort\u00e1zar :<\/p>\n<p>con \u00e9l soportamos al mundo hasta que lo veamos mejor, pero el mundo tambi\u00e9n debe\u00a0soportarnos hasta que nosotros nos hagamos mejores.<\/p>\n<p>En medio de estas dos esperanzas, que no son resignaciones, se instala el humor de la\u00a0obra de Cort\u00e1zar. En su muy personal elogio de la locura, Julio tambi\u00e9n fue ciudadano\u00a0del mundo, como Erasmo en otro Renacimiento: compatriota de todos, pero tambi\u00e9n,\u00a0misteriosamente, extranjero para todos.\u00a0Le dio sentido a nuestra modernidad porque la hizo cr\u00edtica e inclusiva, jam\u00e1s satisfecha\u00a0o exclusiva, permiti\u00e9ndonos pervivir en la aventura de lo nuevo cuando todo parec\u00eda\u00a0indicarnos que, fuera del arte e, incluso, quiz\u00e1s, para el arte, ya no hab\u00eda novedad\u00a0posible porque el progreso hab\u00eda dejado de progresar.<\/p>\n<p>Cort\u00e1zar nos habl\u00f3 de algo m\u00e1s : del car\u00e1cter insustituible del momento vivido, del goce\u00a0pleno del cuerpo unido a otro cuerpo, de la memoria indispensable para tener futuro y\u00a0de la imaginaci\u00f3n necesaria para tener pasado.<\/p>\n<p><strong>Tomado de: <\/strong>la presentaci\u00f3n de la C\u00e1tedra Latinoamericana Julio Cort\u00e1zar y se public\u00f3 en el<\/p>\n<p>suplemento Cultura del diario La Naci\u00f3n de Argentina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Fuentes Como sucede, lo conoc\u00ed antes de conocerlo. 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