﻿{"id":935,"date":"2009-12-03T13:21:27","date_gmt":"2009-12-03T19:21:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/?p=935"},"modified":"2012-12-05T16:23:12","modified_gmt":"2012-12-05T22:23:12","slug":"una-gloria-literaria-un-triunfo-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2009\/12\/03\/una-gloria-literaria-un-triunfo-moral\/","title":{"rendered":"Una gloria literaria, un triunfo moral"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"http:\/\/www.revistaopcion.com\/web\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/joseemiliopacheco.jpg\" alt=\"\" width=\"284\" height=\"262\" \/>Por Pablo Ordaz<\/p>\n<p>Los periodistas no aplauden. Cuando termina de hablar el pol\u00edtico, la estrella de cine o el escritor de turno, cierran las libretas y salen pitando como alma que lleva el diablo con su peque\u00f1o tesoro de frases redondas. Sin embargo, ayer, en Guadalajara, y a pesar de las urgencias propias del oficio, cuando el poeta Jos\u00e9 Emilio Pacheco termin\u00f3 de responder a las preguntas, los periodistas se pusieron de pie y dedicaron un aplauso largo y c\u00e1lido como un abrazo al flamante premio Cervantes. Si este pa\u00eds golpeado por la crisis, la gripe, el narcotr\u00e1fico o la corrupci\u00f3n end\u00e9mica tiene alguien de quien estar orgulloso sin disimulo, \u00e9se es un sabio cercano, t\u00edmido y divertido de 70 a\u00f1os llamado Jos\u00e9 Emilio Pacheco.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se encuentra, maestro?, le preguntaron. \u00abZurimbo, patidifuso y turulato. Tengo que escoger tres palabras que ya ni se usan para describir el estado de irrealidad en el que me encuentro. Supongo que un premio es como un golpe: que no duele en el momento. Ya veremos despu\u00e9s\u00bb. La noticia le lleg\u00f3 a Jos\u00e9 Emilio Pacheco muy temprano, por tel\u00e9fono. La ministra de Cultura, \u00c1ngeles Gonz\u00e1lez-Sinde, le anunci\u00f3 que el jurado hab\u00eda querido premiar su \u00abuso ling\u00fc\u00edstico implacable\u00bb, la \u00abprofundidad y libertad de sus pensamientos\u00bb y \u00abel distanciamiento ir\u00f3nico de la realidad cuando es necesario\u00bb. Pero tal vez quien mejor defini\u00f3 la poes\u00eda de Pacheco fue el presidente del jurado, el acad\u00e9mico Jos\u00e9 Antonio Pascual, quien dijo: \u00abJos\u00e9 Emilio Pacheco es un poeta excepcional de la vida cotidiana\u00bb.<!--more--><\/p>\n<p>Y tal vez por eso, adem\u00e1s de por su tremenda humanidad, es por lo que se le quiere tanto en M\u00e9xico. Ayer, en Guadalajara, todos los escritores asistentes a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara -muchos, de muchas nacionalidades, de todas las edades- celebraban sin disimulo el galard\u00f3n. El escritor Xabier Velasco se paseaba por los pasillos del hotel Hilton feliz, como si el premio se lo hubieran dado a \u00e9l. Y el tambi\u00e9n escritor mexicano Juan Villoro, que justo en ese momento llegaba a Guadalajara, cont\u00f3 a este peri\u00f3dico una an\u00e9cdota personal que refleja muy bien el grado de cercan\u00eda, de proximidad, de la poes\u00eda del nuevo premio Cervantes: \u00abUn d\u00eda iba yo a casa de Jos\u00e9 Emilio Pacheco y me di cuenta de que me hab\u00eda olvidado la direcci\u00f3n. Entonces,<\/p>\n<p>record\u00e9 un poema en el que Pacheco habla del escritor Juan Garc\u00eda Ponce, que hab\u00eda padecido una larga y grave enfermedad, y lo compara con un \u00e1rbol que hay afuera de su casa. El poema cuenta que el \u00e1rbol ha sido humillado por las navajas de los novios, que le han cortado las ramas para colocar cables de electricidad y de tel\u00e9fono, que ha sido sometido a toda clase de afrentas, pero que, sin embargo, el \u00e1rbol -como el escritor al que estaba dedicado- segu\u00eda en pie. Pens\u00e9 que si encontraba aquel \u00e1rbol, dar\u00eda con su casa, y as\u00ed fue. Eso explica el grado de cercan\u00eda que tiene la poes\u00eda de Jos\u00e9 Emilio Pacheco, una poes\u00eda que es un mapa para encontrar su propia casa&#8230;\u00bb. Otro ejemplo de lo que cuenta Villoro es un poema que dice: \u00abVen gato, ac\u00e9rcate m\u00e1s, eres mi oportunidad de acariciar al tigre\u00bb.<\/p>\n<p>El domingo, nada m\u00e1s llegar a la FIL, Pacheco coment\u00f3 lo honrado que se hab\u00eda sentido con la reciente concesi\u00f3n del premio Reina Sof\u00eda de Poes\u00eda Iberoamericana. Cuando le preguntaron si aspiraba al Cervantes, respondi\u00f3: \u00abPara nada. Hasta que me dieron el Reina Sof\u00eda, yo hab\u00eda sido el eterno finalista. Y en Norteam\u00e9rica eso de ser finalista es un prestigio. Pero en M\u00e9xico eso no es as\u00ed. Aqu\u00ed es un deshonor\u00bb. El domingo tambi\u00e9n dijo que \u00e9l odia las entrevistas porque como los periodistas suelen hacer casi siempre las mismas preguntas, teme aburrirles: \u00abAs\u00ed que si se empe\u00f1an en seguir haci\u00e9ndome entrevistas, no tendr\u00e9 m\u00e1s remedio que inventarme otra biograf\u00eda\u00bb. Los periodistas se rieron entonces, pero ayer Pacheco volvi\u00f3 a repetirse y a repetir la amenaza: \u00abAhora s\u00ed que voy a tener que inventarme otra biograf\u00eda&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>El autor de <em>Las batallas en el desierto<\/em> siempre est\u00e1 dispuesto a dar un consejo a los j\u00f3venes escritores, pero con una condici\u00f3n: \u00abQue ellos me den otro consejo a m\u00ed. Porque ellos ven cosas que yo ya no soy capaz de ver\u00bb. Y, al hilo de lo que ayer le sucedi\u00f3, regala uno: \u00abCuando un joven me pregunta por el oficio de escritor, siempre le respondo: lo primero que tienes que hacer es elegir si quieres ser escritor o ser famoso; las dos cosas son incompatibles\u00bb. Pacheco precisamente se quej\u00f3 ayer de forma fingida de que ahora le va a ser muy dif\u00edcil sustraerse a los focos de las c\u00e1maras y volver a su habitaci\u00f3n a escribir poemas. A mirar con su mirada de sabio cercano. A mirar al gato como la \u00fanica oportunidad de acariciar al tigre.<\/p>\n<p><strong>Tomado de<\/strong>: El pa\u00eds, 02\/12\/2009<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Pablo Ordaz Los periodistas no aplauden. Cuando termina de hablar el pol\u00edtico, la estrella de cine o el escritor de turno, cierran las libretas y salen pitando como alma que lleva el diablo con su peque\u00f1o tesoro de frases redondas. 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