﻿{"id":1173,"date":"2013-07-29T12:01:05","date_gmt":"2013-07-29T17:01:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/?p=1173"},"modified":"2013-07-29T12:01:05","modified_gmt":"2013-07-29T17:01:05","slug":"cuatro-preocupaciones-sobre-la-universidad-excelencia-calidad-sociedad-del-conocimiento-y-la-prision-del-conocimiento-racional-en-la-perspectiva-de-pablo-latapi-sarre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/2013\/07\/29\/cuatro-preocupaciones-sobre-la-universidad-excelencia-calidad-sociedad-del-conocimiento-y-la-prision-del-conocimiento-racional-en-la-perspectiva-de-pablo-latapi-sarre\/","title":{"rendered":"Cuatro preocupaciones sobre la universidad: excelencia, calidad, sociedad del conocimiento y la prisi\u00f3n del conocimiento racional, en la perspectiva de Pablo Latap\u00ed Sarre"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><strong><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.ciiea.gob.mx\/latapi\/images\/latapi-biografia.jpg\" \/>Amigos:<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>\n<p>En el lenguaje sugerente y evocador de los s\u00edmbolos, la Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana emite hoy un mensaje, a trav\u00e9s de la distinci\u00f3n m\u00e1xima que puede otorgar: mensaje que expresa su reconocimiento a mi trayectoria acad\u00e9mica y a la investigaci\u00f3n educativa del pa\u00eds que de alguna manera hoy represento ante ustedes; mensaje que expresa tambi\u00e9n su voluntad de hacer manifiesta la afinidad de sus valores institucionales con aqu\u00e9llos que han inspirado mi obra. Recibo y agradezco, profundamente emocionado, esta honrosa distinci\u00f3n. Entiendo este doctorado como un reconocimiento a un esfuerzo colectivo, m\u00edo y de otros muchos colegas, a lo largo de cuarenta a\u00f1os, por abrir un nuevo campo de investigaci\u00f3n, el de la investigaci\u00f3n educativa en M\u00e9xico; formar a sus investigadores y consolidar sus instituciones. Como ha se\u00f1alado el Rector Adri\u00e1n De Garay en la generosa presentaci\u00f3n que se ha hecho de mi persona, me correspondi\u00f3 iniciar un proceso que ha madurado al dar carta de ciudadan\u00eda a las investigaciones sobre la educaci\u00f3n, entendiendo \u00e9sta como el punto de encuentro de numerosas disciplinas.<\/p>\n<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>En este proceso me han acompa\u00f1ado muchos investigadores (a quienes no menciono por sus nombres para no incurrir en omisiones), por lo que considero justo hacer extensiva la distinci\u00f3n que hoy recibo a todos ellos, muchos de los cuales est\u00e1n aqu\u00ed presentes. Sin sus contribuciones, el proceso de construir la investigaci\u00f3n educativa como hoy la conocemos en M\u00e9xico no se hubiera dado. Una referencia especial debo hacer a los investigadores de la educaci\u00f3n que trabajan en las cuatro unidades de esta universidad: son muchos efectivamente \u2014y muy apreciados en nuestro gremio\u2014 los miembros de la uam que se dedican a esclarecer los problemas de la educaci\u00f3n del pa\u00eds; para todos ellos, este doctorado constituye tambi\u00e9n un merecido reconocimiento y un signo de la voluntad de esta Casa de Estudios de fortalecer la investigaci\u00f3n educativa y de intensificar su presencia institucional en la formulaci\u00f3n de las pol\u00edticas educativas nacionales.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Quiero tambi\u00e9n agradecer a mi instituci\u00f3n, el CESU \u2014ahora Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educaci\u00f3n\u2014 de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico, los muy valiosos apoyos que me ha brindado en el desarrollo de mis actividades acad\u00e9micas; aprecio especialmente el clima de libertad acad\u00e9mica, confianza y compa\u00f1erismo que en \u00e9l prevalece. Y como los logros de la vida acad\u00e9mica son inseparables de las coordenadas m\u00e1s amplias en que nos realizamos los seres humanos, deseo hacer, en esta importante ocasi\u00f3n, un cari\u00f1oso reconocimiento a mi esposa Mar\u00eda Matilde: durante treinta a\u00f1os, ella me ha acompa\u00f1ado cotidianamente en todos mis pasos; y \u2014lo que es m\u00e1s\u2014 ambos construimos juntos nuestras certezas y nuestras respuestas, desde la fe que compartimos, a las preguntas \u00faltimas de la vida humana. Por todo esto, Mar\u00eda Matilde, este Doctorado es tambi\u00e9n tuyo. Se me ha pedido pronunciar una conferencia magistral en esta solemne ocasi\u00f3n, que sea un mensaje a esta comunidad universitaria \u2014sus autoridades, profesores, investigadores, estudiantes y trabajadores\u2014. Lo considero un gran privilegio y me propongo compartir con ustedes algunas reflexiones sobre los riesgos que enfrentan hoy las universidades mexicanas.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>\n<div>Son preocupaciones personales, cr\u00edticas, que pueden entenderse como advertencias o se\u00f1ales de alerta. No todos estar\u00e1n de acuerdo con ellas, desde luego \u2014la Universidad es una instituci\u00f3n hecha para la disidencia\u2014; ruego espetuosamente a quienes no las compartan considerarlas al menos como proposiciones que merecen discutirse. Las universidades del pa\u00eds viven hoy transiciones dif\u00edciles. Las presiones demogr\u00e1ficas y sociales, las exigencias pol\u00edticas, las angustias presupuestales, los cambios culturales y educativos y sobre todo los retos de la econom\u00eda nacional e internacional, las abruman y las enfrentan a decisiones nada f\u00e1ciles. Se les exige calidad, se les obliga a modernizarse, a ser eficientes, a preparar los cuadros que requiere el mercado, a desarrollar una cultura empresarial, a innovar en sus m\u00e9todos pedag\u00f3gicos y en sus procesos de gesti\u00f3n, a evaluarse y acreditarse sobre bases s\u00f3lidas; y se les propone la \u201csociedad del conocimiento\u201d como el paradigma obligado del futuro: si el conocimiento es \u2014y lo ser\u00e1 cada vez m\u00e1s\u2014 el eje vertebrador de las econom\u00edas globalizadas, corresponde a los sistemas educativos y sobre todo a las universidades generar, proveer y distribuir ese conocimiento indispensable.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Ustedes \u2014funcionarios, profesores y estudiantes\u2014 conocen mejor que yo lo que implican estos retos y sufren todos los d\u00edas en carne propia sus consecuencias. Mi mensaje hoy consistir\u00e1 en plantear cuatro preocupaciones cr\u00edticas ante algunos equ\u00edvocos que est\u00e1n provocando estos retos, preocupaciones que surgen de mi manera personal de entender lo que es la educaci\u00f3n y lo que es la Universidad, de una \u201cfilosof\u00eda educativa\u201d (si queremos llamarla as\u00ed) que he construido a lo largo de mi vida.<\/div>\n<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div><strong>Primera preocupaci\u00f3n: el objetivo de la \u201cexcelencia\u201d<\/strong><\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Hoy se proclama como obligatorio para las universidades el ideal de la \u201cexcelencia\u201d: la instituci\u00f3n debe ser excelente, los programas de formaci\u00f3n y los profesores tambi\u00e9n; y los estudiantes deben aspirar a ser excelentes y a demostrarlo. Perm\u00edtanme decirles que considero este ideal de la excelencia una aberraci\u00f3n. \u201cExcelente\u201d es el superlativo de \u201cbueno\u201d; excelente es el que \u201cexcellit\u201d, el que sobresale como \u00fanico sobre todos los dem\u00e1s, en la pr\u00e1ctica, el perfecto. En el \u00e1mbito educativo, hablar de excelencia ser\u00eda leg\u00edtimo si significara un proceso gradual de mejoramiento, pero es atroz si significa perfecci\u00f3n. Educar siempre ha significado crecimiento, desarrollo de capacidades, maduraci\u00f3n, y una buena educaci\u00f3n debe dejar una disposici\u00f3n permanente a seguirse<!--more--> superando; pero ninguna filosof\u00eda educativa hab\u00eda tenido antes la ilusoria pretensi\u00f3n de proponerse hacer hombres perfectos. Yo creo que la excelencia no es virtud; prefiero, con el poeta, pensar que \u201cno importa llegar primero, sino llegar todos, y a tiempo\u201d. El prop\u00f3sito de ser excelente conlleva la trampa de una secreta arrogancia. Mejores s\u00ed podemos y debemos ser; perfectos no. Lo que una pedagog\u00eda sana debe procurar es incitarnos a desarrollar nuestros talentos, preocup\u00e1ndonos por que sirvan a los dem\u00e1s. Querer ser perfecto desemboca en el narcisismo y el ego\u00edsmo. Si somos mejores que otros \u2014y todos lo somos en alg\u00fan aspecto\u2014 debemos hacernos perdonar nuestra superioridad, lo que lograremos si compartimos con los dem\u00e1s nuestra propia vulnerabilidad y ponemos nuestras capacidades a su servicio. Sobre este tema escrib\u00ed alguna vez: \u201cLa perfecci\u00f3n no es humana. Somos esencialmente vulnerables; nuestra contingencia acompa\u00f1a todos nuestros pasos y debi\u00e9ramos sentirnos siempre prescindibles. Somos ida y regreso entre anhelo y desilusi\u00f3n, mezcla de mal y bien, ensayo muchas veces fallido. Vivimos unos cuantos instantes espl\u00e9ndidos para regresar a la comprobaci\u00f3n reiterada de que el Bien absoluto nos queda grande. Por esto es buena la historia y son buenos los cl\u00e1sicos: nos acercan a la maravilla de nuestra imperfecci\u00f3n consustancial\u201d.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>\n<div><strong>Segunda preocupaci\u00f3n: la definici\u00f3n de calidad de la educaci\u00f3n<\/strong><\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Lo anterior nos lleva directamente al tema m\u00e1s vasto de la calidad. Las universidades de todo el mundo, tambi\u00e9n las nuestras, est\u00e1n hoy presionadas por la exigencia de calidad; el problema es que, al parecer, nadie cuenta con una definici\u00f3n de calidad plenamente convincente. Se han identificado factores que indiscutiblemente influyen en lograr una mejor educaci\u00f3n, tanto en la infraestructura como en los programas y en los m\u00e9todos de ense\u00f1anza, y se aplican medidas para reforzar estos factores. A contrario, se conocen las malas pr\u00e1cticas que impiden la calidad. Algunos identifican \u00e9sta con los resultados que obtienen los estudiantes en sus ex\u00e1menes y juegan con las estad\u00edsticas, e incluso se complacen en establecer ordenamientos enga\u00f1osos de instituciones o programas. El hecho es que carecemos de una definici\u00f3n clara de la calidad que perseguimos y que debemos demostrar, y el debate sigue abierto y probablemente seguir\u00e1 abierto.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>A m\u00ed me preocupa, primero, que se confunda la calidad con el aprendizaje de conocimientos, lo que simplifica el problema falsamente pues la educaci\u00f3n no es s\u00f3lo conocimiento. Me preocupa tambi\u00e9n que se establezcan comparaciones de escuelas o instituciones que ignoran las diferencias entre contextos o las circunstancias de los estudiantes, a veces abismalmente distintas. Y me preocupa sobre todo que la calidad educativa se confunda con el \u201c\u00e9xito\u201d en el mundo laboral, definido \u00e9ste por referencia a los valores del sistema. Es una perversi\u00f3n inculcar a los estudiantes una filosof\u00edadel \u00e9xito en funci\u00f3n de la cual deben aspirar al puesto m\u00e1s alto, al mejor salario y a la posesi\u00f3n de m\u00e1s cosas; es una equivocaci\u00f3n pedag\u00f3gica llevarlos a la competencia despiadada con sus compa\u00f1eros porque deben ser \u201ctriunfadores\u201d. Para que haya triunfadores \u2014me pregunto\u2014 \u00bfno debe haber perdedores pisoteados por el ganador? \u00bfNo somos todos necesariamente y muchas veces perdedores, que, al lado de otros perdedores, debemos compartir con ellos nuestras comunes limitaciones? Cr\u00edticas semejantes habr\u00eda que hacer al concepto de \u201cl\u00edder\u201d que pregonan los idearios de algunas universidades, basado en la autocomplacencia, el ego\u00edsmo y un profundo menosprecio de los dem\u00e1s. Una educaci\u00f3n de calidad, en cambio, ser\u00e1 la que nos estimule a ser mejores pero tambi\u00e9n nos haga comprender que todos estamos necesitados de los dem\u00e1s, que somos \u201cseres-en-el-l\u00edmite\u201d, a veces triunfadores y a veces perdedores.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Seguramente la baja calidad educativa tiene que ver con una multiplicidad de factores, y estoy de acuerdo en que, para efectos de macroplaneaci\u00f3n se la defina, como suele hacerse, por la concurrencia de los cuatro criterios tradicionales del desarrollo de un sistema educativo: eficacia, eficiencia, relevancia y equidad. Esto dicho y aceptado, quiero sugerir una concepci\u00f3n de la calidad a la que regreso siempre que reflexiono sobre el tema: hablando como educador, creo que la calidad arranca en el plano de lo micro, en la interacci\u00f3n personal y cotidiana del maestro con el alumno y en la actitud que \u00e9ste desarrolle ante el aprendizaje. Muchas veces me he preguntado: \u00bfQu\u00e9 fue lo que hubo en mi educaci\u00f3n que yo considero que la hizo, al menos en ciertos momentos, buena o muy buena? \u00bfQu\u00e9 hicieron mis educadores \u2014mis padres, maestros, hermanos mayores y compa\u00f1eros de clase\u2014 para que esa educaci\u00f3n fuese buena? Si tuviera yo que resumir en una frase mi respuesta, dir\u00eda que mis educadores me aportaron calidad cuando lograron transmitirme est\u00e1ndares que me invitaban a superarme. Progresivamente, de muchas maneras, en diversas \u00e1reas de mi desarrollo humano \u2014en los conocimientos, en las habilidades, en la formaci\u00f3n de mis valores\u2014 mis educadores me transmitieron est\u00e1ndares y, adem\u00e1s, me incitaron a compararme con esos est\u00e1ndares, a comprender que hab\u00eda algo m\u00e1s arriba, que yo pod\u00eda dar m\u00e1s, o sea, me ayudaron a formarme un h\u00e1bito razonable de autoexigencia.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s vine a saber que \u00e9sta era precisamente la definici\u00f3n de calidad que daba Ortega y Gasset: la capacidad de exigirnos m\u00e1s. Una educaci\u00f3n de calidad es, por tanto, para m\u00ed, la que forma un h\u00e1bito razonable de autoexigencia. Y digo \u201crazonable\u201d para no caer en un perfeccionismo enfermizo o en un narcisismo destructivo. La b\u00fasqueda de ser mejor debe ser razonable, moderada por la solidaridad con los dem\u00e1s, el esp\u00edritu de cooperaci\u00f3n y el sentido com\u00fan. Tendr\u00edamos as\u00ed una definici\u00f3n formal de la calidad educativa; \u201cformal\u201d porque los est\u00e1ndares de mejoramiento pueden aplicarse a asuntos diversos, y las diferentes visiones del mundo y apreciaciones valorales dar\u00e1n contenidos distintos a esta definici\u00f3n formal. Creo, por tanto, que buscar una educaci\u00f3n de calidad no es inventar cosas extravagantes (como llenar las aulas de equipos electr\u00f3nicos o multiplicar teleconferencias con Premios Nobel), sino saber regresar a lo esencial. Un ejemplo: un cuaderno de composici\u00f3n de Espa\u00f1ol, corregido con l\u00e1piz rojo, en el que el profesor explica el por qu\u00e9 de cada correcci\u00f3n, est\u00e1 transmitiendo \u201cest\u00e1ndares de superaci\u00f3n\u201d y llevando al estudiante a comprender que hay mejores maneras de utilizar el lenguaje, que \u00e9l puede escribir mejor; y lo motiva para exigirse m\u00e1s.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Esta concepci\u00f3n de la calidad educativa descansa en dos supuestos: que para poder transmitir calidad es necesario reconocerla, y que para poder reconocerla es necesario tenerla. No hay en esto c\u00edrculos viciosos ni tautolog\u00edas, sino el reconocimiento de que la educaci\u00f3n es en esencia un proceso de interacci\u00f3n entre personas, y de que la calidad depende decisivamente de la del educador. Los educadores abordamos el problema de la calidad no desde teor\u00edas empresariales de la \u201ccalidad total\u201d ni desde la preocupaci\u00f3n por mejorar nuestra \u201coferta\u201d comercial para triunfar en la competencia, sino desde perspectivas existenciales m\u00e1s profundas; queremos transmitir a los j\u00f3venes experiencias personales a trav\u00e9s de las cuales adquirimos nuestra propia visi\u00f3n de lo que es una vida de calidad, y nos esforzamos por que el estudiante llegue a ser \u00e9l mismo, un poco mejor cada d\u00eda, inculc\u00e1ndole un h\u00e1bito razonable de autoexigencia que lo acompa\u00f1e siempre. Al fin de cuentas, los educadores s\u00f3lo transmitimos lo que somos, lo que hemos vivido: algo de sabidur\u00eda y algunas virtudes venerables que no pasan de moda: un poco de compasi\u00f3n y solidaridad; respeto, veracidad, sensibilidad a lo bello, lealtad a la justicia, capacidad de indignaci\u00f3n y a veces de perd\u00f3n; y algunos est\u00edmulos para que nuestros alumnos descubran su libertad posible y la construyan. Es poco; pero si las y los j\u00f3venes recogen estas ense\u00f1anzas y si adem\u00e1s se toman a s\u00ed mismos con sentido del humor, podr\u00e1n cumplir decorosamente con el cometido de convertirse en hombres y mujeres cultivados, que est\u00e9n a la altura de hacerse cargo de s\u00ed mismos y de los dem\u00e1s.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div><strong>Tercera preocupaci\u00f3n: el conocimiento del que se trata en la \u201csociedad del conocimiento\u201d<\/strong><\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Se propone hoy a las instituciones de ense\u00f1anza superior, como dije al principio, asumir el paradigma de la \u201csociedad del conocimiento\u201d para normar sus transformaciones: ante la globalizaci\u00f3n ineluctable, ellas deben esmerarse \u2014dice el discurso ortodoxo\u2014 en proveer el conocimiento que requieren los pa\u00edses para su desarrollo. Pero no se especifica, por lo general, cu\u00e1l es ese conocimiento; m\u00e1s bien se da por entendido que se trata sobre todo del conocimiento necesario para conquistar los mercados, o sea el conocimiento pr\u00e1ctico, aplicado, el vinculado a la econom\u00eda, el que produce innovaciones rentables y asegura el \u00e9xito en la competencia.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Perm\u00edtaseme tambi\u00e9n cuestionar esta gloriosa bandera de la \u201csociedad del conocimiento\u201d que se hace ondear como ideal obligatorio de toda instituci\u00f3n de educaci\u00f3n superior, no porque no sea un ideal v\u00e1lido sino porque es incompleto y equ\u00edvoco. El conocimiento que requieren las sociedades no es s\u00f3lo el vinculado a la econom\u00eda; son otros muchos tipos de conocimiento. Las universidades no existen s\u00f3lo para crear y promover el conocimiento econ\u00f3micamente \u00fatil sino todas las formas de conocer que requiere una sociedad. Por esto sostenemos que ellas son el hogar leg\u00edtimo de la Filosof\u00eda y las Humanidades, de la Historia, del teatro, la poes\u00eda y la m\u00fasica; defendemos tambi\u00e9n el profundo sentido humano de las Ciencias Naturales; y afirmamos el valor de lo in\u00fatil y de lo gratuito como parte de la misi\u00f3n de la Universidad. Por esto tambi\u00e9n creemos en lo valioso de la convivencia de los diferentes en las comunidades universitarias, tan propia de nuestras universidades p\u00fablicas. Por tanto, decimos \u201cs\u00ed\u201d a la sociedad del conocimiento que incluya la universalidad de los saberes humanos, y advertimos contra la trampa de convertir a las universidades en f\u00e1bricas de inventos pr\u00e1cticos; ellas son creaciones del homo sapiens, no las reduzcamos a talleres del homo faber.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>\u00bfHay que vincularse con las demandas de la econom\u00eda? Por supuesto. \u00bfHay que formar profesionistas competitivos ante los retos de la globalizaci\u00f3n? Totalmente de acuerdo. \u00bfHay que desarrollar investigaci\u00f3n aplicada, vinculada a los requerimientos de las empresas? Nadie lo duda, con tal de definir sus condiciones. Pero al enfrentar estas demandas, no hay que olvidar que la Universidad es algo m\u00e1s: no es un ap\u00e9ndice de la empresa, sino una instituci\u00f3n responsable de generar, proteger y difundir todos los tipos de conocimiento que requiere el pa\u00eds, tambi\u00e9n los aparentemente improductivos. Y quiero decir algo m\u00e1s en relaci\u00f3n con este tema: la Universidad actual debiera ser un baluarte contra el devastador proceso de comercializaci\u00f3n total al que est\u00e1 llevando la entronizaci\u00f3n del mercado.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>En esta etapa extrema del capitalismo, la globalizaci\u00f3n est\u00e1 llevando a la mercantilizaci\u00f3n del mundo. Hoy se consideran mercanc\u00edas muchos bienes primarios que condicionan la existencia; se vende el agua que nos es indispensable y viene del cielo, se la industrializa, exporta y anuncia; pronto seguir\u00e1n el aire y el sol. La salud hace mucho que se comercia en un mercado altamente tecnificado. Hoy se venden los conocimientos tradicionales, patentados por laboratorios trasnacionales que se los apropian sin dar cr\u00e9dito a su origen; y se habla con todo rigor de \u201cindustrias culturales\u201d, reduciendo obras del esp\u00edritu y de la creatividad humana a la categor\u00eda de simples mercanc\u00edas. La dimensi\u00f3n mercantil se extiende ya a todos los dominios de la vida; todos los d\u00edas surgen nuevas mercanc\u00edas sutiles, ingeniosas, muchas imaginarias y casi todas prescindibles; ya no son cosas ni servicios; son \u201ccommodities\u201d, satisfactores de caprichos, inventos de la publicidad, im\u00e1genes virtuales que halagan la vanidad o explotan los miedos o los remordimientos. Todo se vale para vender porque toda venta hace avanzar al capital, aunque sea a costa del sentido com\u00fan y de nuestra dignidad; y los hombres vamos cayendo, sin darnos cuenta, en redes invisibles de dependencia que disminuyen nuestra libertad.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>La cultura de la mercanc\u00eda va modificando nuestros valores, la conciencia de lo que somos y aun la memoria de lo que fuimos, as\u00ed como los l\u00edmites de lo que definimos como posible y deseable. Hemos perdido aquel antiguo sentido de lo tr\u00e1gico que nos hab\u00eda legado Grecia, con sus mitos, dioses y pasiones. Y ya no sabemos disfrutar de las puestas de sol porque son, todav\u00eda, gratuitas. Al homo mercantilis no le interesan las preguntas de la Esfinge; no ahonda sus enigmas ni se tortura con sus perplejidades; ya no entiende que su plenitud humana requiere, a veces, apostar a una incertidumbre o saltar al \u00e1mbito de la generosidad, \u00e1mbito que por definici\u00f3n est\u00e1 fuera del mercado y es condenado por \u00e9l. Ante esta era de la mercanc\u00eda total, ante este intento mundial de convertirnos a todos en mercaderes, la Universidad, creo, tiene una misi\u00f3n: no dejarse llevar acr\u00edticamente por el juego de las complicidades del mercado \u2014en las carreras que abre, en las investigaciones que emprende o en los servicios que presta\u2014 sino alertar contra los abusos de este proceso: las rapacidades que est\u00e1n acabando con la naturaleza y con el planeta y amenazan la maravilla de la vida, las perversiones psicol\u00f3gicas de la publicidad, el poder incontrolado de la tv, y \u2014lo que est\u00e1 en el fondo de todo esto\u2014 el af\u00e1n de lucro por arriba de todo. La Universidad debe promover el rescate de nuestra humanidad disminuida. Debatamos, por tanto, estas cuestiones al definir las responsabilidades de la Universidad contempor\u00e1nea.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div><strong>Cuarta preocupaci\u00f3n: romper la prisi\u00f3n del conocimiento racional<\/strong><\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Se dice que las universidades son los templos de la raz\u00f3n. Es verdad, porque en ellas se ense\u00f1a a pensar y se hace ciencia, se discuten epistemolog\u00edas y se destruyen prejuicios irracionales. Sus profesiones y sus investigaciones descansan en el conocimiento, en el conocimiento racional; y el respeto a las reglas de \u00e9ste es lo que les da su legitimidad. Me pregunto si no hay, tambi\u00e9n aqu\u00ed, un equ\u00edvoco o una contradicci\u00f3n con la pretensi\u00f3n de la Universidad de educar, porque la educaci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 del conocimiento racional. La educaci\u00f3n, para m\u00ed, ni empieza ni termina en los territorios de la raz\u00f3n. Abraza otras formas de desarrollo de nuestro esp\u00edritu; las que hoy empiezan a vislumbrar las teor\u00edas de las inteligencias m\u00faltiples y de la inteligencia emocional. Lo mejor de la educaci\u00f3n que yo recib\u00ed \u2014y creo haber recibido una educaci\u00f3n intelectualmente exigente\u2014 fue precisamente lo no-racional, la apertura a dimensiones humanas que considero esenciales: el mundo simb\u00f3lico y art\u00edstico, el \u00e1mbito de lo dionis\u00edaco, el orden de la \u00e9tica que fundamenta la dignidad de nuestra especie, y el de las virtudes humanas fundamentales, sobre todo el respeto a los dem\u00e1s y a la vida.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Me horroriza una educaci\u00f3n que excluya la compasi\u00f3n, que renuncie a la b\u00fasqueda de significados o que cierre las puertas a las posibilidades de la trascendencia. Releo con frecuencia este verso de Octavio Paz:<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Soy hombre. Duro poco<\/div>\n<div>y es enorme la noche.<\/div>\n<div>Pero miro hacia arriba:<\/div>\n<div>Las estrellas escriben.<\/div>\n<div>Sin entender comprendo: tambi\u00e9n soy escritura,<\/div>\n<div>y en este mismo instante<\/div>\n<div>Alguien me deletrea.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Las universidades que nacieron antes de la Ilustraci\u00f3n y el Racionalismo y sobrevivir\u00e1n cuando las influencias de esas<\/div>\n<div>\u00e9pocas den lugar a otras, debieran mantenerse abiertas a otras formas de conocimiento y a los misterios del hombre inexplicado (el \u201csin entender comprendo&#8230;\u201d que dec\u00eda Octavio Paz). Ser\u00eda lamentable que entendiesen las \u201csociedades del conocimiento\u201d como confinadas al conocimiento de la sola raz\u00f3n y olvidasen en su labor educativa los \u00e1mbitos poco explorados pero esenciales del desarrollo humano que rebasan lo racional. Esto nos lleva tambi\u00e9n a considerar cr\u00edticamente el concepto de ciencia que prevalece en la Universidad contempor\u00e1nea, concepto exitoso por los avances vertiginosos de las ciencias y de sus aplicaciones tecnol\u00f3gicas, pero peligroso si se absolutiza como el \u00fanico conocimiento v\u00e1lido. Debe hacerse ciencia siguiendo sus reglas y m\u00e9todos, pero sin olvidar que la verdad cient\u00edfica, siempre provisoria, no rebasa la validez de sus m\u00e9todos. Es importante tomar conciencia de lo que sabemos pero tambi\u00e9n de lo que no sabemos, y pedir a las filosof\u00edas de la ciencia que nos precisen el alcance y el significado de \u00e9sta, a partir de la dial\u00e9ctica entre lo que sabemos y lo que ignoramos. Es mala la ciencia que destruye el asombro, esa actitud presente en los grandes cient\u00edficos que suelen ser modestos, alejados de la autosuficiencia, habituados a dudar y a admirar, callar y contemplar.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Entendida as\u00ed, la ciencia se hace eco de esta sentencia de un rab\u00ed jas\u00eddico que refiere Mart\u00edn Buber: \u201cO\u00edd, o\u00edd, o\u00edd: el mundo est\u00e1 lleno de grandes misterios y de luces formidables que el hombre intenta ocultar con su mano diminuta.\u201d Sobre esto escrib\u00ed alguna vez: \u201cSaber que no se sabe conlleva perplejidades que rebasan el plano de la raz\u00f3n y conducen a otras dimensiones de la conciencia: el verdadero cient\u00edfico se sorprende de que, siendo el hombre parte de la naturaleza, pueda pensar la totalidad de esa naturaleza; de que estando destinado a morir, pueda imaginarse trascender; y de que estando sumido en el mal, pueda aspirar a una reconciliaci\u00f3n definitiva. El asombro es una apertura de nuestro esp\u00edritu hacia formas no-racionales de conocimiento, un puente salvador entre la peque\u00f1a verdad cient\u00edfica y verdades quiz\u00e1 absolutas a las que hoy s\u00f3lo aspiramos.\u201d Las universidades debieran profundizar en la naturaleza del conocimiento cient\u00edfico y sus limitaciones: al conocimiento cient\u00edfico que busca explicaciones, hay que a\u00f1adir el \u201cconocimiento cultural\u201d que busca significados. El primero es \u2014podr\u00edamos decir\u2014 \u201ccomputacional\u201d, asume<\/div>\n<div>que la actividad fundamental de nuestra mente es procurar informaci\u00f3n, y que \u00e9sta es finita, un\u00edvoca, codificable, precisa y sujeta a comprobaci\u00f3n. El segundo, el cultural, acepta que nuestra mente no existir\u00eda si no fuese por la cultura, y que por tanto lo que conocemos est\u00e1 dado por relaciones de significado, las cuales dependen de los s\u00edmbolos creados por cada comunidad cultural, empezando por el lenguaje. Por esto la mente humana tiene una naturaleza diferente de la de la computadora m\u00e1s perfecta; puede descubrir y descifrar significados diferentes de un mismo hecho. Su funci\u00f3n distintiva es comprender, m\u00e1s all\u00e1 de la funci\u00f3n del conocimiento cient\u00edfico que es explicar.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Un autor, Jerome Bruner (The culture of education, Harvard University Press, 1996), se\u00f1ala perspicazmente que la concepci\u00f3n del conocimiento que est\u00e1 en la base de la ciencia moderna ha resultado en un empobrecimiento de la educaci\u00f3n, y quiz\u00e1s est\u00e1 propiciando que nuestra especie se desarrolle en una sola direcci\u00f3n, cercenando posibilidades de su dotaci\u00f3n gen\u00e9tica y espiritual. Anotemos estas inquietudes, estas sospechas en nuestra agenda de reflexiones sobre nuestro quehacer como universitarios.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/div>\n<div><strong>\u00a0<\/strong><\/div>\n<div>Concluyo. He compartido con ustedes cuatro preocupaciones personales que ata\u00f1en hoy a nuestras universidades y que, a mi juicio, ameritan discutirse: primero, el ideal de la \u201cexcelencia\u201d que considero perverso; segundo, los equ\u00edvocos de la calidad educativa, sugiriendo que enfaticemos la calidad en la interacci\u00f3n maestro-alumno y la centremos en formar h\u00e1bitos de autoexigencia; tercero, el error de una \u201csociedad del conocimiento\u201d que contemplara s\u00f3lo el conocimiento \u00fatil a la econom\u00eda y subordinara la Universidad a la empresa; y cuarto, lo que llam\u00e9 \u201cla prisi\u00f3n del conocimiento racional\u201d, prisi\u00f3n que hay que romper para abrir la educaci\u00f3n a otras dimensiones del ser humano, incluyendo una revisi\u00f3n del sentido del hacer cient\u00edfico.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Al expresar estas preocupaciones he mezclado valoraciones personales que provienen, como dije al principio, de una filosof\u00eda de la educaci\u00f3n que fui construyendo \u2014sin querer y queriendo\u2014 a lo largo de muchos a\u00f1os y en la que creo. No pretendo que todos ustedes est\u00e9n de acuerdo con cuanto he dicho; s\u00f3lo he intentado ofrecer algo de mi experiencia personal para agradecer de alguna manera la distinci\u00f3n que hoy me otorga generosamente esta Universidad. Los educadores proclamamos que no ha llegado el fin de la historia; que \u00e9sta est\u00e1 siempre reinici\u00e1ndose; que s\u00ed hay otras alternativas y que nos toca crearlas. Por esto continuaremos corriendo tras nuestras utop\u00edas y experimentando los riesgos de nuestra precaria libertad, que son formas de decir que seguimos teniendo esperanza.<\/div>\n<div>* <em>Texto publicado en Reencuentro. An\u00e1lisis de problemas universitarios, no. 50. <\/em><\/div>\n<div><a href=\"http:\/\/laisumedu.org\/showNota.php?idNota=231728&amp;cates=&amp;idSubCat=&amp;subcates=&amp;ssc=&amp;m=mail1&amp;p=mail1\">Republicado por LAISUM\u00a0\u00a0<\/a><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Amigos: &nbsp; En el lenguaje sugerente y evocador de los s\u00edmbolos, la Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana emite hoy un mensaje, a trav\u00e9s de la distinci\u00f3n m\u00e1xima que puede otorgar: mensaje que expresa su reconocimiento a mi trayectoria acad\u00e9mica y a la investigaci\u00f3n educativa del pa\u00eds que de alguna manera hoy represento ante ustedes; mensaje que expresa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":505,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[68],"tags":[],"class_list":["post-1173","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1173","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/users\/505"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1173"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1173\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1173"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1173"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/sea\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1173"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}