{"id":20563,"date":"2017-03-27T08:59:33","date_gmt":"2017-03-27T14:59:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/?p=20563"},"modified":"2017-03-27T09:54:21","modified_gmt":"2017-03-27T15:54:21","slug":"pasele-marchantito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/regiones\/pasele-marchantito\/","title":{"rendered":"\u00a1P\u00e1sele, marchantito!"},"content":{"rendered":"<div class=\"pps-series-post-details pps-series-post-details-variant-classic pps-series-post-details-25529\" data-series-id=\"428\"><div class=\"pps-series-meta-content\"><div class=\"pps-series-meta-text\">Esta entrada es parte 27 de 43 en la serie <a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/numero\/671\/\">671<\/a><\/div><\/div><\/div><p><strong>Orizaba \u2022 C\u00f3rdoba<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 10pt\"><strong>Jos\u00e9 Antonio M\u00e1rquez Gonz\u00e1lez<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Imag\u00ednese usted un peque\u00f1o cuentito. En un pa\u00eds cualquiera de Am\u00e9rica Latina, uno puede pasar por algunos mercaditos de venta de suvenires y ofrecimiento de servicios variados (una especie de tianguis) y o\u00edr el reclamo insistente pero amable y elocuente de los vendedores cuando ven llegar a un turista. En lugar de esperar a que el visitante salude, el anfitri\u00f3n latino se apresura inmediatamente a exclamar con todo respeto y amabilidad: \u201c\u00a1P\u00e1sele, adelante!\u201d, \u201c\u00bfQu\u00e9 se le ofrece al se\u00f1or?\u201d, \u201c\u00a1Bienvenido!\u201d, \u201c\u00bfQu\u00e9 va a llevar?\u201d, \u201c\u00a1Lo que le agrade, lo que se le ofrezca!\u201d, \u201c\u00a1Bara, bara!\u201d, \u201c\u00a1P\u00e1sele, marchantito!\u201d.<br \/>\nEn verdad, el vendedor hispano siente que por el s\u00f3lo hecho de abrir la tienda, acomodar los productos en los estantes y asignarles un precio, est\u00e1 haciendo una oferta en toda regla y que, por tanto, corresponde al comprador visitante aceptar su oferta y as\u00ed cerrar la operaci\u00f3n. Son las denominadas \u201cventas de aparador\u201d. De hecho, efectivamente as\u00ed lo ordenan los c\u00f3digos latinos: si una persona hace a otra una oferta, \u201cqueda ligada por su oferta\u201d.<br \/>\nPero ahora le presento aqu\u00ed otra escena distinta del mismo cuentito. Un turista latino entra a una tienda de regalos en cualquier pa\u00eds anglosaj\u00f3n, germ\u00e1nico o eslavo (por ejemplo Inglaterra, Alemania o alg\u00fan pa\u00eds de Europa Oriental). Por lo general, el turista hispano tiene la cortes\u00eda \u2013si bien en forma t\u00edmida\u2013 de saludar al vendedor anglosaj\u00f3n, germ\u00e1nico o eslavo, quien a su vez muestra un poco de indiferencia, seg\u00fan es habitual. Pues bien, de acuerdo con la ley local, y tambi\u00e9n debido a su formaci\u00f3n cultural y sus costumbres comerciales, el vendedor saj\u00f3n no entiende que est\u00e1 haciendo una oferta. Para \u00e9l, el asunto es al rev\u00e9s, es decir, quien llega a su tienda debe seleccionar un producto. Una vez hecho lo cual, \u00e9l est\u00e1 en libertad de aceptar o no.<br \/>\nSucede lo mismo que cuando se compra en el supermercado o en la tienda de lujo: el ama de casa escoge en Chedraui o en Liverpool el producto, el cual se considera ofertado en toda regla por el s\u00f3lo hecho de su exhibici\u00f3n en un anaquel con el precio. La compradora lo pone en su carrito, lo lleva a la caja y lo paga. Pues bien, el momento preciso de conclusi\u00f3n del contrato es cuando la se\u00f1ora exhibe y transmite el dinero o firma la tarjeta de cr\u00e9dito. La empleada de Chedraui o Liverpool no hace m\u00e1s que recibir efectivamente el pago. Es que el contrato se ha concluido del lado del mostrador o de la caja de cobro donde est\u00e1 el cliente, no del lado de la tienda. Son las ventas llamadas self service.<br \/>\nEn cambio cuando usted, turista hispano, compra algo en Harrods, de Londres, la ley inglesa no considera que la oferta la hace Harrods. Seg\u00fan la ley local, Harrods hace solo una \u201cinvitaci\u00f3n para ofrecer\u201d. En realidad, la oferta la hace usted al presentar la corbata o el abrigo en la caja. La cajera a su vez, acepta la oferta y, por lo tanto, el contrato se perfecciona en el momento y en el lugar del lado de la cajera.<br \/>\nAmbas actitudes, sin duda, responden a diferentes idiosincrasias producto de la raza, de la cultura y, desde luego, de los respectivos sistemas legales. La cuesti\u00f3n podr\u00eda ser anecd\u00f3tica y permanecer en este nivel intrascendente, si no fuera por un punto importante: que esto es tambi\u00e9n lo que sucede en el caso de la contrataci\u00f3n por medios electr\u00f3nicos, aunque s\u00f3lo cuando la telecomunicaci\u00f3n es simult\u00e1nea o, como se dice ahora, en tiempo real. Ello es as\u00ed porque se considera, por una mentirita legal, que los contratantes se encuentran como presentes ante s\u00ed, aunque en realidad est\u00e9n separados por miles de kil\u00f3metros. Para un proveedor o importador nacional, esta circunstancia provoca que el contrato se concluya en el extranjero, ya sea en Londres, Hamburgo o Praga, y entonces la ley obliga al latino a seguir el juicio en un lugar lejano, con un sistema legal ajeno y en un idioma distinto, con todas las desventajas que ello supone. Como en el caso del supermercado, esto significa que en caso de litigio, el turista debe pasar \u2013figuradamente\u2013 atr\u00e1s del mostrador o de la caja. No puede pelear desde su lugar en la fila de carritos.<br \/>\nEsta desdichada circunstancia deja a los contratantes latinos (es decir, a los contratantes cuyas leyes siguen el sistema afrancesado del c\u00f3digo civil de Napole\u00f3n) en una posici\u00f3n muy desfavorable en la vor\u00e1gine del comercio internacional.<br \/>\nPor \u00faltimo, se puede decir que la cuesti\u00f3n no tendr\u00eda importancia si ambas partes eligiesen la ciudad donde van a litigar, modificando as\u00ed convencionalmente la regla de la legislaci\u00f3n respectiva. Por desgracia, esto no es as\u00ed. En la pr\u00e1ctica internacional el contrato y las reglas para litigar son impuestos por las grandes corporaciones transnacionales. Poco puede hacer para evitarlo, en efecto, un vendedor de caf\u00e9 en Huatusco o Coatepec cuando hace negocios con los abogados de Nestl\u00e9 en Suiza, y no dispone adem\u00e1s de ayuda profesional o gubernamental.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"pps-series-post-details pps-series-post-details-variant-classic pps-series-post-details-25529 pps-series-meta-excerpt\" data-series-id=\"428\"><div class=\"pps-series-meta-content\"><div class=\"pps-series-meta-text\">Esta entrada es parte 27 de 43 en la serie <a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/numero\/671\/\">671<\/a><\/div><\/div><\/div><p>Imag\u00ednese usted un peque\u00f1o cuentito. En un pa\u00eds cualquiera de Am\u00e9rica Latina, uno puede pasar por algunos mercaditos de venta de suvenires y ofrecimiento de servicios variados (una especie de tianguis) y o\u00edr el reclamo insistente pero amable y elocuente de los vendedores cuando ven llegar a un turista. 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