{"id":7454,"date":"2015-01-12T07:59:27","date_gmt":"2015-01-12T13:59:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/?p=7454"},"modified":"2015-12-14T20:44:36","modified_gmt":"2015-12-15T02:44:36","slug":"los-dones-de-un-poeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/cultura\/los-dones-de-un-poeta\/","title":{"rendered":"Los dones de un poeta"},"content":{"rendered":"<div class=\"pps-series-post-details pps-series-post-details-variant-classic pps-series-post-details-25529\" data-series-id=\"351\"><div class=\"pps-series-meta-content\"><div class=\"pps-series-meta-text\">Esta entrada es parte 33 de 41 en la serie <a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/numero\/586\/\">586<\/a><\/div><\/div><\/div><p class=\"Autor\"><span style=\"font-size: 10pt\"><strong>Rafael Ant\u00fanez<a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/files\/2015\/06\/586-cultura-003.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-7436\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/files\/2015\/06\/586-cultura-003-300x300.jpg\" alt=\"586-cultura-003\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a><\/strong><\/span><\/p>\n<p><em>Para Isabel<\/em><\/p>\n<p>que tenemos que hablar de muchas cosas<br \/>\ncompa\u00f1ero del alma compa\u00f1ero.<br \/>\nM. H.<\/p>\n<p class=\"Texto\">La \u00faltima vez que vi a Ram\u00f3n Rodr\u00edguez estaba en una cama de hospital conectado a un respirador y varias sondas. Era una tarde fr\u00eda de principios de diciembre. Llegu\u00e9 al hospital pensando en que si es cierto que ah\u00ed se conoce a los verdaderos amigos, tambi\u00e9n es cierto que ah\u00ed es, precisamente, donde uno nunca los quiere ver. Inevitablemente me perd\u00ed entre el laberinto de pasillos, pero una enfermera muy cort\u00e9s me indic\u00f3 c\u00f3mo llegar a la habitaci\u00f3n. Empujar una puerta y dar el primer paso parecen acciones f\u00e1ciles y r\u00e1pidas de hacer, sin embargo, recuerdo que ambas me costaron mucho trabajo: el temor, la tristeza, el desamparo, o el temor al desamparo, tornaron un par de acciones tan sencillas en una maniobra sumamente compleja. Finalmente empuj\u00e9 la puerta s\u00f3lo para hallarme con un Ram\u00f3n rodeado por sus nietas y por Nina Crangle&#8230; hab\u00eda risas, y m\u00e1s que la frialdad inherente a los hospitales, en la habitaci\u00f3n flotaba el gran cari\u00f1o que todos los presentes sent\u00edamos por Ram\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"Texto\">Al verme, me pidi\u00f3 un trago e hizo el gesto (tantas veces visto en el pasado) de alzar la mano como si tuviera un cigarro. Re\u00edmos. Poco despu\u00e9s llegaron Jos\u00e9 Homero y Ezra y las risas y las bromas se multiplicaron.<\/p>\n<p class=\"Texto\">Era inevitable. Ram\u00f3n, que mucho ten\u00eda de duende, contaba entre sus dones el de ser un multiplicador: de amigos, de poemas, de tragos, de cigarros, de risas y aun de talentos. A su lado la conversaci\u00f3n pod\u00eda ser brillante, culta y aun despatarrada e hilarante, pero nunca aburrida. Al lado de Ram\u00f3n nos sent\u00edamos cultos, brillantes, talentosos, mejores escritores&#8230; No lo \u00e9ramos, pero a su lado, y gracias a \u00e9l, nos sent\u00edamos as\u00ed, en realidad era \u00e9l quien hac\u00eda todo eso posible, \u00e9l era el verdaderamente culto, buen escritor, generoso, hilarante, solidario (s\u00f3lo se negaba a sus amigos cuando ten\u00eda que cuidar de sus nietos), imprevisible, sabio, rega\u00f1\u00f3n (cuando pronunci\u00e1bamos mal los apellidos de los fil\u00f3sofos alemanes que \u00e9l tanto amaba), bailar\u00edn y cantor de lieders y boleros nobles y sentimentales, capaz de decir de memoria a altas horas de la noche poemas enteros de Machado y D\u00edaz Mir\u00f3n o de cantar sin pudor y sin tropiezos el tema de La burrerita de Ypacara\u00ed (una pel\u00edcula que hab\u00edamos visto hac\u00eda mil a\u00f1os) y de hacer de la sorpresa y de lo sorprendente su tarjeta de presentaci\u00f3n. Una vez lo invit\u00e9 a cenar y lleg\u00f3 a las cuatro de la tarde; en otra ocasi\u00f3n, camin\u00f3 m\u00e1s de una hora para regalarme un libro de Rubem Fonseca que su hija Isabel le hab\u00eda tra\u00eddo de Brasil&#8230; \u201cPor los menos te servir\u00e1 a ti\u201d, me dijo y puso el libro sobre la mesa y sonri\u00f3, con esa sonrisa entre ir\u00f3nica e infantil que iluminaba su rostro. Era el Ram\u00f3n de siempre: con el que me emborrachaba en el caf\u00e9 Rosita (un falso caf\u00e9 de chinos donde vend\u00edan las cervezas m\u00e1s baratas de la ciudad,), el mismo al que los muchachos le hablaban de t\u00fa y ve\u00edan como uno de los suyos (entre otras cosas porque era uno de los suyos), el que hac\u00eda rabiar a Nina en el caf\u00e9 Cali y el que prestaba libros y te ped\u00eda que no se los devolvieras, el que, vehemente, se entusiasmaba con tus proyectos&#8230; el que escuchaba y nos hac\u00eda sentir especiales&#8230; aunque en realidad no lo fu\u00e9ramos. \u00c9l, el verdaderamente especial&#8230;<\/p>\n<p class=\"Texto\">La primera vez que lo vi, me pidi\u00f3 un cigarro y despu\u00e9s orden\u00f3 un trago en una ya remota tarde de 1986 en la Casona del Beaterio, s\u00ed, igual que esa fr\u00eda tarde en el hospital.<\/p>\n<p class=\"Texto\">Mi primera imagen de Ram\u00f3n se funde ahora con la \u00faltima, sus primeras palabras con las \u00faltimas, o las \u00faltimas con las primeras&#8230; Finalmente el miedo, el desamparo al que tem\u00eda antes de empujar la puerta del hospital se hicieron presentes la ma\u00f1ana del 12 de diciembre. Su nieta Natalia me habl\u00f3 a las 7 de la ma\u00f1ana para decirme que Ram\u00f3n se nos hab\u00eda ido. Mir\u00e9 por la ventana, era un d\u00eda nublado y fr\u00edo. Un gorri\u00f3n picoteaba el suelo de una azotea y a lo lejos se escuchaba la voz de alguien que cantaba. Pens\u00e9 que a Ram\u00f3n le hubiera gustado o\u00edrla y pensar que seguramente era una muchacha, una muchacha enamorada que barr\u00eda y mov\u00eda lentamente las caderas al ritmo de ese bolero dulz\u00f3n cantado con una voz desentonada que hizo que todo lo sufrido se me empozara en el alma y me pusiera a llorar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"pps-series-post-details pps-series-post-details-variant-classic pps-series-post-details-25529 pps-series-meta-excerpt\" data-series-id=\"351\"><div class=\"pps-series-meta-content\"><div class=\"pps-series-meta-text\">Esta entrada es parte 33 de 41 en la serie <a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/universo\/numero\/586\/\">586<\/a><\/div><\/div><\/div><p>Rafael Ant\u00fanez Para Isabel que tenemos que hablar de muchas cosas compa\u00f1ero del alma compa\u00f1ero. M. H. La \u00faltima vez que vi a Ram\u00f3n Rodr\u00edguez estaba en una cama de hospital conectado a un respirador y varias sondas. 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