Selvas,
recurso no renovable
Uno de los estudios más conocidos y difundidos en el mundo
en torno a la conservación de la biodiversidad es producto
de un trabajo de Gómez-Pompa, asesor científico del
CITRO, el centro de la UV que se encarga de estudiar el trópico
desde distintos frentes. En un artículo de la revista Science,
publicado en 1976, él y su equipo de trabajo demostraron
por qué, a diferencia de otros ecosistemas, las selvas no
son un recurso renovable, pues una vez que se han devastado nunca
vuelven a regenerarse.
De hecho, la de Gómez-Pompa fue una de las primeras voces
que llamaron la atención mundial hacia el problema de la
destrucción masiva de la selva tropical y que ofrecieron
soluciones a esa crítica situación. En esa época,
México y muchos otros países fomentaban el “desmonte”
con programas de gobierno para expandir las áreas ganaderas
y agrícolas.
Explicó que en las selvas templadas las semillas de los árboles
caen al suelo y se quedan ahí en estado de latencia (o “durmiendo”)
y, eventualmente, con los fuegos u otras condiciones, germinan.
Sin embargo, el estudio demostró que en las selvas tropicales
húmedas no pasa eso, pues las semillas que caen germinan
inmediatamente y crecen en plántulas. Esto implica que si
se tumban grandes extensiones ya no habrá árboles
que den semillas, y sin éstas no habrá plántulas
ni regeneración de la selva.
“Ésta fue una señal de alarma para todo el mundo,
porque los grandes desmontes se hicieron bajo la premisa de que
la regeneración se daba de manera natural”, comentó
el autor principal de la investigación, que fue desarrollada
por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
en la selva de Los Tuxtlas, Veracruz, en una estación experimental
que Gómez Pompa fundó.
El
misterio del cacao
Otro hallazgo, producto de las exploraciones de campo del biólogo
mexicano, tiene que ver con un enigma que durante años ocupó
las mentes de investigadores de México y el mundo: la presencia
del cacao en tierras mayas de Yucatán, en una zona donde
esta especie, por sus características propias, no crece.
El cacao, según explicó Gómez-Pompa, es un
árbol tropical que vive en forma silvestre en las selvas
húmedas del trópico americano (zonas donde hay lluvia
todo el año) y crece bajo la sombra de los grandes árboles
de la selva. Hay muchas especies de cacao silvestres, pero sólo
una (Teobroma cacao) es comestible.
Informó que, mientras estaban estudiando en Yucatán
los usos medicinales y alimenticios que los mayas actuales dan a
las plantas (para rastrear los usos que les daban los mayas del
pasado), encontraron en la literatura que en un tiempo hubo cacao
en la zona, lo cual resultó muy extraño, pues Yucatán
es trópico seco, es decir, presenta cinco o seis meses de
sequía fuerte durante el año.
Y es que el cacao es la planta más importante de los mayas
y los olmecas, y aún se discute cuál cultura lo domesticó,
por tanto, una planta tan importante era muy difícil que
causara este tipo de error. Durante varios años, tuvieron
que realizar largos recorridos de campo para verificar, por medio
de informantes nativos, la certeza de esta información.
Fue en un lugar llamado Cuyul donde encontraron por fin el cacao:
“Los informantes nos llevaron a un lugar, cerca de Valladolid,
donde hallamos cacao con fruto. Fue todo un descubrimiento”,
dijo. ¿Cómo se resolvió el misterio? Gracias
a esta exploración descubrieron que los mayas cultivaban
el cacao en sus cenotes sagrados, resumideros donde la humedad es
mayor que en la selva, por lo que dicha especie daba frutos.
Este descubrimiento generó numerosas preguntas, que se han
ido contestando con investigación. “Resultó
ser un cacao distinto a todos los demás, muy antiguo, remanente
de los huertos sagrados de los mayas, lo cual ha generado una serie
de controversias, pues este hallazgo cambia el rumbo de la supuesta
historia del cacao. De hecho, ahora hay una gran discusión
sobre el origen del cacao, de su domesticación, de la evolución,
y este hallazgo disparó esta investigación”.
Una
presea bien ganada
Arturo Gómez-Pompa, connotado biólogo y ecólogo
mexicano, recibió el 3 de marzo, en Florida, la Medalla “David
Fairchild” para la Exploración Botánica, un
galardón que le otorgó el Jardín Botánico
Nacional de Florida, EU, como un reconocimiento a su trabajo en
ecología tropical, conservación, restauración
y manejo de bosques tropicales, etnobotánica y estudios florísticos.
Hoy, Gómez-Pompa es asesor científico de la Universidad
Veracruzana, del Centro de Investigaciones Tropicales, y miembro
de la Junta de Gobierno de esta casa de estudios. |