Al iniciar los trabajos de este encuentro, Arturo Gómez Pompa,
asesor científico de la Universidad Veracruzana, aseguró
que los intereses económicos de las grandes industrias farmacéuticas,
que ven a la investigación médica como un negocio y
al desarrollo de nuevos medicamentos como una inversión que
sólo se amortiza con patentes, han frenado los estudios formales
en torno a las bondades de la medicina tradicional.
Frente a académicos, galenos, estudiantes y grupos de médicos
tradicionales que respondieron a la convocatoria de la UV, el investigador
informó que, según cálculos de esos grandes corporativos,
el descubrimiento de una nueva medicina requiere en promedio 231 millones
de dólares de inversión, y para que los laboratorios
la consideren rentable necesitan tener la posibilidad de patentar
sus resultados, es decir, de registrarlos como propios para que sólo
ellos puedan producirlos y, por tanto, sólo ellos puedan venderlos
y obtener de los mismos ganancias millonarias. “Por eso la investigación
médica es ahora una competencia entre las empresas farmacéuticas,
porque requieren (y obtienen) capitales que ni soñando podríamos
tener en nuestras comunidades científicas”.
De hecho, uno de los puntos centrales que destacó el universitario
tiene que ver, precisamente, con estas inversiones, pues explican
por qué la investigación científica, para corroborar
los efectos benéficos de las plantas medicinales (y de toda
la medicina tradicional), no es negocio para las grandes empresas
farmacéuticas. Y es que si tan sólo una compañía
(Eli-Lilli) invierte anualmente cerca de 3 mil millones de dólares
en investigación de nuevos productos, es claro que las medicinas
deberán tener altos costos, lo que las hace inaccesibles para
la mayoría de los países en desarrollo.
Además, esas inversiones también concentran los esfuerzos
científicos en buscar medicinas para “padecimientos del
primer mundo” que tenga un alto número de usuarios que
pueden pagar estos medicamentos. Ésta es la situación
que oscurece el potencial real de la investigación de plantas
medicinales y de la medicina tradicional.
Frente a este panorama, Gómez Pompa reconoció que la
investigación científica en torno a las bondades y la
enorme potencial de la medicina tradicional debe partir de las instituciones
y de la sociedad, pues es un tesoro que, al igual que los recursos
naturales, se debe conservar.
Dijo que México es uno de los países con mayor de diversidad
de plantas y culturas, y ha generado abundantes conocimientos sobre
el uso de plantas medicinales, lo que justifica su propuesta para
impulsar en la UV un programa de estudios sobre medicina tradicional
mexicana. “Muchos de esos conocimientos ya han sido recopilados
y publicados en libros, artículos, tesis y otros documentos.
Esta información debería ser la base para un programa
amplio de investigación científica que incluya estudios
de etnobotánica, etnomedicina, fotoquímica, farmacología
y clínica desde la universidad”. Necesario
acercar el estudio de plantas medicinales a la industria farmacéutica
El conocimiento popular sobre las plantas medicinales está
basado en la eficacia; por ello, para curar no es necesario comenzar
explicando la composición química de la planta ni
aislando su principio activo, sino que se empieza con la clínica,
demostrando el efecto medicinal que tiene el producto en el enfermo,
afiermó Xavier Lozoya Legorreta, miembro del Laboratorio
de Plantas Medicinales y Citomédicas, del Instituto Mexicano
del Seguro Social.
Dijo que el terapeuta tradicional no necesita indagar, mejorar,
ampliar ni desarrollar el conocimiento: “Ésa es una
obsesión del pensamiento científico, el cual dice
cómo se puede desarrollar ese conocimiento y cómo
transmitirlo a los demás”. Por ello, y a pesar de que
todos los mexicanos saben algo de herbolaria, no hay respeto por
la sabiduría popular. De ahí la necesidad de involucrar
el conocimiento científico como método y herramienta
para validar el popular.
No hay que olvidar que en la segunda mitad del siglo XX ya se hizo
investigación y, aunque ya se colectaron las plantas, ya
se crearon los herbarios y las colecciones, y ya se hicieron las
revistas, los estudios farmacológicos, químicos, toxicológicos
y etnobotánicos, “¿por qué no estamos
en 2006 llenos de medicamentos herbolarios procedentes de México?,
¿por qué se consumen plantas medicinales de China,
Japón, Europa?, ¿por qué nadie tiene un medicamento
de plantas medicinales mexicanas?”.
Lozoya Legorreta lamentó que haya sido la misma academia
la que ha propiciado esa situación: “En la universidad
no se utilizan las plantas medicinales hasta que sean investigadas,
hasta que se aísle su principio activo y se haga la toxicología;
mientras tanto, el resto del mundo las investiga desde 1970”.
La propuesta metodológica del investigador es que los proyectos
deben alejarse de la academia y acercarse más a la industria
farmacéutica, porque, según él, la verdad de
la investigación de las plantas medicinales es que todo está
diseñado para que cueste una vida realizarla. “O involucran
a la industria desde el primer día o el proyecto no tiene
sentido. A nosotros nos tomó 30 años incorporarla.
Apenas, en 2006, el Seguro Social está desarrollando los
primeros medicamentos con esta industria”.
En
la UV, nuevos esfuerzos para revalorar medicina tradicional
El compromiso de las áreas Biológico Agropecuaria
y de Ciencias de la Salud de la UV para formalizar en esta casa
de estudios un departamento multidisciplinario que aborde, desde
distintos ángulos, la importancia de la medicina tradicional,
pero sobre todo que genere investigación científica
al respecto, fue el saldo a favor del simposio Armonizando la medicina
tradicional e integral.
Durante la clausura, Ernesto Rodríguez Luna y Ramón
Flores Lozano, directores de dichas áreas propusieron dar
un nuevo impulso a los esfuerzos científicos que ayuden a
revalorar la medicina tradicional en Veracruz.
Desde la perspectiva médica, Flores Lozano centró
su atención en la salud humana como el objetivo final de
estos esfuerzos, y resaltó que el “divorcio”
que ha existido entre medicina moderna y tradicional tiene que ver
más con cuestiones de carácter mercantil que no caben
en el ámbito académico.
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