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Nuestra
imagen es nuestra identidad:
Álvaro Gordoa
Gina Sotelo |
En
el año de 1960 y en los albores de los debates televisivos,
iniciaba a la par la sofisticación de la metodología
comunicativa; ejemplo de esto es la presencia de un John F. Kennedy,
quien se aprovecha, de manera inteligente, del apoyo de la tecnología
televisiva, lo que le permite ganar las elecciones. Con una preparación
previa a los debates, Kennedy se entrega y transmite calma y sabiduría,
mientras que Richard Nixon plasmaba una imagen contraria, sudorosa,
mal vestida y titubeante.
Con este ejemplo inició Álvaro Gordoa, director de Comunicación
del Colegio de Consultores en Imagen
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Álvaro
Gordoa. |
Pública,
su participación en el Segundo Congreso de Relaciones Públicas,
organizado por el grupo Fusiones de la Facultad de Relaciones
Públicas y Publicidad de la Universidad Veracruzana.
Vivimos en la era de la imagen afirmó Gordoa al
hablar del poder de la imagen pública y la llamada ingeniería
en imagen: Es la percepción que se convierte en nuestra
identidad, que se produce por estímulos a los receptores, esta
percepción pasa a la mente y se convierte en una imagen primero,
en una opinión después y finalmente en nuestra identidad.
Para Álvaro Gordoa, no somos dueños de nuestra imagen,
sino que vive en la cabeza de los demás; si se repite esta
imagen con el tiempo se convertirá en nuestra reputación,
pues lo que la gente opina de nosotros depende directamente de los
estímulos que estamos enviando: En imagen pública
no hay ni bueno ni malo, hay lo que debe ser.
Según Gordoa, imagen pública es aquella percepción
compartida que produce una respuesta colectiva unificada, que se compone
de varios axiomas: es inevitable, es relativa y es dinámica.
En este punto el consultor de imagen mencionó que el 85 por
ciento de las decisiones que tomamos las hacemos por los estímulos
que percibimos a través de la vista. Añadió que
nos toma de cinco a siete segundos etiquetar a una persona
u objeto: Nunca se tiene una segunda oportunidad para causar
una primera impresión, inéditamente al ver a alguien
sin conocerlo decimos si es inteligente, tonto, adinerado, pobre y
juicios por el estilo.
De las decisiones que tomamos en la vida diaria, afirmó que
la mayoría son sentimentales: Por lo que no estamos en
tiempos de hacer fama y echarnos a dormir, sino de hacer fama y si
es buena, luchar día a día por mantenerla y si es mala,
luchar por mejorarla.
De los tipos de estímulo a los que estamos expuestos verbales,
no verbales y mixtos mencionó que la aceptación
de los mensajes depende en un 55 por ciento de lo que se percibe a
través de lo que se ve y de lo que parece ser, un 38 por ciento
dependerá del medio o canal, y un mínimo siete por ciento
recae en el mensaje.
Al final de su exposición citó que es básica
la coherencia entre lo que se es y lo que se aparenta, entre lo que
se piensa y lo que se hace. Definió a la ingeniería
de la imagen publicitaria como el conjunto de conocimientos y técnicas
que permiten aplicar el saber científico a la emisión
de los estímulos, los cuales generan o modifican la percepción
de una persona o institución. |
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