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Agosto...
Un mes con historia |
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¿Alguna
vez te has preguntado de dónde vienen los nombres de los meses
o a quién se le ocurrieron? Pues en su mayoría se los
debemos a los griegos y a los romanos quienes, como todas las culturas,
se vieron en la necesidad de crear un método para cuantificar
el tiempo y nombrarlo, dividiéndolo, como sabemos, en días,
semanas, meses, años, etcétera.
A cada una de estas divisiones temporales le fue otorgado un nombre
que se relacionaba con la historia mítica de cada cultura,
por ello los nombres se refieren a dioses y a grandes personajes,
a los que se rendía tributo de manera muy especial.
En esta ocasión, y ya que nos encontramos en agosto, te diremos
de dónde proviene el nombre de este apartado del año
y a quién se lo debemos.
Agosto proviene de la castellanización del nombre griego Augusto,
quien fue uno de los más importantes emperadores de Roma. Cuando
él accedió al poder encontró a Roma sumida en
el más absoluto caos, y |
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cuando
falleció, el Estado había sido pacificado y reorganizado.
Con esta frase podríamos resumir los más de 50 años
que este emperador pasó al frente del gobierno romano, iniciándose
en esos momentos el periodo conocido como imperio.
Augusto, quien al nacer recibió de su padre el nombre de Cayo
Octavio, fue adoptado en el año 45 a.C. por Julio César,
de quien recibe la férrea disciplina política que le
daría forma a su vida, así como una gran herencia. Al
recibir toda la herencia del César, Octavio tuvo que abrirse
paso en la complicada política romana, en la que llegó
a ser el más glorioso de los gobernantes romanos.
Luego de poner a Italia en una incansable guerra contra los republicanos
con el propósito de restablecer la autoridad estatal, Octavio
gobierna Italia y da la paz que los romanos pedían, hartos
de tanta guerra, mediante la creación de un pacto llamado Brindisi,
en el cual junto con sus aliados, Antonio y Cépido, se repartían
el mundo conocido en tres secciones: la zona occidental, la oriental
y África.
Pero dicha paz se vio alterada muy pronto con la rebelión de
Sexto Pompeyo, quien era dueño del mar y promotor del boicot
a la entrada del grano de Italia. Para solucionar este problema, Octavio
tuvo que recurrir a la ayuda de Antonio y juntos acabaron por vía
marítima con Sexto Pompeyo, invadiendo sus bases en Sicilia.
La victoria sonreiría de nuevo a Octavio y el grano volvería
a fluir en Roma de manera nunca antes vista; a este acontecimiento
debemos otro de los significados de la palabra agosto, el cual consiste
en definir a la temporada en la que se hace la recolección
de granos y la cosecha, de donde surgen frases como “tener un
buen agosto” o “hacer su agosto”.
A partir de este momento, la estrella de Octavio inicia un vertiginoso
ascenso apoyado por su política de repartición de tierras
y su importante programa de obras públicas en Roma. Octavio
derrumbó también a Cleopatra y a Antonio, haciéndose
del poder definitivo en Roma y tomando Egipto de
manos de la emperatriz, hacia el año 29 a.C.
Tras la restauración de la paz, Octavio entrega el poder al
Pueblo y Senado romanos, planteándose la retirada de la vida
política. Por eso, el 16 de enero del año 27 a.C. recibe
del Senado el nombre de Augustus, una nueva denominación oficial
que recogía la grandeza de sus actos. El nombre de Augusto
tenía buenos augurios ya que así se designaba a aquellos
lugares consagrados que habían sido elegidos por los augures.
Desde ese momento empezaba una nueva época en la que Augusto
concentraba en sus manos la autoridad, pero conservando la apariencia
de la libertad republicana.
La vida de Octavio, Augusto, tampoco estaba exenta de ajetreo; su
salud fue siempre muy frágil y sus matrimonios nunca fueron
muy dichosos; de sus tres matrimonios con ninguna de sus esposas procreó
familia propia, sólo contaba con cinco hijastros. Los últimos
años de su vida estarían determinados por la búsqueda
de un sucesor, así que Augusto no tiene más remedio
que delegar su sucesión a su hijo adoptivo Tiberio.
Durante el gobierno de Augusto, el imperio va a vivir un extraordinario
florecimiento cultural, artístico y literario, en el que conviene
destacar la fiebre arquitectónica que se vivió especialmente
en Roma, con la restauración y la edificación de un
amplio número de templos, basílicas y pórticos.
El envejecimiento acentuó el mal carácter de Augusto,
quien se volvió más suspicaz e incluso aumentó
su crueldad, al ver por todos lados complots inexistentes. Falleció
el 15 de mayo del año 14, a los 77 años. Su cadáver
fue llevado por toda Roma a hombros de los senadores para ser incinerado
en el Campo Marte. Tras su muerte vendría su divinización
por el pueblo.
Desde entonces Augusto, o agosto, es sinónimo de paz y de bonanza;
es por eso que en honor a este importantísimo personaje le
dieron nombre al octavo mes
del año. (Emma Cuéllar de la Torre)
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